viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Es la estrella Eta Carinae un riesgo para la vida en la Tierra?

Apuntes desde la NASA
21 OCT 2016
11:31 h

¿Es la estrella Eta Carinae un riesgo para la vida en la Tierra?

La semana pasada, en sus siempre magníficas Crónicas del Cosmos, Rafael Bachiller nos habló de las explosiones que ha venido experimentando la estrella Eta Carinae, una estrella azul con una masa más de 100 veces mayor que la del Sol, situada a una distancia de 7.500 años-luz de nosotros. Eta Carinae ha sufrido múltiples episodios eruptivos, algunos de los cuales han sido observados desde la Tierra, y su futuro, como nos dice Rafael Bachiller, se prevé violento, pudiendo llegar a explotar como una supernova o como una hipernova para formar un agujero negro. Dada su distancia la Tierra, ¿podría alguno de estos escenarios suponer un riesgo para nuestro planeta?

La pregunta puede parecer exagerada ya que 7500 años-luz es una distancia enorme; sin embargo, las explosiones de supernovas e hipernovas, con su explosión asociada de rayos gamma, son los fenómenos naturales conocidos que más energía liberan en el Universo. Una sola supernova puede ser más brillante que una galaxia entera durante unos días, y una explosión de rayos gamma puede desprender en pocos segundos la energía equivalente a la que nuestro Sol emitirá en toda su vida estelar de diez mil millones de años.

A lo largo de la historia de la vida en la Tierra, ha habido en nuestro planeta numerosos episodios de extinción de distintas proporciones, siendo algunos referidos como episodios de extinciones masivas ya que en ellos desaparecieron más de la mitad de las especies que entonces habitaban nuestro mundo. Si bien las causas que dieron origen a estos procesos de extinción son aún, en muchos casos, sujeto debate, en los últimos tiempos se ha empezado a pensar en la posibilidad de que algunos de ellos hayan podido ser propiciados por sucesos cósmicos tales como explosiones de supernovas o de rayos gamma cercanas a la Tierra.

Los efectos en la biosfera provocados por esta clase de explosiones tienen que ver con las consecuencias de la alteración de la química atmosférica debida a la exposición a la radiación gamma y a los rayos cósmicos emitidos en ellas. Estas radiaciones poseen la energía suficiente para romper las moléculas de oxígeno y nitrógeno gaseosos en el aire que respiramos, facilitando la formación de otras como el monóxido de nitrógeno o el dióxido de nitrógeno cuya presencia en altas concentraciones en la atmósfera tendría importantes repercusiones en la biosfera.

Los efectos provocados por la presencia de estas moléculas son varios; pero, de ellos, el más importante tiene que ver con el papel que desempeñan como catalizadores en la destrucción de la capa de ozono. La presencia de ozono en la atmósfera es vital para la inmensa mayoría de organismos ya que bloquea la mayor parte de la radiación ultravioleta emitida por el Sol. Sin la presencia de ozono, este tipo de radiación llegaría casi en su totalidad a la superficie terrestre provocando un daño significativo en la práctica totalidad de los seres vivos expuestos, además de provocar un aumento en el número de mutaciones en la biota a nivel global que afectaría a su pauta evolutiva.

A pesar de que la radiación ultravioleta es absorbida por unos metros de agua, los seres vivos de las profundidades marinas también se verían afectados en la medida en que dependen de una cadena alimenticia que comienza en la superficie con el fitoplancton, el cual se vería gravemente afectado por las altas dosis de radiación. El aumento de la radiación ultravioleta a partir de la destrucción del ozono resultaría, por tanto, en una alteración profunda de la biosfera que amenazaría la supervivencia de muchas especies y afectaría a los ritmos evolutivos de las poblaciones que sobrevivieran.

La intensidad de los efectos descritos anteriormente dependería de la distancia a la que se produjera la explosión y de la energía liberada en la misma. En este sentido, una explosión de Eta Carinae en forma de supernova que no fuera acompañada de una explosión de rayos gamma no tendría una repercusión negativa en la Tierra ya que se estima que un fenómeno semejante debería tener lugar a una distancia de hasta unas cuantas decenas de años-luz para resultar en un pérdida de ozono que propiciara un aumento significativo en el flujo de radiación ultravioleta en la superficie de la Tierra de forma que fuera suficiente para aniquilar numerosas especies y para influir en el desarrollo evolutivo de otras muchas. Sin embargo, en el caso de acabar sus días como supernova con una explosión asociada de rayos gamma, esta radiación, incluso a pesar de ser emitida a 7500 años-luz, sí que tendría efectos notables en la Tierra de ser alcanzada.

Se estima que una explosión de rayos gamma a menos de 10000 años-luz ya tendría, de hecho, efectos perjudiciales para la biosfera; pero una explosión a aproximadamente 6500 años-luz de distancia (casi el 87 % de la distancia que nos separa de Eta Carinae) tendría, sin embargo, efectos devastadores en nuestro planeta pues se piensa que a esa distancia podría hacer desaparecer hasta la mitad de la capa de ozono.

En nuestra Galaxia se conocen unas pocas estrellas masivas cuyo final podría resultar en una explosión de rayos gamma, y Eta Carinae no es solo una de ellas sino que es, además, la más cercana conocida. Es extremadamente difícil especificar cuándo podría darse la muerte de Eta Carinae y si se dará o no con una explosión de rayos gamma. Se sospecha, sin embargo, que su fin tendrá lugar pronto, tal vez en bastante menos tiempo que un millón de años. De morir en un proceso que desencadenase una explosión de rayos gamma, ¿estaríamos avocados a una catástrofe en la Tierra? Afortunadamente, podemos contestar con un no a esta pregunta ya que hay algo que nos salvaría en esta ocasión.

Cuando se da una explosión de rayos gamma en el proceso del colapso gravitatorio de una estrella masiva como Eta Carinae, la radiación así generada no se emite en todas direcciones sino en la forma de dos chorros estrechos con ángulos de apertura de pocos grados que se emiten en sentidos opuestos y en una dirección que es la que coincide con el eje polar de su progenitor. Afortunadamente, se sabe que el eje polar de Eta Carinae no apunta a nuestro sistema solar, sino que lo hace a una distancia angular de entre 47 y 67 grados de nosotros, por lo que, en principio, la Tierra no estaría bajo peligro. Afortunadamente, esto nos salvaría esta vez; pero pensemos que la Vía Láctea está poblada por más de cien mil millones de estrellas y que solo estamos familiarizados con algunas que habitan una pequeña porción de nuestro entorno.

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Medio millón de personas solicitan vivir en Asgardia, la futura primera nación espacial

Una comunidad espacial dedicada a la investigación científica

Medio millón de personas solicitan vivir en Asgardia, la futura primera nación espacial

EL MUNDO
25/10/2016 13:04

Los 100 es una serie estadounidense donde una comunidad de individuos vive en el espacio tras una catástrofe nuclear que devastó el planeta tierra. Algo que parecía lejos de la realidad hasta que el pasado 12 de octubre se presentara el polémico Proyecto Asgardia. En la actualidad, son casi medio millón de personas las que han solicitado vivir en una nación espacial que un multimillonario ruso plantea enviar al espacio.

Igor Ashurbeyli quiere fundar un país lejos de la tierra donde la guerra y la pobreza no existan, "un espacio donde la investigación científica sea la prioridad" explicaba en uno de sus comunicados. Y sólo 40 horas después de sus declaraciones el proyecto recibía 200 solicitudes de interesados en vivir en Asgardia. Ahora el censo está cerca del medio millón de personas, exactamente 488.647 en el momento que se redactó este artículo.

Entre los tres primeros países con aspirantes a residir en esta nación del futuro se encuentran: China, EEUU y Turquía. Su fundador pretende lanzar el primer satélite con asgardianos, gentilicio elegido para sus futuros habitantes, entre 2017 y 2018. Su objetivo es conseguir soluciones que nos protejan de amenazas espaciales como desechos orbitales, el cambio climático o la radiación.

Ashurbeyli se encuentra la espera de que las Naciones Unidas reconozcan al país y busca crear una nueva regulación judicial en el espacio. "Se adaptarán a la actualidad leyes del espacio sobre gobernabilidad, propiedad privada y empresa, a fin de que se ajuste a la nueva era de exploración espacial" aseguró.No obstante, su plan tiene inconvenientes y es poco probable que la ONU les conceda el estatus de territorio.

Por ahora Asgardia solo existirá virtualmente. A pesar de esto, su Gobierno, ministerios, bandera, himno nacional e insignias son algunos de los atributos de la nación espacial que ya se pueden ver en su página oficial donde también se puede optar a la nacionalidad.

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El planeta ha perdido casi el 60% de las poblaciones de especies vertebradas en 40 años

La producción de alimentos es la principal amenaza a la biodiversidad

El planeta ha perdido casi el 60% de las poblaciones de especies vertebradas en 40 años
GREGORIA CARO   Madrid
27/10/2016 17:37

Mamíferos, aves, reptiles y diferentes especies marinas están desapareciendo año tras año. Estimar el declive de estas poblaciones es un asunto complejo que la organización conservacionista WWF ha vuelto a abordar en el informe Índice Planeta Vivo (IPV) , un análisis exhaustivo que elabora cada dos años y que ha sido presentado este jueves. Según la estimación de WWF, en 40 años ha desaparecido de la Tierra 58% de las poblaciones de vertebrados.

Este estudio, que recoge datos de más de 15.000 poblaciones de unas 3.700 especies, evidencia por tanto un descenso dramático de la biodiversidad y muestra la transformación que está sufriendo el planeta a causa de las actividades humanas.

El dato más alarmante corresponde a las poblaciones de agua dulce, que han sufrido el mayor descenso con un 81% frente a las terrestres con un 38% y las marinas con un 36%, según han explicado los responsables de asociación conservacionista en la presentación del informe en Madrid.

Las causas del declive

Entre las principales causas y los tipos de amenazas recogidas por el IPV encontramos la pérdida y degradación de hábitats, la sobreexplotación de especies, la contaminación por vertidos, las especies invasoras y las enfermedades. Por ejemplo, el vertiginoso descenso de las poblaciones en ríos, pantanos o embalses está muy ligado a las explotaciones hídricas, según WWF.

El informe de este año recoge una novedad respecto a las anteriores ediciones: una gráfica de proyección para el 2020 donde se puede observar que la tendencia no es esperanzadora. "Si seguimos, así se prevé una disminución del 67% de las poblaciones. Esto supone una llamada clara y urgente para que se produzca de verdad un freno en la pérdida de biodiversidad" explica el director de Conservación de WWF en España, Enrique Segovia.

En este sentido, la biodiversidad se enfrenta al impacto de los seres humanos, que están explotando hasta el límite los recursos naturales que ofrece el planeta. Los datos más recientes de la Huella Ecológica desvelan que para satisfacer sus necesidades, el ser humano está consumiendo los recursos naturales que equivaldrían a 1.6 planetas.

España ocupa el puesto 22 del ranking mundial de la denominada Huella Ecológica. Aunque desde 2007 la huella ecológica del país ha disminuido, los expertos indican que es debido a la crisis económica, que ha reducido la demanda de recursos naturales. Aun así, el país sigue consumiendo más recursos de los que puede producir. En concreto, para satisfacer la demanda de España se necesitaría triplicar sus recursos, según demuestran los últimos datos de Global Footprint Network.

WWF sigue insistiendo en apostar por las energías renovables y el ahorro, aunque según sostiene la organización, la principal amenaza para la biodiversidad es la producción de alimentos. "Tenemos un sistema de producción perverso", afirma la responsable del Programa de Agua y Agricultura de WWF España, Eva Hernández. "Es un sistema desequilibrado. Estamos acabando con las especies", subraya.

Entre las propuestas que los conservacionistas lanzan para lograr un equilibrio entre los recursos disponibles y las necesidades de consumo figuran proporcionar un acceso equitativo de los recursos, producir y consumir de forma más responsable y preservar el capital natural. "No podemos exprimir los ecosistemas al máximo sino buscar alternativas y planificar mejor la actividad", reclama Hernández.

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jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Cómo saber si un científico ha cometido un fraude?

¿Cómo saber si un científico ha cometido un fraude?
Por Ángela Bernardo el 3/11/16 a las 12:00

Cuando se manipulan datos en un estudio o se realiza un plagio, se pone en tela de juicio la integridad científica. ¿Cómo saber si se comete un fraude?

Hwang Woo-suk publicó en la revista Science una investigación asombrosa, en la que había conseguido clonar células madre embrionarias de origen humano por primera vez. Sus resultados abrían la puerta a hipotéticos tratamientos contra el alzhéimer, la diabetes o el párkinson. Pero todo era mentira. Sus conclusiones, en realidad, habían sido manipuladas. El investigador coreano, que recibió millones de dólares para continuar sus estudios, había engañado a todo el mundo. El caso de Woo-suk fue uno de los más sonados de fraude científico. Por desgracia, no ha sido el único.

El fraude científico se ha multiplicado por diez en España desde 1975

A diario, miles de investigadores en todo el mundo trabajan para generar conocimiento y desarrollar invenciones con múltiples aplicaciones en medicina, computación, energía, alimentación o agricultura, entre otros campos. Una minoría, sin embargo, optan por manipular sus datos, plagiar otros trabajos o recibir presiones externas que no garantizan su independencia. Según datos recogidos por la Fundación Rafael del Pino y el CSIC, el fraude científico se ha incrementado diez veces desde 1975, poniendo en riesgo el progreso de la investigación.

Fraude, minoritario pero dañino

Pero, ¿cómo se puede definir el fraude? Según Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad. Si engañamos ya no hay vuelta atrás. No existe remedio. Podrás ser lo que quieras el resto de tu vida, pero ya nunca más científico. Los atajos se pagan muy caros en esta profesión". Las sospechas sobre posibles casos de fraude o conductas poco éticas han saltado en casos como el de Susana González, despedida del CNIO, o Manel Esteller, que supuestamente hizo la vista gorda con una posible manipulación de resultados por parte una doctoranda suya.

Según Lluís Montoliu, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad"

La mala praxis científica no sólo afecta a la comunidad investigadora, sino que también puede perjudicar directamente a la sociedad. La publicidad de productos como Reticare, que usa el reclamo de la Universidad Complutense de Madrid para valorar un filtro que no cuenta con evidencia suficiente para proteger de una hipotética luz dañina de las pantallas, o las intervenciones del cirujano Paolo Macchiarini ponen en tela de juicio la integridad de los científicos. ¿Hay alguna forma de poner fin a estos escándalos, que sacuden el desarrollo normal de la actividad investigadora?

Con el fin de dar respuesta a estas preguntas, el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona ha publicado la Declaración sobre integridad científica en investigación e innovación responsable. En el informe, se plantea que, en el ámbito concreto de la investigación científica, la integridad se relaciona con los principios de honestidad (en el compromiso con la verdad), de independencia (en la preservación de la libertad de acción en relación con presiones exteriores a la profesión) y de imparcialidad (en la neutralidad de la práctica profesional en relación con intereses particulares, ajenos a la investigación).

Desde el año 2010, numerosas instituciones han elaborado propuestas específicas para promover y garantizar la integridad científica. Así, la Declaración de Singapur sobre Integridad en Investigación (2010), el Código de Conducta para la Integridad en Investigación de la Fundación para la Ciencia Europea / Academias Europeas ALLEA (2010) o la Declaración de Montreal sobre Integridad en Investigación (2013) han sentado las bases para combatir el fraude científico y las conductas poco éticas en I+D. Según el informe presentado por la Universidad de Barcelona, el fraude se relacionaría únicamente con la fabricación de datos a través de resultados inventados, la falsificación mediante la manipulación de los estudios o de las conclusiones y el plagio a partir de la apropiación del trabajo intelectual de terceras personas a las que no se reconoce su autoría original.

El fraude y las prácticas cuestionables no sólo afectan a la comunidad investigadora, sino que perjudican a la ciudadanía al generar desconfianza y pérdida de credibilidad

Las prácticas cuestionables, por el contrario, abarcarían la práctica de investigación censurable, la conducta censurable relativa a datos, a publicaciones y de tipo personal o la conducta financiera, entre otras. El Observatorio de Bioética y Derecho sostiene que es difícil distinguir un fraude de una praxis poco ética, aunque estos fenómenos no sean tan novedosos como podrían parecer. Dentro de los factores que propician estas conductas, el documento recoge que hay parámetros de carácter individual (como la tendencia a la vanidad o el ansia de lograr reputación), factores organizativos (como inadecuada comunicación, falta de formación o carencia de políticas sólidas y equitativas) o razones estructurales (la presión por publicar, la lógica empresarial o los índices de citación pueden afectar negativamente a la I+D).

El gran problema del fraude y de las prácticas cuestionables es que no sólo dañan la imagen de la comunidad científica, frenan posibles avances y causan una pérdida de tiempo y dinero importante. Según el Observatorio de Bioética y Derecho, "las malas prácticas científicas no son un crimen sin víctimas e impactan negativamente en investigadores, participantes en investigación, instituciones, áreas de investigación, en la financiación disponible y, consecuentemente, en el conjunto de la sociedad". Uno de los casos más claros de estas malas conductas fue reflejado en el proyecto Hearing Voices, donde el periodista Michele Catanzaro impulsó una investigación para denunciar el uso de prácticas pseudocientíficas en la resolución de diversos casos judiciales. La declaración publicada ahora reclama la puesta en marcha de medidas para combatir el fraude y las prácticas éticamente cuestionables, especialmente por el daño que provocan en la sociedad:

Las malas prácticas científicas provocan unos efectos muy negativos en la ciudadanía: desconfianza, falta de interés por los procesos de creación del conocimiento y su transferencia a la sociedad. La excesiva normalidad con la que se asumen los desajustes entre teoría y práctica en integridad científica perjudica seriamente la imagen de la ciencia, debilitando la credibilidad y el rigor que la deben caracterizar.

La tormenta solar que rompió el escudo protector de la Tierra

La tormenta solar que rompió el escudo protector de la Tierra
Por Santiago Campillo el 3/11/16 a las 12:55

El telescopio y detector de rayos cósmicos, GRAPES-3, acaba de publicar los resultados de la tormenta de junio de 2015 que nos dejó sin escudo magnético durante dos horas. Así ocurrió.

El 20 de junio de 2015 una gigantesca nube de plasma surgió de la corona solar en dirección a la Tierra. Cincuenta y dos horas después, el 22 de junio, el enjambre de partículas, viajando a dos millones y medio de kilómetros por hora chocó contra nuestro escudo protector, la magnetosfera terrestre. La comprimió tanto y tan violentamente que consiguió "romperla" durante un tiempo, creando una tormenta geomagnética cuyas consecuencias se vivieron en las latitudes más al norte. Hoy, tras muchos datos analizados, el telescopio de muones, GRAPES-3, nos cuenta qué ocurrió.

Romper el escudo terrestre

No es la primera vez que ocurre, por supuesto. La Tierra, por suerte para nosotros, está protegida de la letal acción de los rayos cósmicos gracias a un escudo conocido como magnetosfera. Todos los planetas de nuestro sistema con campo magnético poseen una magnetosfera. Algunos, como el de Marte, son demasiado débiles para proteger del viento solar. Lo que ocurre es que las partículas de viento solar son capturadas y desviadas gracias a la acción del campo. En las tormentas geomagnéticas, la presión que generan estas partículas, que empujan contra el escudo protector, es tal que terminan por desestabilizar temporalmente. Literalmente lo "rompen". Pero solo durante un tiempo, por supuesto.

Como decíamos, esto ocurre de vez en cuando, causando las llamadas "tormentas solares", que hacen referencia al evento ocurrido en la superficie de nuestra estrella madre. Las consecuencias de dichas tormentas son muy variadas y, a veces, poco entendidas. Una de las principales manifestaciones son las auroras boreales, que se producen como consecuencia del viento solar en nuestra atmósfera. Estas ocurren con mayor intensidad durante una tormenta geomagnética porque nuestro escudo no está ahí para repelerlas con tanta facilidad.

Existe la posibilidad de que las partículas procedentes del Sol sean capaces de dañar satélites o instrumental electrónico

Otras consecuencias son la pérdida de señales de radio (con la catástrofe en comunicaciones que esto conlleva) que pueden ocurrir. Aunque está menos estudiado, existe también la posibilidad de que las partículas procedentes del Sol sean capaces de dañar satélites, instrumental electrónico o, incluso, a los seres vivos. Por el momento los daños han sido mínimos. Aunque no es la primera vez que oímos hablar de una "tormenta solar perfecta" y epítetos parecidos que indican la supuesta violencia de dicho fenómeno.

GRAPES-3 y la nube de muones

En una boscosa ladera de Ooty, India, más de un centenar de estructuras de apenas medio metro, como si de enormes setas de metal se tratasen, salpican la hierba verde. Pero nadie diría que bajo tierra lo que se esconde es uno de los detectores más potentes del mundo a la hora de "cazar" rayos cósmicos. El GRAPES-3, con su detector de partículas ionizadas en cascada, así como su complejo de antenas especialmente preparadas para captar a los muones, es capaz de analizar lo que otros no pueden. Su finalidad es descubrir más sobre la naturaleza nuclear de los rayos cósmicos, los rayos de alta energía y la modulación de la actividad solar. Entre sus objetivos de estudio se encuentran entender los efectos solares sobre la Tierra. En un reciente estudio, el GRAPES-3 analizaba los datos de junio de 2015, cuando una tormenta solar deformó el escudo protector de la Tierra.

La enorme nube de plasma procedente del Sol llegó a la tierra a una velocidad de vértigo. Su tamaño y su intensidad provocaron la compresión de la magnetosfera, que no lo pudo soportar y se "rompió", en parte, temporalmente. Esto permitió la entrada de las partículas solares en nuestra atmósfera, provocando, como decíamos, auroras boreales más numerosas e intensas, así como pérdidas totales de señal de radio en muchos puntos del norte de nuestro pequeño planeta. En ese momento fue cuando GRAPES-3 detectó la señal tormenta y pudo recoger los datos. Los físicos a cargo del proyecto han pasado un año entero analizando y simulando para deducir las implicaciones que esto puede tener.

La tormenta duró aproximadamente unas dos horas y en un rango de 20 Gigaelectronvoltios

La tormenta duró aproximadamente unas dos horas y en un rango de 20 Gigaelectronvoltios. Por suerte, además de las inconveniencias causadas en las comunicaciones, no se detectó ningún tipo de problema más grave. Y es que los expertos, como decíamos, no saben qué pueden esperar de una tormenta solar lo suficientemente fuerte. De hecho, las expectativas son bastante agoreras. Desde el malfuncionamiento de todo tipo de sistemas electrónicos y la pérdida de satélites hasta un bloqueo total de todos los aparatos eléctricos. Por ahora esto más parece un argumento de ciencia ficción que una realidad. Pero, por si acaso, los científicos del GRAPES-3 siguen investigando para entender mejor la naturaleza de los rayos cósmicos. Y poner así una solución antes de que llegue el problema.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Creer en dios o en fenómenos paranormales dificulta la comprensión del mundo real, según un estudio

Carlos Zahumenszky

La ciencia y la religión no suelen ir de la mano, pero pocos estudios se han atrevido a decir que la primera interfiere en el correcto funcionamiento de la segunda. Eso es lo que afirman precisamente desde la Universidad de Helsinki, que las personas religiosas entienden peor el mundo.

La revista Applied Cognitive Psychology acaba de publicar un estudio realizado en Finlandia sobre 258 voluntarios a los que se les ha preguntado sobre us creencias. El estudio concluye que creer en dios distorsiona la manera en la entendemos el mundo real y hace a los creyentes más propensos a dar por buenos conceptos científicamente incorrectos como “las piedras sienten el frío” o “la tierra tiene sed”.

No se trata solo de una cuestión religiosa. Creer en fenómenos paranormales como el tarot, la videncia o la telepatía también genera el mismo efecto que los investigadores explican como la inclinación de atribuir cualidades psicológicas a fenómenos físicos o químicos del mundo real. Este mismo mecanismo de personificación está presente en los niños y en las sociedades primitivas. Según Marjaana Lindeman y Annika Svedholm-Häkkinen:

Cuanto mayores son las creencias religiosas o en fenómenos paranormales, menores son sus habilidades intuitivas sobre física, o mecánica, y su comprensión sobre fenómenos físicos o biológicos.

¿Hay alguna nota positiva para los que gustan de creer en lo paranormal?

Sí, según las autoras, las personas con este tipo de creencias viven más felices y dan más muestras de altruismo que los no creyentes. Por supuesto, hay premios Nobel de física como Joseph H. Taylor que se salen bastante de estas conclusiones. Cuando subió a recoger el premio en 1993. Taylor dijo:

Un descubrimiento científico siempre tiene algo de descubrimiento religioso. Para mi no hay conflicto entre ciencia y religión. Nuestro conocimiento sobre dios con cada pequeño descubrimiento que hacemos sobre el mundo.

