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jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Cómo saber si un científico ha cometido un fraude?

¿Cómo saber si un científico ha cometido un fraude?
Por Ángela Bernardo el 3/11/16 a las 12:00

Cuando se manipulan datos en un estudio o se realiza un plagio, se pone en tela de juicio la integridad científica. ¿Cómo saber si se comete un fraude?

Hwang Woo-suk publicó en la revista Science una investigación asombrosa, en la que había conseguido clonar células madre embrionarias de origen humano por primera vez. Sus resultados abrían la puerta a hipotéticos tratamientos contra el alzhéimer, la diabetes o el párkinson. Pero todo era mentira. Sus conclusiones, en realidad, habían sido manipuladas. El investigador coreano, que recibió millones de dólares para continuar sus estudios, había engañado a todo el mundo. El caso de Woo-suk fue uno de los más sonados de fraude científico. Por desgracia, no ha sido el único.

El fraude científico se ha multiplicado por diez en España desde 1975

A diario, miles de investigadores en todo el mundo trabajan para generar conocimiento y desarrollar invenciones con múltiples aplicaciones en medicina, computación, energía, alimentación o agricultura, entre otros campos. Una minoría, sin embargo, optan por manipular sus datos, plagiar otros trabajos o recibir presiones externas que no garantizan su independencia. Según datos recogidos por la Fundación Rafael del Pino y el CSIC, el fraude científico se ha incrementado diez veces desde 1975, poniendo en riesgo el progreso de la investigación.

Fraude, minoritario pero dañino

Pero, ¿cómo se puede definir el fraude? Según Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad. Si engañamos ya no hay vuelta atrás. No existe remedio. Podrás ser lo que quieras el resto de tu vida, pero ya nunca más científico. Los atajos se pagan muy caros en esta profesión". Las sospechas sobre posibles casos de fraude o conductas poco éticas han saltado en casos como el de Susana González, despedida del CNIO, o Manel Esteller, que supuestamente hizo la vista gorda con una posible manipulación de resultados por parte una doctoranda suya.

Según Lluís Montoliu, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad"

La mala praxis científica no sólo afecta a la comunidad investigadora, sino que también puede perjudicar directamente a la sociedad. La publicidad de productos como Reticare, que usa el reclamo de la Universidad Complutense de Madrid para valorar un filtro que no cuenta con evidencia suficiente para proteger de una hipotética luz dañina de las pantallas, o las intervenciones del cirujano Paolo Macchiarini ponen en tela de juicio la integridad de los científicos. ¿Hay alguna forma de poner fin a estos escándalos, que sacuden el desarrollo normal de la actividad investigadora?

Con el fin de dar respuesta a estas preguntas, el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona ha publicado la Declaración sobre integridad científica en investigación e innovación responsable. En el informe, se plantea que, en el ámbito concreto de la investigación científica, la integridad se relaciona con los principios de honestidad (en el compromiso con la verdad), de independencia (en la preservación de la libertad de acción en relación con presiones exteriores a la profesión) y de imparcialidad (en la neutralidad de la práctica profesional en relación con intereses particulares, ajenos a la investigación).

Desde el año 2010, numerosas instituciones han elaborado propuestas específicas para promover y garantizar la integridad científica. Así, la Declaración de Singapur sobre Integridad en Investigación (2010), el Código de Conducta para la Integridad en Investigación de la Fundación para la Ciencia Europea / Academias Europeas ALLEA (2010) o la Declaración de Montreal sobre Integridad en Investigación (2013) han sentado las bases para combatir el fraude científico y las conductas poco éticas en I+D. Según el informe presentado por la Universidad de Barcelona, el fraude se relacionaría únicamente con la fabricación de datos a través de resultados inventados, la falsificación mediante la manipulación de los estudios o de las conclusiones y el plagio a partir de la apropiación del trabajo intelectual de terceras personas a las que no se reconoce su autoría original.

