jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Cómo saber si un científico ha cometido un fraude?

¿Cómo saber si un científico ha cometido un fraude?
Por Ángela Bernardo el 3/11/16 a las 12:00

Cuando se manipulan datos en un estudio o se realiza un plagio, se pone en tela de juicio la integridad científica. ¿Cómo saber si se comete un fraude?

Hwang Woo-suk publicó en la revista Science una investigación asombrosa, en la que había conseguido clonar células madre embrionarias de origen humano por primera vez. Sus resultados abrían la puerta a hipotéticos tratamientos contra el alzhéimer, la diabetes o el párkinson. Pero todo era mentira. Sus conclusiones, en realidad, habían sido manipuladas. El investigador coreano, que recibió millones de dólares para continuar sus estudios, había engañado a todo el mundo. El caso de Woo-suk fue uno de los más sonados de fraude científico. Por desgracia, no ha sido el único.

El fraude científico se ha multiplicado por diez en España desde 1975

A diario, miles de investigadores en todo el mundo trabajan para generar conocimiento y desarrollar invenciones con múltiples aplicaciones en medicina, computación, energía, alimentación o agricultura, entre otros campos. Una minoría, sin embargo, optan por manipular sus datos, plagiar otros trabajos o recibir presiones externas que no garantizan su independencia. Según datos recogidos por la Fundación Rafael del Pino y el CSIC, el fraude científico se ha incrementado diez veces desde 1975, poniendo en riesgo el progreso de la investigación.

Fraude, minoritario pero dañino

Pero, ¿cómo se puede definir el fraude? Según Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad. Si engañamos ya no hay vuelta atrás. No existe remedio. Podrás ser lo que quieras el resto de tu vida, pero ya nunca más científico. Los atajos se pagan muy caros en esta profesión". Las sospechas sobre posibles casos de fraude o conductas poco éticas han saltado en casos como el de Susana González, despedida del CNIO, o Manel Esteller, que supuestamente hizo la vista gorda con una posible manipulación de resultados por parte una doctoranda suya.

Según Lluís Montoliu, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad"

La mala praxis científica no sólo afecta a la comunidad investigadora, sino que también puede perjudicar directamente a la sociedad. La publicidad de productos como Reticare, que usa el reclamo de la Universidad Complutense de Madrid para valorar un filtro que no cuenta con evidencia suficiente para proteger de una hipotética luz dañina de las pantallas, o las intervenciones del cirujano Paolo Macchiarini ponen en tela de juicio la integridad de los científicos. ¿Hay alguna forma de poner fin a estos escándalos, que sacuden el desarrollo normal de la actividad investigadora?

Con el fin de dar respuesta a estas preguntas, el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona ha publicado la Declaración sobre integridad científica en investigación e innovación responsable. En el informe, se plantea que, en el ámbito concreto de la investigación científica, la integridad se relaciona con los principios de honestidad (en el compromiso con la verdad), de independencia (en la preservación de la libertad de acción en relación con presiones exteriores a la profesión) y de imparcialidad (en la neutralidad de la práctica profesional en relación con intereses particulares, ajenos a la investigación).

Desde el año 2010, numerosas instituciones han elaborado propuestas específicas para promover y garantizar la integridad científica. Así, la Declaración de Singapur sobre Integridad en Investigación (2010), el Código de Conducta para la Integridad en Investigación de la Fundación para la Ciencia Europea / Academias Europeas ALLEA (2010) o la Declaración de Montreal sobre Integridad en Investigación (2013) han sentado las bases para combatir el fraude científico y las conductas poco éticas en I+D. Según el informe presentado por la Universidad de Barcelona, el fraude se relacionaría únicamente con la fabricación de datos a través de resultados inventados, la falsificación mediante la manipulación de los estudios o de las conclusiones y el plagio a partir de la apropiación del trabajo intelectual de terceras personas a las que no se reconoce su autoría original.

El fraude y las prácticas cuestionables no sólo afectan a la comunidad investigadora, sino que perjudican a la ciudadanía al generar desconfianza y pérdida de credibilidad

Las prácticas cuestionables, por el contrario, abarcarían la práctica de investigación censurable, la conducta censurable relativa a datos, a publicaciones y de tipo personal o la conducta financiera, entre otras. El Observatorio de Bioética y Derecho sostiene que es difícil distinguir un fraude de una praxis poco ética, aunque estos fenómenos no sean tan novedosos como podrían parecer. Dentro de los factores que propician estas conductas, el documento recoge que hay parámetros de carácter individual (como la tendencia a la vanidad o el ansia de lograr reputación), factores organizativos (como inadecuada comunicación, falta de formación o carencia de políticas sólidas y equitativas) o razones estructurales (la presión por publicar, la lógica empresarial o los índices de citación pueden afectar negativamente a la I+D).

