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domingo, 9 de agosto de 2009

Canciones del 68 en México


Canción de los ausentes en Tlatelolco

Julio Solórzano
En una tarde de octubre
jóvenes, rostros y manos
en una plaza de piedra
mantas, puños y cantos.

Y cabezas altas
y cabezas altas.

Yo no estuve allí,
yo no estuve allí.

En una tarde de octubre
todos unidos cantandos
en una plaza de piedra
todos silencio escuchando.

Y las balas,
y las balas.

Yo no estuve allí,
yo no estuve allí.

Pero con ellos canté,
con ellos grité,
con ellos corrí,
con ellos morí.

Hoy la plaza esta quieta
y entre la iglesia y las ruinas
algunos caminan y callan
otros sufren y rabian.

Y los lloran,
y los lloran.

Pero vendrá la hora de llorarlos
con lágrimas de plomo,
con lágrimas de plomo,
con lágrimas de plomo, plomo, plomo,
llorarlos con lágrimas de plomo.


Corrido de la represión estudiantil
Judith Reyes
Soldados y granaderos,
macanas, bombas de gas,
ballonetas y fusiles,
tanques de guerra y mastines,
año del 68 y gobierno de Díaz Ordaz.

Era un 26 de julio
de gran manifestación
y en el Emiciclo a Juárez
los jóvenes celebraban
lo del asalto al Moncada
con gusto y beneración.

Otro grupo iba derecho
al Zocalo a protestar
porque un día los granaderos
asaltaron dos escuelas
allá por la Ciudadela
golpeando en forma brutal.

Que noche terrible aquella
que saña la del poder
yo desde entonces pregunto
¿en dónde están los caídos
y los desaparecidos?
que no los he vuelto a ver.

Se dice que los quemaron
en el campo militar
uno, dos, tres, cuatro y cinco
diga cuantos estudiantes
quemó por manifestarse
Marcelino Barrada.

La madrugada del 30
un batallón sorprendió
a los de la Prepa 1
que resitieron valientes
hasta que aquel bazucaso
las puertas les destrozó.

Escuela de Zacatenco
casco de Santo Tomás
Politécnico querido
cómo ha golpeado a tus hijos
el Gobierno que preside
don Gustavo Díaz Ordaz.

También a la Escuela de Arte
el ejercito llegó
y con perros policías
disolvieron la asamblea
de los jóvenes actores
que el Gobierno encarceló.

Los muchachos de Chapingo
se vinieron a sumar
con los futuros maestros
dentro del gran movimiento
del Politecnico junto
con nuestra Universidad.

¿Cuánto vale la palabra
de Corona del Rosal?
¿Cuánto vale Echeverría
y la Procuraduría junto con
Cueto Ramírez y la prensa nacional?

... el odio del pueblo
el pánico y el terror
de las madres mexicanas
que vieron por dos semanas
ametrallar a sus hijos
con odio, inquina y furor.

Heberto Castillo pudo
probar en televisión
frente a un par de locutores
que el Gobierno Mexicano
aunque nos tendió la mano
violó la Constitución.

Que mal quedaste Gustavo
que forma de gobernar
mandas diez mil asesinos
para derramar la sangre
de jóvenes estudiantes
del Distrito Federal.

¿De qué te sirvió la pose
con que apantalló el rector?
ya nadie lo toma en cuenta
y al volver la autonomía
será por la valentía
de los estudiantes de hoy.

Escucha el clamor creciendo
concedeles atención
procura que tu Gobierno
libere a Campa y Vallejo
Nieto, Castillo y el resto
y no más disolución.

Anula de una plumada
la vergüenza de tener
un cuerpo de granaderos
porque convierte a los perros
y a pedradas los queremos
hacer desaparecer.

Palomita guerrillera
repite y repetiré
que ¡Vivan los Estudiantes!
aquéllos manifestantes
que vimos por nuestras calles
con el retrato del Che.

martes, 21 de julio de 2009

Una canción
Raúl Humberto Muñoz Aragón


A las canciones de mi vida... gracias


La vida se compone de canciones, de música que nutre los sentidos, que alimenta alma y espíritu con fragmentos de nuestra historia. Amor, odio, alegría, tristeza, añoranza, júbilo; bienvenidas y despedidas; adioses, desamores, sueños, quimeras, utopías; todo cabe.

Con tequila, con tierra húmeda, con atardeceres y sin ellos; todo y nada juegan en el ritmo de una canción camino a un corazón.

Canta la vida, canta la muerte, y en sincronía con el caos nuestro de cada día le da sentido al quehacer diario, convierte los colores del arcoiris en monocronías que traen siempre los sueños de ayer; transforma los grises en danza multicolor que hace bailar a los sentidos.

La letra de una canción ha de llevarnos al hogar, a la casa donde inció este camino que a veces cansa. Con ella encontramos nuevamente las rebeldías que en la adolescencia nos hicieron saber que siempre hay un compromiso con los otros, con aquéllos que comparten nuestro mundo, nuestro tiempo.

Una melodía nos trae el amor que nos inicia nuevamente a la vida. Una lágrima suele acompañarse de una canción, con ella siempre es grata, tornandose en una dulce amargura que fortalece el corazón.

Con ellas nos reconciliamos con los otros, con aquellos prójimos que a veces no estan próximos, que no vemos, que no sentimos. Una canción es un camino para encontrarnos nuevamente, para coincidir en este andar.

La nostalgia se torna poesía y la cantamos, nos trae a ese que fuimos algún día... atrás en el tiempo... nos llena las rodillas de tierra, el corazón de vida y la mente de sueños.

Una canción, una canción sola es más que suficiente; sólo con una canción podemos vestirnos, caminar entre todas las canciones, con el alma plena de saber que siempre estará con nosotros, aún en el silencio más profundo.

Una canción nos trae la voz de nuestra madre, que en su entrega nos enseña que siempre hay una razón para vivir plenamente; nos envuelve en el abrazo firme de nuestro padre que se juega la vida por vernos vivir.

Es nuestra historia, en ella están los sueños, las quimeras, las utopías; el primer amor, el verdadero amor; las ilusiones y los dolores, la policromía de sentimientos que nos contruyen, que nos forman.

Es cemento que une cada etapa, cada parte de nosotros.

Es alegría.

Es un grito al infinito que nos trasciende, es nuestra herencia más preciada, el mejor legado que hemos de hacer.

El canto es la voz del espíritu, con él encontramos a Dios y al diablo.

Es voz de un pueblo, en ella encuentra las coplas que le impulsan a luchar, a luchar siempre. Voz que retumba en la historia de cada nación, que nos personaliza, que nos da la identidad que es nuestra presentación ante todos “ellos”, los “ellos” del mundo que también nos cantan, construyendo réplicas que dan el ritmo a cada tiempo.

“Yo no sé —igual que León Felipe— muchas cosas, es verdad.
“Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:”
la vida correr en el ritmo de un danzón, en el lamento de un canto cardenche, con la pasión de un mariachi, el desgarro de un tango, el júbilo de una tarantela.

No sé... en verdad que no sé muchas cosas, pero sí sé, y muy claro, que no hay mejor motivo que una canción.

Amor y desamor, el sueño máximo, el fin último de la vida es siempre mejor con una canción.

ymahr@yahoo.com