El fraude y las prácticas cuestionables no sólo afectan a la comunidad investigadora, sino que perjudican a la ciudadanía al generar desconfianza y pérdida de credibilidad

Las prácticas cuestionables, por el contrario, abarcarían la práctica de investigación censurable, la conducta censurable relativa a datos, a publicaciones y de tipo personal o la conducta financiera, entre otras. El Observatorio de Bioética y Derecho sostiene que es difícil distinguir un fraude de una praxis poco ética, aunque estos fenómenos no sean tan novedosos como podrían parecer. Dentro de los factores que propician estas conductas, el documento recoge que hay parámetros de carácter individual (como la tendencia a la vanidad o el ansia de lograr reputación), factores organizativos (como inadecuada comunicación, falta de formación o carencia de políticas sólidas y equitativas) o razones estructurales (la presión por publicar, la lógica empresarial o los índices de citación pueden afectar negativamente a la I+D).

El gran problema del fraude y de las prácticas cuestionables es que no sólo dañan la imagen de la comunidad científica, frenan posibles avances y causan una pérdida de tiempo y dinero importante. Según el Observatorio de Bioética y Derecho, "las malas prácticas científicas no son un crimen sin víctimas e impactan negativamente en investigadores, participantes en investigación, instituciones, áreas de investigación, en la financiación disponible y, consecuentemente, en el conjunto de la sociedad". Uno de los casos más claros de estas malas conductas fue reflejado en el proyecto Hearing Voices, donde el periodista Michele Catanzaro impulsó una investigación para denunciar el uso de prácticas pseudocientíficas en la resolución de diversos casos judiciales. La declaración publicada ahora reclama la puesta en marcha de medidas para combatir el fraude y las prácticas éticamente cuestionables, especialmente por el daño que provocan en la sociedad:

Las malas prácticas científicas provocan unos efectos muy negativos en la ciudadanía: desconfianza, falta de interés por los procesos de creación del conocimiento y su transferencia a la sociedad. La excesiva normalidad con la que se asumen los desajustes entre teoría y práctica en integridad científica perjudica seriamente la imagen de la ciencia, debilitando la credibilidad y el rigor que la deben caracterizar.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Carlos Zahumenszky

La ciencia y la religión no suelen ir de la mano, pero pocos estudios se han atrevido a decir que la primera interfiere en el correcto funcionamiento de la segunda. Eso es lo que afirman precisamente desde la Universidad de Helsinki, que las personas religiosas entienden peor el mundo.

La revista Applied Cognitive Psychology acaba de publicar un estudio realizado en Finlandia sobre 258 voluntarios a los que se les ha preguntado sobre us creencias. El estudio concluye que creer en dios distorsiona la manera en la entendemos el mundo real y hace a los creyentes más propensos a dar por buenos conceptos científicamente incorrectos como “las piedras sienten el frío” o “la tierra tiene sed”.

No se trata solo de una cuestión religiosa. Creer en fenómenos paranormales como el tarot, la videncia o la telepatía también genera el mismo efecto que los investigadores explican como la inclinación de atribuir cualidades psicológicas a fenómenos físicos o químicos del mundo real. Este mismo mecanismo de personificación está presente en los niños y en las sociedades primitivas. Según Marjaana Lindeman y Annika Svedholm-Häkkinen:

Cuanto mayores son las creencias religiosas o en fenómenos paranormales, menores son sus habilidades intuitivas sobre física, o mecánica, y su comprensión sobre fenómenos físicos o biológicos.

¿Hay alguna nota positiva para los que gustan de creer en lo paranormal?

Sí, según las autoras, las personas con este tipo de creencias viven más felices y dan más muestras de altruismo que los no creyentes. Por supuesto, hay premios Nobel de física como Joseph H. Taylor que se salen bastante de estas conclusiones. Cuando subió a recoger el premio en 1993. Taylor dijo:

Un descubrimiento científico siempre tiene algo de descubrimiento religioso. Para mi no hay conflicto entre ciencia y religión. Nuestro conocimiento sobre dios con cada pequeño descubrimiento que hacemos sobre el mundo.

Al final todo depende más de las creencias que decidamos dar por buenas porque nos sentimos más cómodos con ellas, y de nuestra capacidad para aceptar que son falsas o científicamente incorrectas. Somos tanto lo que sabemos como lo que decidimos ignorar. [Bristish Psychological Society vía The Independent]

©2016 Gizmodo Media Group

miércoles, 9 de marzo de 2016

"La ciencia no es un lujo, es la clave del éxito de un país"

"La ciencia no es un lujo, es la clave del éxito de un país"

Daniel Zajfman, presidente del Instituto Weizmann de Israel

«Los mayores descubrimientos en la historia de la ciencia no los lograron investigadores que querían solucionar un problema. Lo que les motivaba era la pura curiosidad». Para Daniel Zajfman, ésta es la clave que explica el éxito meteórico del Instituto Weizmann de Israel, uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo. Desde hace casi una década, este astrofísico de origen belga lleva las riendas del buque insignia de la ciencia israelí, cuyos investigadores trabajan «con total libertad», sin estar obligados a explicar la utilidad práctica de su trabajo para justificar los fondos que reciben.

Frente a la tendencia generalizada en todo el mundo a basar la financiación de la ciencia en sus potenciales aplicaciones tecnológicas, Zajfman está convencido de que el camino ideal para lograr los mayores avances científicos -y también el máximo beneficio económico- es permitir a los científicos«explorar sin que tengan la menor idea de para qué servirán sus descubrimientos en el futuro». Los números le dan la razón: los hallazgos logrados por los 250 grupos de investigación del Instituto Weizmann han generado casi 30.000 millones de euros de beneficios. Ayer, antes de presentar esta impresionante historia de éxito en una conferencia pronunciada en la Fundación Ramón Areces, Zajfman dialogó con EL MUNDO.

En España, la ciencia ha sufrido duros recortes debido a la crisis económica. ¿Cómo convencería a los políticos españoles sobre la importancia de invertir en I+D?

Me sorprende que sea necesario explicarle a alguien la importancia de la ciencia. Si analizas las transformaciones más importantes que se han producido en la Humanidad durante los últimos siglos, te das cuenta de que todas tienen su origen en la ciencia. La telefonía móvil, Facebook, todo lo que está cambiando nuestra sociedad tiene que ver con hallazgos de nuevos materiales, con la informática y la electrónica... Es cierto que las aplicaciones tecnológicas derivadas de los descubrimientos científicos tardan en llegar, pero la conexión entre ambas es evidente. Quizás muchos no se dan cuenta de esto, y creen que los móviles, los aviones o los fármacos surgen de un día para otro, pero la realidad es que son el resultado de muchísimos años de durísimo trabajo en laboratorios de ciencia básica.

Sin embargo, cuando una sociedad sufre problemas económicos severos como el paro en España, muchos dicen que la ciencia se convierte en un lujo. ¿Qué respondería?

Hace 50 años, la situación en Israel era infinitamente peor que la crisis que ha sufrido España en los últimos años. Sin embargo, en Israel la investigación científica siempre fue una prioridad. En tiempos de crisis, puede parecer un lujo, pero no lo es en absoluto, es la clave para el éxito de un país. Además, no hay que olvidar que si la ciencia se detiene, el daño puede ser irreversible. Si dejas de financiarla, tus científicos se irán a otros países. Y lo más importante para la ciencia no son los microscopios, sino los ojos y el cerebro de las personas que miran a través de sus lentes. No hay ciencia sin científicos, y los países que dejan de financiarla sufren fugas de cerebros que pueden ser muy destructivas para su futuro.

¿Por qué cree que la estrategia del Instituto Weizmann, que permite a sus científicos «pensar en libertad», ha tenido tanto éxito?