El gran problema del fraude y de las prácticas cuestionables es que no sólo dañan la imagen de la comunidad científica, frenan posibles avances y causan una pérdida de tiempo y dinero importante. Según el Observatorio de Bioética y Derecho, "las malas prácticas científicas no son un crimen sin víctimas e impactan negativamente en investigadores, participantes en investigación, instituciones, áreas de investigación, en la financiación disponible y, consecuentemente, en el conjunto de la sociedad". Uno de los casos más claros de estas malas conductas fue reflejado en el proyecto Hearing Voices, donde el periodista Michele Catanzaro impulsó una investigación para denunciar el uso de prácticas pseudocientíficas en la resolución de diversos casos judiciales. La declaración publicada ahora reclama la puesta en marcha de medidas para combatir el fraude y las prácticas éticamente cuestionables, especialmente por el daño que provocan en la sociedad:

Las malas prácticas científicas provocan unos efectos muy negativos en la ciudadanía: desconfianza, falta de interés por los procesos de creación del conocimiento y su transferencia a la sociedad. La excesiva normalidad con la que se asumen los desajustes entre teoría y práctica en integridad científica perjudica seriamente la imagen de la ciencia, debilitando la credibilidad y el rigor que la deben caracterizar.

La tormenta solar que rompió el escudo protector de la Tierra

La tormenta solar que rompió el escudo protector de la Tierra
Por Santiago Campillo el 3/11/16 a las 12:55

El telescopio y detector de rayos cósmicos, GRAPES-3, acaba de publicar los resultados de la tormenta de junio de 2015 que nos dejó sin escudo magnético durante dos horas. Así ocurrió.

El 20 de junio de 2015 una gigantesca nube de plasma surgió de la corona solar en dirección a la Tierra. Cincuenta y dos horas después, el 22 de junio, el enjambre de partículas, viajando a dos millones y medio de kilómetros por hora chocó contra nuestro escudo protector, la magnetosfera terrestre. La comprimió tanto y tan violentamente que consiguió "romperla" durante un tiempo, creando una tormenta geomagnética cuyas consecuencias se vivieron en las latitudes más al norte. Hoy, tras muchos datos analizados, el telescopio de muones, GRAPES-3, nos cuenta qué ocurrió.

Romper el escudo terrestre

No es la primera vez que ocurre, por supuesto. La Tierra, por suerte para nosotros, está protegida de la letal acción de los rayos cósmicos gracias a un escudo conocido como magnetosfera. Todos los planetas de nuestro sistema con campo magnético poseen una magnetosfera. Algunos, como el de Marte, son demasiado débiles para proteger del viento solar. Lo que ocurre es que las partículas de viento solar son capturadas y desviadas gracias a la acción del campo. En las tormentas geomagnéticas, la presión que generan estas partículas, que empujan contra el escudo protector, es tal que terminan por desestabilizar temporalmente. Literalmente lo "rompen". Pero solo durante un tiempo, por supuesto.

Como decíamos, esto ocurre de vez en cuando, causando las llamadas "tormentas solares", que hacen referencia al evento ocurrido en la superficie de nuestra estrella madre. Las consecuencias de dichas tormentas son muy variadas y, a veces, poco entendidas. Una de las principales manifestaciones son las auroras boreales, que se producen como consecuencia del viento solar en nuestra atmósfera. Estas ocurren con mayor intensidad durante una tormenta geomagnética porque nuestro escudo no está ahí para repelerlas con tanta facilidad.

Existe la posibilidad de que las partículas procedentes del Sol sean capaces de dañar satélites o instrumental electrónico

Otras consecuencias son la pérdida de señales de radio (con la catástrofe en comunicaciones que esto conlleva) que pueden ocurrir. Aunque está menos estudiado, existe también la posibilidad de que las partículas procedentes del Sol sean capaces de dañar satélites, instrumental electrónico o, incluso, a los seres vivos. Por el momento los daños han sido mínimos. Aunque no es la primera vez que oímos hablar de una "tormenta solar perfecta" y epítetos parecidos que indican la supuesta violencia de dicho fenómeno.

GRAPES-3 y la nube de muones

En una boscosa ladera de Ooty, India, más de un centenar de estructuras de apenas medio metro, como si de enormes setas de metal se tratasen, salpican la hierba verde. Pero nadie diría que bajo tierra lo que se esconde es uno de los detectores más potentes del mundo a la hora de "cazar" rayos cósmicos. El GRAPES-3, con su detector de partículas ionizadas en cascada, así como su complejo de antenas especialmente preparadas para captar a los muones, es capaz de analizar lo que otros no pueden. Su finalidad es descubrir más sobre la naturaleza nuclear de los rayos cósmicos, los rayos de alta energía y la modulación de la actividad solar. Entre sus objetivos de estudio se encuentran entender los efectos solares sobre la Tierra. En un reciente estudio, el GRAPES-3 analizaba los datos de junio de 2015, cuando una tormenta solar deformó el escudo protector de la Tierra.

La enorme nube de plasma procedente del Sol llegó a la tierra a una velocidad de vértigo. Su tamaño y su intensidad provocaron la compresión de la magnetosfera, que no lo pudo soportar y se "rompió", en parte, temporalmente. Esto permitió la entrada de las partículas solares en nuestra atmósfera, provocando, como decíamos, auroras boreales más numerosas e intensas, así como pérdidas totales de señal de radio en muchos puntos del norte de nuestro pequeño planeta. En ese momento fue cuando GRAPES-3 detectó la señal tormenta y pudo recoger los datos. Los físicos a cargo del proyecto han pasado un año entero analizando y simulando para deducir las implicaciones que esto puede tener.

La tormenta duró aproximadamente unas dos horas y en un rango de 20 Gigaelectronvoltios

La tormenta duró aproximadamente unas dos horas y en un rango de 20 Gigaelectronvoltios. Por suerte, además de las inconveniencias causadas en las comunicaciones, no se detectó ningún tipo de problema más grave. Y es que los expertos, como decíamos, no saben qué pueden esperar de una tormenta solar lo suficientemente fuerte. De hecho, las expectativas son bastante agoreras. Desde el malfuncionamiento de todo tipo de sistemas electrónicos y la pérdida de satélites hasta un bloqueo total de todos los aparatos eléctricos. Por ahora esto más parece un argumento de ciencia ficción que una realidad. Pero, por si acaso, los científicos del GRAPES-3 siguen investigando para entender mejor la naturaleza de los rayos cósmicos. Y poner así una solución antes de que llegue el problema.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Carlos Zahumenszky

La ciencia y la religión no suelen ir de la mano, pero pocos estudios se han atrevido a decir que la primera interfiere en el correcto funcionamiento de la segunda. Eso es lo que afirman precisamente desde la Universidad de Helsinki, que las personas religiosas entienden peor el mundo.

La revista Applied Cognitive Psychology acaba de publicar un estudio realizado en Finlandia sobre 258 voluntarios a los que se les ha preguntado sobre us creencias. El estudio concluye que creer en dios distorsiona la manera en la entendemos el mundo real y hace a los creyentes más propensos a dar por buenos conceptos científicamente incorrectos como “las piedras sienten el frío” o “la tierra tiene sed”.

No se trata solo de una cuestión religiosa. Creer en fenómenos paranormales como el tarot, la videncia o la telepatía también genera el mismo efecto que los investigadores explican como la inclinación de atribuir cualidades psicológicas a fenómenos físicos o químicos del mundo real. Este mismo mecanismo de personificación está presente en los niños y en las sociedades primitivas. Según Marjaana Lindeman y Annika Svedholm-Häkkinen:

Cuanto mayores son las creencias religiosas o en fenómenos paranormales, menores son sus habilidades intuitivas sobre física, o mecánica, y su comprensión sobre fenómenos físicos o biológicos.

¿Hay alguna nota positiva para los que gustan de creer en lo paranormal?

Sí, según las autoras, las personas con este tipo de creencias viven más felices y dan más muestras de altruismo que los no creyentes. Por supuesto, hay premios Nobel de física como Joseph H. Taylor que se salen bastante de estas conclusiones. Cuando subió a recoger el premio en 1993. Taylor dijo:

Un descubrimiento científico siempre tiene algo de descubrimiento religioso. Para mi no hay conflicto entre ciencia y religión. Nuestro conocimiento sobre dios con cada pequeño descubrimiento que hacemos sobre el mundo.

Al final todo depende más de las creencias que decidamos dar por buenas porque nos sentimos más cómodos con ellas, y de nuestra capacidad para aceptar que son falsas o científicamente incorrectas. Somos tanto lo que sabemos como lo que decidimos ignorar. [Bristish Psychological Society vía The Independent]

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lunes, 24 de octubre de 2016

La hipótesis innecesaria de Dios, según Laplace

La hipótesis innecesaria de Dios, según Laplace

SERGIO PARRA
24 de octubre de 2016

Hay anécdota atribuida a Pierre-Simon Laplace, un matemático que defendió el determinismo fuerte, que publicó los dos primeros de su Mécanique céleste inspirándose en la obra de Newton, proporcionando herramientas matemáticas para determinar los movimientos y posiciones de todos los cuerpos del sistema solar, en cualquier época, pasada, presente o futura.

Es decir, que según Laplace, todas las cosas eran consecuencia de otras, como en un enorme mesa de billar. Tal vez no dispusiéramos de suficiente potencia de cálculo para determinar el movimiento y posición de todas las bolas, pero éstas debían de estar necesariamente regidas por leyes fijas e inmutables. Ante lo cual, para Laplace, Dios era una hipótesis innecesaria o redundante.

La hipótesis de Dios

Hay personas que han consagrado sus vidas a demostrar la existencia de un Creador (en el mejor de los casos) o de un determinado Creador (en el peor: son personas, estas últimas, que defienden la creencia en Mahona, por ejemplo, pero no creen en Zeus).

Centrémonos en la primera clase de personas.

No sabemos por qué se creó en Universo, o si existe alguna voluntad tras ese hecho (a decir verdad, es posible que tal pregunta, muy unida a la forma que tiene nuestro cerebro de procesar los hechos, mediante causas y efectos, ni siquiera tenga sentido). Los creyentes aducen, entonces, que es posible que el Universo haya sido creado por alguien, y ese alguien es Dios.

Sin embargo, no sabemos nada de ese Dios. De hecho, ignoramos tanto todo lo relativo a ese Dios como ignoramos cómo se creó el universo, qué hubo antes, de dónde venimos exactamente. Es decir, que los creyentes introducen una hipótesis que no explica realmente nada, si acaso añade un misterio más al propio misterio. ¿Quién creó a Dios?, podríamos preguntar entonces. Y la respuesta sería tan vaga como lo que podemos responder a quién creó el Universo. ¿Él mismo, se autocreó? También esa respuesta sirve para el Unvierso. ¿Siempre existió? Lo mismo. Etcétera.

Llegados a este punto, pues, podríamos ser creyentes más profundos que los propios creyentes, personas que sostendríamos la hipótesis de que detrás de Dios existe un super Dios. Y sostendríamos tal hipótesis tal alegremente, y encima quizá reclamaríamos respeto ante tal afirmación. Los que creyeran en Dios y no en el super Dios serían personas, en consecuencia, más faltas de fe que nosotros, más cuadriculadas, demasiado científicas, demasiado apegados a lo empírico.

La verdad, sin embargo, es que la gente se lleva muy mal con la incertidumbre y con el “no lo sé”, así que es capaz de construir hipótesis tan endebles como “la respuesta a esta pregunta es el elemento que responde a la pregunta”.

Laplace y Napoleón

Como hemos dicho, para el matemático Laplace, Dios era una hipótesis innecesarias, una redundancia lógica. Antiguamente, cuando no sabíamos el origen de los rayos, también se repondía "dios". Y lo mismo frente a otros muchos fenómenos naturales. Llenar las lagunas de ignorancia con ese concepto, pues, es una actividad que puede perdurar para siempre, pues siempre habrá lagunas de ignorancia.

Por ello, en una ocasión, cuando Laplace regaló un ejemplar de su obra a Napoleón, entre ellos se produjo entonces una pequeña discusión que es descrita así por W. W. Rouse en A Short Account of the History of Mathematics:

Alguien le había dicho a Napoleón que el libro no hacía ninguna mención al nombre de Dios; Napoleón, a quien le encantaba plantear preguntas embarazosas, lo recibió con la siguiente observación: “M. Laplace, me dicen que habéis escrito este gran libro sobre el sistema del universo y que nunca habéis mencionado a su Creador”. Laplace, que aunque era uno de los políticos más flexibles, era tan inflexible como un mártir en lo que concernía a todos los aspectos de su filosofía, se levantó y contestó bruscamente: “No tenía tal necesidad de tal hipótesis.

Naturalmente, también habrá personas que aducirán, entonces, que ellos tienen fe, o que han sentido, visto o escuchado a Dios. Lo cual es aún más endeble, porque no nos podemos fiar ni de nosotros mismos (sobre todo en asuntos extraordinarios).

jueves, 29 de septiembre de 2016

Los libros más difíciles de leer y que casi nadie termina

Los libros más difíciles de leer y que casi nadie termina

Por Victoria Pérez el 29/09/16 a las 13:10

No necesariamente por su longitud, estos son los libros más difíciles de leer.

Si lees asiduamente habrás notado que hay una gran diferencia entre un libro que es largo y un libro difícil. A veces comenzamos a leer una obra corta pensando que por esto será fácil y no llegamos a terminarla porque nos resultó aburrida, no era lo que esperábamos, tiene una prosa árida o es demasiado compleja. Otras veces insistimos para evitar esa mezcla de culpa y sensación de negligencia que cae sobre ti cuando te rindes. Sin embargo, da igual que ese libro a penas llegase a las doscientas páginas y seamos lectores de ochocientas para arriba, hay algunos imposibles de terminar e insistir sólo prolonga la tortura.

En palabras del novelista británico Nick Hornby, no es bueno leer libros que no te gustan porque «cada vez que seguimos leyendo sin ganas reforzamos la idea de que leer es una obligación y ver la tele es un placer». También está Kingsley Amis quien dice que «la vida es demasiado corta para leer libros malos». Hoy recopilamos tres de los libros que tienen fama de ser los más difíciles de leer, veamos si estás de acuerdo.

Ulises, de James Joyce

En casi todas las listas de las obras literarias más abandonadas, pero también entre los clásicos que puedes llegar a amar, está Ulises. Lo cierto es que cuando James Joyce terminó de escribir su libro, manifestó estar tan exhausto que no escribió una línea más en todo un año y eso es mucho decir.
Según el estudioso Harry Levin, las claves para la comprensión de esta novela son su simbolismo épico, basado en La Odisea de Homero, y también su atmósfera naturalista, fiel reflejo de la ciudad de Dublín.

Umberto Eco directamente opinaba que «Ulysses es el libro en el que se procede a la destrucción del mundo».

Según servidora, reconozco que se necesita una siesta después cada cuarenta páginas de Ulises y es de los pocos libros en los que recomiendo leer también los resúmenes y reseñas de algún estudioso para comprender lo que está pasando en la lectura. Narra un sólo día de la vida del protagonista pero hay tantos simbolismos y paralelismos retóricos que se hace imposible no perderse. A mi no me parece imposible de terminar, pero la verdad, casi.

Finnegans Wake, de James Joyce

Sí, otro de James Joyce. Este autor en general es especialmente complicado. Este libro concretamente, tiene el segundo puesto en la lista de los más difíciles de Goodreads, la red social sobre libros, justo debajo de Ulises. La crítica está totalmente polarizada, hay quien lo ve como una broma de mal gusto y otros como una novela de la más alta calidad artística. Yo en lo que no estoy de acuerdo es que esta se encuentre por debajo de Ulises en dificultad y no al revés porque el primero lo pude terminar y este no.

Claramente es una novela experimental, tardó diecisiete años en escribirla, pero fue en gran parte en un lenguaje inventado, fruto de la mezcla de unidades léxicas inglesas con neologismos y otros elementos lingüísticos que hacen sumamente difícil comprenderlo, incluso para un nativo. A causa de esto mismo, también se decía que era intraducible, por lo cual era obligatorio leerla en su versión original y yo misma desistí. Sin embargo, la editorial independiente El Cuenco de Plata publicó este año en Argentina la primera versión íntegra en castellano de la novela. Y quizás ahora pueda servidora intentarlo de nuevo.

De todas formas, la verdad es esta: sólo ha existido una persona capaz de entender en su totalidad el Finnegans Wake, se llamaba James Joyce y después de él no habrá otra persona.

El arco iris de la gravedad – Thomas Pynchon

Novela compleja y larga (más de mil páginas en hispano), con muchísmos personajes que aparecen y desaparecen. Se ambienta en Europa a finales de la Segunda Guerra Mundial y se centra en el diseño, la producción y el lanzamiento del cohete V-2 por el ejército alemán.

Según El Time, está entre las cien mejores novelas de la historia y según el New York Times es una de las más largas, difíciles y ambiciosas novelas que se han escrito. Fue rechazada por el jurado del Premio Pulitzer por considerarla obscena, pero ganó el National Book Award después. Muchos consideran a su autor candidato para el Nobel, pero no se lo han dado.

El arco iris de la gravedad yo recomiendo leerla con un ordenador al lado, es el libro que más alusiones tiene por página que haya visto jamás, es imposible no tener que buscar cosas. También hay que aceptar que uno no lo va a entender todo y disfrutar los chistes (Pynchon incluye mucho humor irónico) porque no creo posible seguir todas las historias secundarias a la perfección la primera vez y en realidad sólo comprender en profundidad la trama principal ya es para estar orgulloso.

A la prosa de Pynchon la han catalogado de todo: paranoica, histérica, densa... Aunque no se le ha negado la trascendental importancia que tiene y ha aparecido hasta en Los Simpson; con una bolsa con un signo de interrogación permanentemente en la cabeza haciendo alusión a su aversión a la publicidad porque nunca ha hecho biografía ni concedió entrevistas. Tiene página de la Wikipedia pero ni siquiera ahí tiene foto en ninguno de los 57 lenguajes disponibles (sólo se conocen media docena de imágenes suyas y en su mayoría son de estudiante o recluta en la marina).

Los libros no son trofeos

Para terminar, hay que tener en cuanta que ciertos textos requieren de sus lectores más habilidad que la de descifrar los símbolos sobre el papel. Simplemente son difíciles, no malos. Ningún escritor de nivel como los tres anteriores llega a donde está sin haber leído mucho y bien y escribir mucho y muy bien. El problema, por tanto, no lo tienen las obras, sino que muchos lectores adultos son aún lectores juveniles en el sentido de que detienen su curiosidad en el momento que el texto presenta dificultades de interpretación o los intentan leer por el mero hecho de añadir un trofeo difícil a su colección. Hay escritos para entretener, para emocionarse, para aprender y para ponerse a prueba, entre otros. Estos tres libros entran en esta última categoría pero ninguna de las tres obras se leen a la fuerza, están hechas para tratar de disfrutarlas y si no vas a tratar de disfrutarlas, es mejor que no las leas.

sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Hay una quinta fuerza de la naturaleza?

¿Hay una quinta fuerza de la naturaleza?

Una señal de un experimento de física húngaro apunta a la posibilidad de que exista una fuerza de la naturaleza más allá de las cuatro que se conocen hasta ahora

DANIEL MEDIAVILLA
16 SEP 2016 - 05:55 CEST

Todos, aunque no tengamos ni idea de física, hemos experimentado los efectos de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. La gravedad nos pega al suelo, la interacción nuclear fuerte se rompe a base de bombardeos con neutrones para producir energía en las centrales atómicas, la radiación electromagnética que generan el Sol o las bombillas nos ilumina y la interacción nuclear débil, quizá la más esotérica, produce nuevos elementos y permite, por ejemplo, la datación por carbono 14.

Con estos antecedentes, cuando desde principios de este año comenzó a hablarse del posible descubrimiento de una quinta fuerza, muchos trataron de imaginar un fenómeno parecido que se nos hubiese podido escapar. Sin embargo, aún queda mucho para poder confirmar el hallazgo y los efectos de esa quinta fuerza no serían tan evidentes como los de las cuatro anteriores.

Varios experimentos en todo el mundo podrían confirmar o descartar la existencia de esta quinta fuerza

Si al final tiene éxito y no queda aplastada por nuevos datos que la refuten, la historia de esta revolución comenzará a contarse en Hungría. Allí, en el Instituto para la Investigación Nuclear de la Academia Húngara de ciencias en Debrecen, Attila Krasznahorkay y su equipo observaron un fenómeno extraño en un experimento diseñado para buscar “fotones oscuros”, un tipo de partículas que ayudarían a entender qué es la materia oscura. En su búsqueda, disparaban protones a unas dianas de litio, generando núcleos de berilio 8, un elemento inestable que, por efecto de la fuerza nuclear débil, se desintegraba produciendo electrones y positrones.

Buscando entre las partículas producidas en esos choques, encontraron una anomalía que solo eran capaces de explicar si existiese una partícula aún desconocida. Se trataría de un bosón ligero, solo 34 veces más pesado que un electrón, algo que permitiría su detección sin una máquina descomunal como el LHC, necesaria para generar bosones pesados como el higgs. Eso haría asequible para muchos grupos del mundo el estudio de ese rango energético en busca de la nueva partícula, pero también plantea la cuestión de por qué no se ha encontrado antes.

El trabajo húngaro ganó relevancia internacional cuando un grupo de físicos teóricos de la Universidad de California en Irvine liderado por Jonathan Feng tomó sus datos y trató de explicar su significado en un reciente artículo publicado en la revista Physical Review Letters. Según ellos, no se trataría de un fotón oscuro, sino de un bosón. El motivo por el que no se habría encontrado hasta ahora, pese a que hay aceleradores capaces de generar partículas de esa masa desde los años cincuenta, es que no interactuaría con protones, y solo se relacionaría con electrones y fotones de una forma débil. Ahora que otros grupos saben dónde buscar, podrán dedicar sus experimentos a la búsqueda de nuevos datos que confirmen o descarten la existencia del bosón X.

La nueva partícula podría servir para elaborar una teoría unificada que explicase todas las fuerzas conocidas

“Con los experimentos que hay en marcha y los que están a punto de arrancar, se podrá comprobar en uno o dos años si esa partícula existe”, señala Eduard Massó, catedrático de Física Teórica en la Universidad Autónoma de Barcelona. No obstante, Massó recuerda que la experiencia muestra que a veces hay señales de física exótica que al final son efectos de los propios experimentos que no se han interpretado bien. Sobre la posibilidad real de que la señal observada por el equipo húngaro se confirme como el indicio de esa nueva fuerza de la naturaleza, otro físico responde con humor: “Hay rumores sobre la existencia de un templo oculto en las profundidades del Himalaya, dedicado únicamente a servir de mausoleo a las quintas fuerzas difuntas”.

El escepticismo sobre los resultados del grupo húngaro se alimenta además por dos anuncios previos que acabaron en nada. Según contaba a la revista Quanta el investigador de la Universidad del Estado de Míchigan (EE. UU.) Oscar Naviliat Cuncic, en 2008 afirmaron haber descubierto un bosón de 12 megaelectronvoltios y en 2012 otro de 13,5. Ambos hallazgos desaparecieron cuando se obtuvieron nuevos datos con mejores detectores.

Lo que pasaría si se encuentra

A la espera de que la comunidad científica averigüe si el bosón X es o no una realidad, Massó adelanta qué significaría esa quinta fuerza que, en principio, no tendría una influencia tan evidente en nuestra vida como las cuatro que conocemos hasta ahora. “En el nivel más entusiasta, encontrar esta partícula que se acopla de una forma tan precisa y tan especial a las otras partículas, supondría una revolución. Sería la punta del iceberg de una nueva física, porque existe la posibilidad de que la materia oscura tenga interacciones más allá de las gravitacionales, que no nos dan mucha información sobre esas partículas”, indica. “Muchos experimentos para buscar la materia oscura no han dado los resultados esperados y es posible que sea algo muy diferente de lo que se había supuesto. Es posible que sean partículas de lo que a veces se llama un mundo shadow [de sombra] que contactaría con el nuestro a través de unas interacciones mediadas por esa quinta fuerza, que sería como un puente entre nuestro mundo y el de la materia oscura”, plantea.

En un segundo escenario, es posible que “esta quinta fuerza no tenga consecuencias para nuestra vida”, apunta Massó. Sin embargo, podría servir para acercarse a una teoría que unifique las cuatro grandes fuerzas, algo a lo que Einstein dedicó los últimos años de su vida. Aunque en los años sesenta se vio que a altas energías las fuerzas electromagnética y nuclear débil se podrían explicar como una sola, los esfuerzos para hacer lo mismo con el resto no han tenido éxito. Quizá este nuevo bosón podría servir para lograr lo que no consiguió el descubridor de la Relatividad.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Bienvenidos al Antropoceno: “Ya hemos cambiado el ciclo natural de la Tierra”

Bienvenidos al Antropoceno: “Ya hemos cambiado el ciclo natural de la Tierra”

Un grupo científico acaba de confirmar que estamos en una nueva época geológica

JAVIER SALAS

9 SEP 2016 - 02:56 CDT
Antropoceno
Los isótopos radiactivos depositados en todo el globo tras los ensayos con armas nucleares marcan la entrada en el Antropoceno.
Si usted nació antes de 1950, puede que ahora se vaya a sentir algo más mayor: ha vivido en dos épocas geológicas distintas. La Tierra ha entrado en una nueva página del calendario geológico, el Antropoceno. Y una de las pruebas de que el mundo ha cambiado para siempre está en la Ría de Bilbao, en una franja de siete metros de sedimentos acumulados por la industrialización. El grupo de científicos encargados de tomar esta decisión acaba de votar que ya hemos superado el Holoceno. La huella de la actividad humana quedará para siempre grabada en todo el planeta como una línea bien identificable en los estratos que se verán dentro de miles o millones de años en cuevas y acantilados, una referencia permanente para los científicos del futuro.

