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miércoles, 15 de octubre de 2014

TODOS Y TODO

TODOS Y TODO / Raúl Humberto Muñoz Aragón
Desde nacer, somos el centro del mundo, de aquello visible e invisible que en nuestro derredor hay, incluso el universo entero somos nosotros. Al nacer no tenemos límites, no existe nada que nos sea ajeno. Voces, aromas, sabores, texturas y formas que cual caleidoscopio nos desvelan poco a poco la realidad, todos ellos parte integral de nosotros.








Ése es nuestro momento de mayor libertad, a pesar de la paradoja que implica, pues es ahí donde se da también la mayor vulnerabilidad y dependencia total del existir. De los primeros estímulos que ahí recibimos dependerá en mucho nuestro desempeño futuro; es el inicio de nuestra personalidad, tan llena de la herencia genética como de experiencias y vida.
Sin límites, sin miedo; somos todos y todo; razón y motivo; centro, perímetro y volumen. En esos primeros días de nuestra vida, no sabemos dónde terminamos y dónde inicia el otro o lo otro; somos uno con el universo, y ello nos hace el centro. Este estadio se irá prolongando por varios años, esos primeros que nos enseñan a discriminar, a diferenciar, a establecer roles, a moldear estereotipos, a continuar patrones, a perder poco a poco la libertad primaria por la individualidad que nos distingue en un mundo poblado por infinitos otros, seres sin rostro y con los cuales no tenemos ni la mínima posibilidad de encuentro.
Tengo, o más bien, tenía muy claro cómo iba a iniciar la imagen de hoy, cuáles serían los derroteros por los que navegaría, qué palabras e ideas la conformarían, pero el centro de mi universo personal sigue siendo sujeto a los caprichos del azar, ese viejo caótico que no se cansa de darnos lecciones para que al final del camino podamos decir que aprendimos algo.
El inicio original era (que no tengo claro que tan válido sea citar un texto inexistente, o al menos sólo existente en mi mente… aunque recuerdo el celebérrimo Necronomicón, centro omnipresente del universo de Lovecraft, grimorio inexistente escrito por el ficticio árabe loco Abdul Alhazred)… perdón… la columna inicia así "Sin lugar a dudas el Gobierno miente; nos engaña, oculta y maquilla la información según sus intereses particulares. Cada uno de los tres poderes en que se divide está diseñado para preservarse en el poder, para mentir ad infinitum, creando mitos para endulzar la vida. Olvidando a los 16,000 desaparecidos, o a maestros que hoy ganan cientos de miles de pesos y mañana sólo son 'errores' administrativos. Que hablan del abatimiento de la pobreza, y se olvidan decirnos que dentro de los países de la OCDE somos el país con mayor pobreza y el segundo con mayor desigualdad".
Pero ese caprichoso azar -el mismo que se disfraza de amor en "Los formales y el frío" de Benedetti-, decidió de pronto otros caminos; así que no diré que los políticos mienten descaradamente, que sólo les interesa su beneficio personal, que son veletas que apuntan a donde están los recursos, y sobre todo, que su anhelo mayor es vivir a expensas del pueblo, que no tienen saciedad. No, no hablaré del cinismo con que pretenden lograr votos o de su desprecio por la gente a la que dicen representar; no, no mencionaré de las mentiras y demagogia con que envuelven sus discursos o de cómo cambian sus convicciones de acuerdo al pensamiento del "mandamás", por ignorante, torpe, mediocre o siniestro que sea.
No, no, simplemente no.
Hablaré de ese azar, el cual esta semana me dio una lección más. Ocurre que, como bien dice Serrat, esos locos bajitos a veces "joden" mucho con la pelota y pueden desesperarnos, incomodarnos o cuando menos alterar nuestro mundo armónico, lleno hasta el hartazgo de rutina y monotonía. Ellos tienen un mundo nuevo en sí, tan lleno de todo que no tienen tiempo que perder como nosotros, los viejos que hemos olvidado el arte de "joder con la pelota".
A fin de cuentas, lo que hoy quiero contar es como mi hija de dos años y medio me dio una lección más. En sus "caprichos" se afana por hacer lo que quiere independientemente de lo que los adultos deseamos, y cuando esto se da, viene el inevitable choque que deriva en el enojo de los dos, de ella y mío, entonces ella es clara y dice lo que tiene que decir, se enoja, reniega, yo por mi parte hago lo mismo y he aquí la lección, una vez que ella dice todo y se desahoga, inmediatamente "cambia de canal" y sigue con lo importante, cambia de juego, te abraza y te invita a jugar… y yo, como todo adulto tengo dos opciones, seguir con mi enojo como dictan los cánones u olvidar mis años y ponerme a jugar.
Ésa es la magia de ser el universo entero, no hay espacio para rencores; es absurdo, pues al ser todo y todos sería como estar enfadados con nosotros mismos. Es menester que seamos nuevamente todos y todo, así podríamos darnos cuenta del dolor que hay en nuestro derredor y olvidar ese arte del engaño en que se ha convertido la política.

IMÁGENES / El Siglo de Torreón / jueves 26 de jun 2014
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1010008.imagenes.html

viernes, 17 de julio de 2009

Yo te nombro

Gian Franco Pagliaro se basa en el poema Libertad de Paul Eluard (Poesía y verdad, 1942) para escribir esta extraordinaria canción.

Video tomado de http://www.youtube.com/watch?v=Lv73iQhYHgA&feature=related Interpretado por el grupo argentino Sanampay.



Por el pájaro enjaulado.

Por el pez en la pecera.
Por mi amigo, que está preso
porque ha dicho lo que piensa.
Por las flores arrancadas.
Por la hierba pisoteada.

Por los árboles podados.
Por los cuerpos torturados
yo te nombro, Libertad.

Por los dientes apretados.
Por la rabia contenida.
Por el nudo en la garganta.
Por las bocas que no cantan.
Por el beso clandestino.
Por el verso censurado.
Por el joven exilado.
Por los nombres prohibidos
yo te nombro, Liberdad.


Te nombro en nombre de todos
por tu nombre verdadero.
Te nombro y cuando oscurece,
cuando nadie me ve,
escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad.
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad.
Tu nombre verdadero,
tu nombre y otros nombres
que no nombro por temor.

Por la idea perseguida.
Por los golpes recibidos.
Por aquel que no resiste.
Por aquellos que se esconden.

Por el miedo que te tienen.
Por tus pasos que vigilan.
Por la forma en que te atacan.
Por los hijos que te matan
yo te nombro, Liberdad.

Por las tierras invadidas.
Por los pueblos conquistados.
Por la gente sometida.
Por los hombres explotados.
Por los muertos en la hoguera.
Por el justo ajusticiado.
Por el héroe asesinado.

Por los fuegos apagados
yo te nombro, Liberdad.

Te nombro en nombre de todos
por tu nombre verdadero.
Te nombro y cuando oscurece,
cuando nadie me ve,
escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad.
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciud
ad.
Tu nombre verdadero,
tu nombre y otros nombres
que no nombro por temor.
Yo te nombro, Libertad.


He aquí el poema traducido al español.

Libertad
Poesía y verdad (1942)
Paul Eluard

Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad