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miércoles, 26 de octubre de 2016

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Carlos Zahumenszky

La ciencia y la religión no suelen ir de la mano, pero pocos estudios se han atrevido a decir que la primera interfiere en el correcto funcionamiento de la segunda. Eso es lo que afirman precisamente desde la Universidad de Helsinki, que las personas religiosas entienden peor el mundo.

La revista Applied Cognitive Psychology acaba de publicar un estudio realizado en Finlandia sobre 258 voluntarios a los que se les ha preguntado sobre us creencias. El estudio concluye que creer en dios distorsiona la manera en la entendemos el mundo real y hace a los creyentes más propensos a dar por buenos conceptos científicamente incorrectos como “las piedras sienten el frío” o “la tierra tiene sed”.

No se trata solo de una cuestión religiosa. Creer en fenómenos paranormales como el tarot, la videncia o la telepatía también genera el mismo efecto que los investigadores explican como la inclinación de atribuir cualidades psicológicas a fenómenos físicos o químicos del mundo real. Este mismo mecanismo de personificación está presente en los niños y en las sociedades primitivas. Según Marjaana Lindeman y Annika Svedholm-Häkkinen:

Cuanto mayores son las creencias religiosas o en fenómenos paranormales, menores son sus habilidades intuitivas sobre física, o mecánica, y su comprensión sobre fenómenos físicos o biológicos.

¿Hay alguna nota positiva para los que gustan de creer en lo paranormal?

Sí, según las autoras, las personas con este tipo de creencias viven más felices y dan más muestras de altruismo que los no creyentes. Por supuesto, hay premios Nobel de física como Joseph H. Taylor que se salen bastante de estas conclusiones. Cuando subió a recoger el premio en 1993. Taylor dijo:

Un descubrimiento científico siempre tiene algo de descubrimiento religioso. Para mi no hay conflicto entre ciencia y religión. Nuestro conocimiento sobre dios con cada pequeño descubrimiento que hacemos sobre el mundo.

Al final todo depende más de las creencias que decidamos dar por buenas porque nos sentimos más cómodos con ellas, y de nuestra capacidad para aceptar que son falsas o científicamente incorrectas. Somos tanto lo que sabemos como lo que decidimos ignorar. [Bristish Psychological Society vía The Independent]

©2016 Gizmodo Media Group

lunes, 18 de agosto de 2014

Entre ideas y realidades / Raúl Humberto Muñoz Aragón


La realidad es plena, en ella se encuentran afanes y querencias para cada ser humano que ha transitado o transita por la cotidianidad que le ha tocado vivir. Alimenta los sueños, nutre el espíritu, plantea retos siempre nuevos para caminar por ella, se inventa a cada nuevo descubrimiento, nos reconforta y nos da un espacio para vivir.
La realidad evoluciona, siempre de acuerdo a nuestros sentidos, tornándose en el hogar perfecto para el desarrollo de las ideas, para la búsqueda eterna, interminable del conocimiento, dando siempre algo a buscar y encontrar a la enorme curiosidad de hombres y mujeres. En esta cotidianidad siempre renovada, la vida juega juegos de azar que engolosinan los sentidos y construyen la cultura de cada pueblo.
En este camino que es la vida, aprendemos a verla, a descubrirla con cada uno de los sentidos que nos permiten mantener el contacto con ella y construyen nuestros saberes, ésos que hacen y enriquecen nuestra cultura, la cual, a su vez, nos permite reconocerla y reconocer en ella nuestras acciones, nuestras responsabilidades, retos y compromisos, los pasos que hemos dado.
Así, surge el mayor reto que tiene una sociedad: preparar a sus integrantes más jóvenes para el desarrollo de la que será su vida, basada ésta, en los principios ponderados y reconocidos por todos como aquéllos que son necesarios para una mejor convivencia. Enseñarles y guiarles, pues ellos se han de insertar en la cultura generada por el grupo social, la que les da sustento, y en esta inmersión se les han de proporcionar las herramientas intelectuales para romper los esquemas existentes, impulsando así la evolución y desarrollo tanto individual como colectivo. El destino de toda sociedad es la revolución permanente, el cambio continuo, el libre flujo de ideas, de valores y visiones que permitan siempre andar nuevas rutas, explorar todas las posibilidades que la realidad nos otorga.
Todo ha de ser cuestionado, puesto a prueba una y otra vez, pues es en esta dinámica de cambio continuo que se garantiza la supervivencia de cualquier entidad, es el sino de la vida, el movimiento constante que le da sentido y rumbo. Entender esto es una responsabilidad del grupo y ha de ser procurada, es de vital importancia, haciendo de la educación el tópico indispensable para lograrlo.
La educación se torna en el motor trascendente que guía las acciones, siempre con la meta de alcanzar nuevos y mejores estadios, donde sus individuos encuentren sus propios afanes y querencias que al final del camino les permitan saber que fueron felices.
La educación se fundamenta en dos pilares, la familia y la escuela. Espacios que son su hábitat primario -no único-, que a fin de cuentas, la virtud del ser humano es que encuentra en cada momento y lugar la oportunidad de desvelar los misterios de la cotidianidad, de esa realidad que nos rodea y nos envuelve en maravillas; es ahí, en ese preciso momento de nuestro encuentro con ella, que se ve reflejada la enorme responsabilidad y compromiso de los profesores, hombres y mujeres que dejan retazos de su vida en la pasión por enseñar, por lograr en sus estudiantes la maravilla del proceso de aprendizaje. Mujeres y hombres que en el hacer y saber, logran el saber hacer, y lo más importante, el hacer saber en sus estudiantes, para que al paso del tiempo colocarse a un lado del camino para verlos crecer, desarrollar nuevos conocimientos, ser los hombros para que los gigantes intelectuales puedan subir en ellos y atisben los fragmentos que la realidad tenga a bien regalarles; haciendo visible lo invisible, fragmentando lo indivisible y haciendo del infinito (de todos los infinitos) herramienta para tener mejores condiciones de vida.
Sin lugar a dudas, es en la familia en donde se han de colocar los cimientos en los cuales los profesores harán su tarea, convirtiéndose en los receptores del futuro de cualquier nación, ellos han de ser individuos que en su hacer sean ejemplo para los nuevos ciudadanos, responsables, solidarios y subsidiarios, que en la profesión que ejerzan se encuentre la disciplina y el compromiso de aquéllos que tomaron la torpe mano para ayudarla a plasmar en papel sus primeras letras, donde nacieron sus primeras ideas plasmadas. En la escuela es donde se ha de formar el pensamiento crítico que deriva en hombres y mujeres que reflexionan y sustentan sus acciones.
Gracias a mis maestros, que al recordarlos siempre hacen surgir en mí la sonrisa poblada de melancolía por las horas en esas aulas mágicas donde todo es posible. Gracias por los retos que dejaron muchas noches en vela. Gracias por la realidad que alguna vez me mostraron y me enseñaron a cambiar. Gracias por las alas de la imaginación y la duda que alimenta mi curiosidad, gracias por los números, las letras y las ideas.
ymahr@yahoo.com
facebook/ymahr
 http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/994100.imagenes.html