La historia de la ciencia demuestra que casi todos los descubrimientos más importantes no estuvieron motivados por sus posibles aplicaciones tecnológicas. Por ejemplo, el láser no se creó porque alguien quería que pudiéramos escuchar música en un CD, sino porque unos físicos estaban muy interesados en comprender el comportamiento de los átomos en un estado cuántico. Al principio, su descubrimiento era aparentemente inútil, pero con el tiempo ha generado una gigantesca industria. Otro ejemplo sería el hallazgo de los rayos X de Wilhelm Röntgen hace 130 años. Antes de su descubrimiento, no podíamos ni plantearnos sus posibles aplicaciones médicas, porque no sabíamos ni que existían. Antes de saber para qué sirve algo, primero tenemos que conocer su existencia. Einstein evidentemente no tenía la más remota idea de que la Relatividad serviría para el desarrollo del GPS.

Hablando de Einstein, ¿qué podemos aprender hoy de su manera de trabajar?

A Einstein lo único que le motivaba era la posibilidad de describir el mundo. Tenía una capacidad asombrosa para desarrollar un marco teórico con el que explicar el Universo. ¿Y esto para qué sirve? Para mí, esto es como preguntar: ¿Para qué vamos al cine o al teatro? ¿O para qué leemos? Podríamos sencillamente levantarnos, ir a trabajar a una fábrica para producir coches, volver a casa e irnos a dormir. Pero eso no es suficiente porque somos humanos, y eso quiere decir que queremos enriquecernos con eso que llamamos cultura. A Einstein no le preocupaba en absoluto para qué servirían las ondas gravitacionales, cuya existencia ha tardado 100 años en confirmarse. Quizás en el futuro incluso tengan algún valor práctico, pero hoy no lo sabemos. Y si finalmente no sirvieran para nada, tampoco importa. Se trata de comprender el Universo en el que vivimos, no hace falta buscar otra razón para justificarlo.

Israel ha producido una cantidad sorprendente de Premios Nobel. ¿Cuál es la razón de este éxito?

Si miras la lista de Premios Nobel, un 25% de los ganadores son judíos, a pesar de que los judíos sólo representan un 0,02% de la población mundial. Esto evidentemente no se debe a que los judíos sean más inteligentes, pero sí que creo que hay algo único en nuestra cultura que quizás ayuda a ganar Premios Nobel: el hecho de que los judíos, en general, tienen muy poco respeto a la autoridad. Un Nobel no se suele ganar por la cantidad de cosas que sabe un científico, sino porque se niega a aceptar que algo es imposible. Eso es faltarle el respeto a la autoridad, al profesor que dice que algo no se puede hacer. En el 99,9% de los casos, el profesor tiene razón, pero ese 0,1% de casos en los que el alumno rebelde está en lo cierto marcan la diferencia. Además, en la cultura judía, incluso en el ámbito religioso, un aspecto importante de la educación religiosa es argumentar con el rabino sobre los textos sagrados. No es un sistema tan dogmático como algunos creen, no basta con aprenderte los textos de memoria, hay que discutirlos con el rabino, tienes que saber argumentar, hacer preguntas sobre los textos e incluso contradecirlos. Creo que esta habilidad es una ventaja cuando se aplica al campo de la ciencia, ya que puede llevar al estudiante a cuestionar las 'verdades establecidas' de los libros de texto y no a dar nada por sentado. En la mayor parte de los casos, el alumno estará equivocado, pero a veces tiene razón y esta osadía puede llevarle a ganar un Nobel.

Hablando de religión, ¿cree, como Richard Dawkins, que la fe en Dios es un espejismo desenmascarado por la ciencia? ¿O cree que la ciencia puede ser compatible con la religión?

Yo no soy creyente, pero en mi opinión, no existe ningún conflicto entre religión y ciencia. Son ámbitos tan diferentes que no existe conexión entre ellos. Algunos tratan de conectarlas para demostrar lo que es correcto o incorrecto, pero es absurdo. Dios no aparece en ninguna ecuación de la Física. La ciencia es una cosa, y la religión otra muy diferente que no tiene nada que ver. La religión es importante para algunas personas, les proporciona un marco de normas éticas que rigen su comportamiento, y es como una red de seguridad que les ayuda a afrontar los problemas de la vida. Mientras la religión ofrezca esta tranquilidad a los creyentes, sin que esto les lleve a hacer daño a los demás, me parece perfecto. Es su derecho si quieren creer en un Dios que les dice cómo vivir, sin perjudicar a nadie. El problema es cuando la religión invade las libertades de los demás, o impone modos de vida a los no creyentes, entonces estoy radicalmente en contra. Todos tenemos derecho a elegir cómo queremos vivir, mientras no impongamos a los demás cómo tienen que vivir. Lo importante es que la religión no dicte a todo el mundo cómo tiene que vivir, sino que únicamente sea una decisión personal que un creyente se imponga a sí mismo. En cuanto a la educación, no tengo claro que tengamos que erradicar la religión de las escuelas, porque creo que todas las religiones contienen valores filosóficos que son valiosos. Me parece bien que se enseñe la dimensión filosófica de las religiones, el sentido que cada una de ellas (el catolicismo, el budismo, el islam, el judaísmo...) le intenta dar a la vida.

¿Cree, entonces, que es perfectamente compatible que un científico sea creyente?

Por supuesto. En el Intituto Weizmann hay científicos extraordinarios que son muy religiosos. No tiene por qué existir ningún conflicto, con tal de que la religión no pretenda explicar el mundo, sino sencillamente limitarse a proporcionar un marco de normas éticas. El problema es que algunos han pretendido que la religión explique cosas que es incapaz de explicar, y por eso surge un conflicto con la ciencia que no debería existir.

¿Cree que el lenguaje universal de la ciencia puede ser un instrumento para la paz en una región desgarrada por conflictos religiosos como Oriente Próximo?

Sin duda. Tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, el nuevo Estado de Israel nació lógicamente sin ningún tipo de relación diplomática con Alemania. Pero en los años 50, los primeros contactos entre alemanes e israelíes se lograron a través de la colaboración entre cientificos del Instituto Weizmann y algunos colegas de la Sociedad Max Planck de Alemania._Al fin y al cabo, las leyes de la Física son iguales para todos, y ese lenguaje común ayudó a reestablecer las relaciones entre Israel y Alemania. De hecho, la primera reunión entre un canciller alemán y un presidente israelí en la ONU fue organizada por científicos de ambos países. Y hoy, nuestro principal socio en proyectos internacionales de investigación es Alemania. Por lo tanto, si la ciencia ayudó a crear puentes entre alemanes e israelíes, sin duda puede contribuir a resolver cualquier conflicto.

¿Con los palestinos han intentado crear estos lazos?

Claro que sí, lo intentamos continuamente, y si no hablamos más de ello es porque nos tememos que al hacerlo público, lo pondríamos en riesgo porque lo intentarían destruir aquéllos que no creen en este tipo de puentes. La ciencia nunca será la solución al conflicto, pero puede ser una herramienta poderosa para establecer lazos de cooperación que contribuyan al entendimiento. En la ciencia, ni tú ni yo ni nadie decide lo que es correcto o incorrecto, sino que lo decide la propia naturaleza, así que es un marco ideal para entendernos por encima de cualquier diferencia cultural.

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jueves, 3 de marzo de 2016

De la vida

De la vida
Raúl Humberto Muñoz Aragón

El mundo es sorprendente… La vida es realmente sorprendente, esto a pesar de nuestra incapacidad por establecer una definición clara y precisa de lo que es. Siempre me ha maravillado la idea de que la vida es un invento hecho por la realidad con el propósito de ser observada, de tener sentido, de ser descifrada, de observarse a sí misma. Pues a fin de cuentas somos un "montón" de átomos que hubieron de sufrir múltiples fusiones, reacciones nucleares que permitieron que sus partículas se unieran para adquirir las propiedades que los hacen y que al combinarse en miles de millones de alternativas generaron a este eterno observador que es la vida. Y con ella, a una diversidad incontable de testigos, pues pareciera que la vida es la conclusión obvia de un big bang ocurrido hace más de trece mil millones de años.