Al final todo depende más de las creencias que decidamos dar por buenas porque nos sentimos más cómodos con ellas, y de nuestra capacidad para aceptar que son falsas o científicamente incorrectas. Somos tanto lo que sabemos como lo que decidimos ignorar. [Bristish Psychological Society vía The Independent]

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lunes, 24 de octubre de 2016

La hipótesis innecesaria de Dios, según Laplace

La hipótesis innecesaria de Dios, según Laplace

SERGIO PARRA
24 de octubre de 2016

Hay anécdota atribuida a Pierre-Simon Laplace, un matemático que defendió el determinismo fuerte, que publicó los dos primeros de su Mécanique céleste inspirándose en la obra de Newton, proporcionando herramientas matemáticas para determinar los movimientos y posiciones de todos los cuerpos del sistema solar, en cualquier época, pasada, presente o futura.

Es decir, que según Laplace, todas las cosas eran consecuencia de otras, como en un enorme mesa de billar. Tal vez no dispusiéramos de suficiente potencia de cálculo para determinar el movimiento y posición de todas las bolas, pero éstas debían de estar necesariamente regidas por leyes fijas e inmutables. Ante lo cual, para Laplace, Dios era una hipótesis innecesaria o redundante.

La hipótesis de Dios

Hay personas que han consagrado sus vidas a demostrar la existencia de un Creador (en el mejor de los casos) o de un determinado Creador (en el peor: son personas, estas últimas, que defienden la creencia en Mahona, por ejemplo, pero no creen en Zeus).

Centrémonos en la primera clase de personas.

No sabemos por qué se creó en Universo, o si existe alguna voluntad tras ese hecho (a decir verdad, es posible que tal pregunta, muy unida a la forma que tiene nuestro cerebro de procesar los hechos, mediante causas y efectos, ni siquiera tenga sentido). Los creyentes aducen, entonces, que es posible que el Universo haya sido creado por alguien, y ese alguien es Dios.

Sin embargo, no sabemos nada de ese Dios. De hecho, ignoramos tanto todo lo relativo a ese Dios como ignoramos cómo se creó el universo, qué hubo antes, de dónde venimos exactamente. Es decir, que los creyentes introducen una hipótesis que no explica realmente nada, si acaso añade un misterio más al propio misterio. ¿Quién creó a Dios?, podríamos preguntar entonces. Y la respuesta sería tan vaga como lo que podemos responder a quién creó el Universo. ¿Él mismo, se autocreó? También esa respuesta sirve para el Unvierso. ¿Siempre existió? Lo mismo. Etcétera.

Llegados a este punto, pues, podríamos ser creyentes más profundos que los propios creyentes, personas que sostendríamos la hipótesis de que detrás de Dios existe un super Dios. Y sostendríamos tal hipótesis tal alegremente, y encima quizá reclamaríamos respeto ante tal afirmación. Los que creyeran en Dios y no en el super Dios serían personas, en consecuencia, más faltas de fe que nosotros, más cuadriculadas, demasiado científicas, demasiado apegados a lo empírico.

La verdad, sin embargo, es que la gente se lleva muy mal con la incertidumbre y con el “no lo sé”, así que es capaz de construir hipótesis tan endebles como “la respuesta a esta pregunta es el elemento que responde a la pregunta”.

Laplace y Napoleón

Como hemos dicho, para el matemático Laplace, Dios era una hipótesis innecesarias, una redundancia lógica. Antiguamente, cuando no sabíamos el origen de los rayos, también se repondía "dios". Y lo mismo frente a otros muchos fenómenos naturales. Llenar las lagunas de ignorancia con ese concepto, pues, es una actividad que puede perdurar para siempre, pues siempre habrá lagunas de ignorancia.

Por ello, en una ocasión, cuando Laplace regaló un ejemplar de su obra a Napoleón, entre ellos se produjo entonces una pequeña discusión que es descrita así por W. W. Rouse en A Short Account of the History of Mathematics:

Alguien le había dicho a Napoleón que el libro no hacía ninguna mención al nombre de Dios; Napoleón, a quien le encantaba plantear preguntas embarazosas, lo recibió con la siguiente observación: “M. Laplace, me dicen que habéis escrito este gran libro sobre el sistema del universo y que nunca habéis mencionado a su Creador”. Laplace, que aunque era uno de los políticos más flexibles, era tan inflexible como un mártir en lo que concernía a todos los aspectos de su filosofía, se levantó y contestó bruscamente: “No tenía tal necesidad de tal hipótesis.

Naturalmente, también habrá personas que aducirán, entonces, que ellos tienen fe, o que han sentido, visto o escuchado a Dios. Lo cual es aún más endeble, porque no nos podemos fiar ni de nosotros mismos (sobre todo en asuntos extraordinarios).