Un grupo designado de especialistas ha decidido que el Antropoceno comienza en 1950 con los residuos radiactivos de las bombas atómicas

"Ya hemos cambiado la Tierra: el Antropoceno es el momento en que los humanos conseguimos cambiar el ciclo vital del planeta, cuando los humanos sacamos al planeta de su variabilidad natural", explica Alejandro Cearreta, el único científico español que formaba parte del equipo de alto nivel que tenía como misión determinar si de verdad vivimos ya en un momento geológico distinto, en una capa de crema bien definida en el milhojas de los estratos terrestres.

Este grupo de 35 especialistas, tras siete años de trabajos, realizó varias votaciones hasta decidir que el Antropoceno es ya una nueva época geológica dentro del periodo Cuaternario (el Jurásico, por ejemplo, es otro periodo geológico dividido en distintas épocas). También votaron que la marca que determina ese cambio son los residuos radiactivos del plutonio, tras los numerosos ensayos con bombas atómicas realizados a mediados del siglo XX. Y por eso la fecha que eligieron como línea de entrada en el Antropoceno es 1950. "Aunque 1952 sería más concreto, porque es cuando todos los isótopos radiactivos provocados por esas bombas se asentaron en todo el planeta", matiza Cearreta, profesor de la Universidad del País Vasco.

En la playa cementada de Tunelboca puede verse con claridad un estrato de siete metros de sedimentos, restos de escorias vertidas por los altos hornos entre 1902 y 1995.ampliar foto
En la playa cementada de Tunelboca puede verse con claridad un estrato de siete metros de sedimentos, restos de escorias vertidas por los altos hornos entre 1902 y 1995. ALEJANDRO CEARRETA
Para entrar en un momento geológico distinto, explica el geólogo vasco, tiene que haber una señal inequívoca "global y sincrónica" del cambio planetario. Por eso, aunque inicialmente se propuso 1800 como fecha de inicio del Antropoceno, con la Revolución Industrial, se ha descartado porque su huella no llega por igual y al mismo tiempo a todo el globo.

Pero lo importante para determinar un cambio geológico no es que los humanos hayamos dejado huella. Esa muesca humana ya se nota desde hace miles de años. La clave es que se trata de un cambio de ciclo en el comportamiento del planeta entero, provocado por los humanos y sus plásticos, sus emisiones de gases, los desechos de sus industrias, la alteración de ecosistemas, la desaparición masiva de biodiversidad, la acidificación de los mares... "Muchos de estos cambios son geológicamente de larga duración, y algunos son irreversibles", asegura el grupo en su resolución. No es un juicio político, como se le ha reprochado a este grupo: "Es un hecho científico, se está acumulando un registro geológico. La evidencia del Antropoceno va a durar para siempre", zanja Cearreta.

Y eso es al margen de que sea un concepto científico con repercusiones políticas, como también sucede con el cambio climático, explica este científico, que sí opina que la llegada del Antropoceno es una prueba de "nuestro fracaso como sociedad". "¿Es bueno o es malo que se extinguieran los dinosaurios? No entramos a juzgarlo, pero ahora se ha producido un cambio claro en el Sistema Tierra", asegura este científico, que reconoce que vivieron una presión extraordinaria para su campo durante la votación, en el Congreso Internacional de Geología celebrado en Sudáfrica: "Nos desborda un poco, no estamos acostumbrados a generar este interés".

"¿Es bueno o malo que se extinguieran los dinosaurios? No juzgamos, se ha producido un cambio claro en el Sistema Tierra", asegura
En cualquier caso, la decisión del grupo de especialistas todavía no aparecerá en los libros de texto, ya que aún la tienen que ratificar formalmente en los próximos años varios organismos. Cearreta bromea reconociendo que las decisiones en su campo se toman a ritmos geológicos: hasta 2009 no se delimitó formalmente el Cuaternario, que arrancó hace dos millones y medio de años. Y todavía falta identificar lo que llaman el clavo dorado, un lugar, una señal en la tierra que sirva de lugar de referencia para señalar el comienzo de ese nuevo capítulo de la geología para todo el mundo.

Cearreta propone una franja de siete metros que se puede ver claramente en la playa de Tunelboca, en la Ría de Bilbao, donde se fueron acumulando sedimentos durante un siglo de escorias vertidas por los altos hornos. "El oleaje y las corrientes marinas los han ido transportando y acumulando desde los años 1940 como una playa cementada al pie de los acantilados de Getxo", indica el geólogo, que reconoce que habrá politiqueo en la elección de ese referente mundial de la entrada de la humanidad en una nueva era. Será en unos años; para los geólogos no hay prisa: "Somos lentos para actuar, nuestra unidad de tiempo es el millón de años".

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