¡Hay que callar…! / Raúl Humberto Muñoz Aragón

¿En realidad hay que callar?...
Callar en un México en el que 21.2 millones de menores de 17 años viven en pobreza y de ellos 4.7 millones en pobreza extrema, en un país enormemente rico. Callar en un México que por enésima vez sale reprobado por la ONU en el respeto a los Derechos Humanos, donde la retórica ha estado y está siempre por encima de los hechos, donde la impunidad galopa rampante por todos los caminos de nuestro país.
Callar en un México ignorante, donde la lectura es una utopía tal que nos es imposible mencionar cinco libros que hayan cambiado nuestra vida. ¿Cómo decirlo?, si sólo leemos entre medio libro y libro y medio libro al año. ¿Qué espacio dejamos para el desarrollo de nuevas ideas, de debates inteligentes si nuestra cultura es paupérrima?
Callar en un país en que los ninis aumentan día a día porque como sociedad no hemos sabido decir basta, no hemos asumido nuestra responsabilidad a cabalidad, no hemos creado las condiciones adecuadas para el desarrollo pleno de todos y cada uno de los mexicanos.
Callar en un México en que los poderosos quieren más poder, y no para servir, sino para servirse a manos llenas, sin tener la incomodidad de la gente diciendo lo que piensa, sin ser tocados ni siquiera por el pétalo de una rosa. Un país en que a discreción del criterio de un solo hombre se puede decretar el estado de excepción y darle la razón a la ONU en su diagnóstico sobre los Derechos Humanos en México.
Hacer leyes a modo, para que esos "grandes pensadores, eruditos y formadores de contenidos" (idiotizantes, muy bien planeados, pensados y orientados a la sensiblería cursi y acrítica) continúen educando a una sociedad a la espera pasiva de milagros, a la no protesta (¡qué mortificación que por defender un derecho no me dejen pasar libremente a donde quiera que vaya!), a vivir en un México color de rosa que nos presentan día a día periodistas domesticados por la pantalla chica (y no tan chica ahora) y que gracias a Dios pierde cada vez más fuerza.
Detener a los jóvenes, a los hombres y mujeres que quieren un México diferente, callar las voces que piensan en un nuevo camino. Censurar, espiar, coartar. ¡Al diablo las libertades!... ¿Y el derecho irrenunciable al Libre Pensamiento, a la Libertad de Expresión?
¿Cuál es el bien mayor para México? Una sociedad pasiva, adoctrinada, alienada, acrítica, que no piensa y mucho menos actúa, que espera las dádivas de un Gobierno paternalista que todo sabe, que todo censura, que todo piensa, que todo castiga y que no evoluciona. O una sociedad activa, educada (bien educada), pensante, que anhela y busca nuevos caminos -no necesariamente fáciles-, que no calla, que es crítica (no criticona), que es solidaria y que busca el bien común como un hecho y no como un dicho.
Sólo las dictaduras temen al libre pensamiento y la libre expresión de las ideas. La participación ciudadana es producto del conocimiento, del actuar con base en argumentos sólidos, con sentido. Amo a México, soy de ésos que aún tienen nuestra bandera en el escritorio, no como adorno, sino como un recordatorio de quiénes somos y sobre todo de quienes podemos ser.
No más silencio, no más adormilamiento, debemos salir de la modorra de tantos años. Siempre que inicio una clase, les planteo a mis alumnos dos premisas básicas para el desarrollo armónico e inteligente de la clase, Respeto y Tolerancia, dos claves fundamentales para nuestro andar. Respeto a los otros, a todos, sin excepción, a su tiempo, a sus ideas e ideales, a sus comentarios. Tolerancia por aquéllos que piensan diferente, que por fortuna son diferentes y en esa diversidad nos enriquecen. Posponer la discusión de una ley que pretende silenciar a México aprovechando los gritos del Mundial de Futbol es un agravio más, una falta más a ese respeto y tolerancia que tanta falta nos hace.
Es necesario que en lugar de callar al que piensa o ve de manera diferente le demos voz, abramos oídos y entendimiento para lograr una mejor y más completa comprensión de la enorme complejidad de la realidad mexicana; somos un país joven, que aún no alcanza sus primeros dos siglos de vida independiente, que en nuestra juventud como nación está la oportunidad de crecer con ímpetu y con los bríos que la actualidad requiere. Escuchar las voces que piensan diferente sólo tiene un resultado posible, ampliar el horizonte, la suma de cada punto de vista enriquece y debe llevarnos a un consenso, que lo que hagamos por México nos enriquece como sociedad e invariablemente multiplica nuestras propias posibilidades individuales, ser mejores hombres y mujeres, mexicanos dignos de nuestro presente y futuro.
Vayamos por un México que grite, que analice, que discuta y que construya. Digamos adiós para siempre al silencio. Gritar siempre, está en nuestro espíritu, hagámoslo.
Ymahr@yahoo.com
Facebook/ymahr

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/991280.imagenes.html