La vida a lo largo de su estadía por el tiempo ha experimentado infinidad de posibilidades, todas y cada una de ellas asombrosa, maravilla entre las maravillas, desde las primeras formas unicelulares hasta los seres más complejos. Y en este tiempo que la vida ha sido, hemos hecho a cabalidad la misión de ser observadores y testigos de una realidad que cada día encontramos más compleja; ya quedó lejos en el tiempo cuando la Tierra era plana o cuando era soportada por un número infinito de tortugas, atrás quedaron los cielos que se cubrían de antorchas todas las noches.

Hoy, la ciencia alcanza cotas que nos permiten vislumbrar una realidad compuesta por once dimensiones en las que todo ocurre, atrás quedaron las tres o cuatro que podemos percibir con nuestros cinco sentidos; y es la mente humana, el organismo más complejo que podemos conocer -al menos por el momento-, el que ha podido elucubrar, vislumbrar quizá la magia que nos rodea, que supera en mucho cualquier mito o sueño anterior. Somos una cascada generacional que va sumando el empuje y el conocimiento que nos antecede y nos lleva a derroteros cada vez más asombrosos.

En las últimas semanas, hemos recibido noticias en diversos campos de la ciencia que nos hablan de como hombres y mujeres continúan empecinados por comprender esta realidad mágica que nos rodea. Desde la confirmación que se dio el mes pasado sobre la predicción hecha por Albert Einstein sobre las ondas gravitacionales, las cuales por fin pudieron ser detectadas gracias al trabajo del equipo internacional del Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory (LIGO, Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales), quien trabajó con dos potentes detectores en sus centros estadounidenses de Hanford (Washington) y Livingston (Luisiana). El experimento consistió en rebotar luz láser entre espejos situados en los extremos opuestos de kilométricos tubos de vacío para detectar el paso de las ondas gravitacionales, hecho que fue confirmado el pasado mes de febrero.

A este descubrimiento, se viene a sumar el realizado por científicos del Instituto de Óptica Cuántica e Información Cuántica (IQOQI) de la Academia Austríaca de Ciencias, de la Universidad de Viena y de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), quienes han logrado un nuevo hito en la física cuántica al entrelazar tres partículas de luz en una nueva forma de entrelazamiento asimétrico, donde dos de los fotones 'retorcidos' usados en el experimento actúan en un espacio tridimensional y el tercero en dos dimensiones. Este avance ofrece aplicaciones que van desde la computación cuántica hasta la encriptación cuántica.

El conocimiento quizá sea una nueva forma de vida, y nosotros sólo seamos el vehículo que ha encontrado para transitar. Así la ciencia avanza desde la identificación reciente de los primeros pobladores terrestres, hecho que ocurrió hace unos 440 millones de años, teniendo como protagonista a un hongo llamado Tortotubus, que tras un análisis realizado por la Universidad de Durham lo podría ubicar como el organismo pionero que emigró de los mares a la tierra. No sólo se trata del fósil más antiguo de un hongo, también es el ejemplo más remoto de un ser vivo en tierra firme.

A fin de cuentas, según lo que hoy sabemos, el ser humano es el resultado de un periodo de evolución que lleva alrededor de ocho millones de evolución, fecha en que se da la separación entre humanos y chimpancés, nuestros parientes más cercanos en el reino animal, esto según un nuevo modelo estadístico realizado en el Museo Field de Chicago, el cual realizó con la colaboración de matemáticos, antropólogos y biólogos moleculares, liderados por Robert Martin, grupo que intenta integrar la información sobre la evolución derivada del material genético de diversas especies con el registro fósil para conseguir un panorama más completo.

La vida es maravillosa, en ella los caminos son tan diversos como las posibles combinaciones en que se pueden unir átomos con el propósito de construir moléculas que habrán de convertirse en los ladrillos que la soporten. Es sin duda un largo y sinuoso camino, mágico y misterioso.

lunes, 10 de agosto de 2009

El gran metro de la ciencia


Imagen tomada del portal de la revista Muy Interesante
http://www.muyinteresante.es/index.php/ciencia-y-natura/5098-el-gran-metro-de-la-ciencia


Un extraordinario viaje a través del pensamiento y las ideas del ser humano, para mi ha resultado una imagen extraordinaria, que invita a viajar por sus diferentes rutas.