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viernes, 25 de marzo de 2016

Creada vida artificial más sencilla que la vida misma

Creada vida artificial más sencilla que la vida misma

Un equipo de EE UU desarrolla una bacteria sintética con 473 genes, el genoma más pequeño para existir y reproducirse

NUÑO DOMÍNGUEZ
24 MAR 2016 - 20:11CET

Desde hoy, la forma de vida más sencilla que se conoce en el planeta es artificial. Se trata de una bacteria microscópica capaz de reproducirse y que ha sido creada por un equipo de científicos en EE UU. Entre ellos está el Nobel de Medicina Hamilton Smith y el científico multimillonario Craig Venter, posiblemente el mayor gurú de la biología sintética.

Desde hace años Venter pregona que el ADN, el libro de instrucciones que regula las funciones vitales de todos los seres vivos, es como un programa de ordenador. El genoma sería a su vez el sistema operativo que hace que un organismo funcione y se reproduzca. Uno de los objetivos de este carismático científico es reescribir el código usando un ordenador para diseñar nuevas formas de vida y luego producir su genoma en el laboratorio mezclando los cuatro componentes bioquímicos básicos del ADN. Ese genoma sintético se trasplanta después a otra célula vaciada de todo su contenido genético y hace que se reinicie y comience a existir de acuerdo con su nueva programación.

En 2010, Venter anunció haber creado así la primera forma de vida con genoma sintético, una bacteria que llevaba codificado en su ADN todo lo necesario para vivir, además de varias direcciones de correo electrónico y una frase premonitoria de James Joyce: "vivir, errar, caer, intentar y, después, crear vida a partir de la vida". Era en parte una medida de seguridad para saber distinguirla de formas de vida naturales en caso de fuga o escape. El objetivo final es el diseño de vida a la carta, microbios con genomas programados para realizar funciones impensables, como producir fármacos o combustible por un precio irrisorio y con mayor eficiencia que los métodos actuales.

El nuevo estudio del equipo de Venter,publicado hoy en Science, presenta un importante paso hacia ese futuro: la creación de vida mínima. En concreto presenta una bacteria del tipo mycoplasma que tiene un genoma sintético de 473 genes. En la naturaleza, los mycoplasmas son los seres vivos autorreplicantes con un genoma más pequeño. El menor de todos ellos hasta ahora era el de una bacteria parasitaria que vive en la entrepierna de los humanos: la Mycoplasma genitalium, con 525 genes. Según el equipo de 22 científicos del Instituto Craig Venter de La Jolla, en California, y otras tres instituciones que firman el estudio, la nueva bacteria tiene la lista de genes mínima para vivir y replicarse, la expresión más simplificada de lo que es estar vivo, con permiso de los virus.

Las nuevas células, apodadas JCVI-syn3.0, se dividen para dar lugar a una hija cada tres horas, cinco veces más rápido que las mycoplasmas naturales. A cambio, la vida artificial y mínima es mucho más vulnerable, pues solo subsiste en un cultivo de laboratorio repleto de azúcar y otros nutrientes sin los que no podría existir, pues su genoma no está preparado para adaptarse a imprevistos como hacen el resto de seres vivos de este planeta.

El equipo llevaba intentando crear esta vida mínima desde 1995. Más de 20 años en los que la tecnología para secuenciar y sintetizar ADN ha dado un salto comparable al que va de los teléfonos móviles tamaño ladrillo adosados a un maletín a los smartphones de hoy. Si en la década de 1980 se necesitaban cinco años y un escuadrón de científicos para sintetizar un solo gen a partir de sus ingredientes básicos, el equipo de Venter produce una célula con genoma sintético cada tres semanas.

El equipo ha ido descartando genes superfluos con un método aleatorio que requiere mucho tiempo y dinero. Introducen en el genoma de las mycoplasmas sintéticas una cosa llamadatransposones, genes “saltarines” que aterrizan en un lugar al azar y desactivan el gen que allí se encuentre. Los científicos han ido quedándose con el paquete mínimo de genes, ni uno más, ni uno menos, para que la célula siga viva y se divida para generar hijas. Muchos de los genes eliminados tienen la misma función que otros esenciales, es decir, son repuestos. El genoma mínimo al que han llegado carece de todos los genes capaces de modificar la secuencia de ADN original, pero conserva la mayoría de genes que hacen falta para leer ese ADN, preservarlo y transmitirlo a las nuevas generaciones. Posiblemente la mayor aportación científica del estudio es que la vida mínima requiere 149 genes cuya función es totalmente desconocida, nada menos que el 30% de todo su genoma.

“El método que describimos puede aplicarse a la construcción de una célula con las propiedades que se deseen”, dicen los autores. Este método, llamado DBT por las iniciales en inglés de diseñar, construir y probar, “está solo limitado por nuestra habilidad de producir diseños con una probabilidad razonable de éxito”, añaden. Ese éxito aumentará a medida que se conozcan las funciones de todos los genes y se gane experiencia en reorganizar un genoma a voluntad, añaden. En otras palabras, la vida a la carta ya tiene libro de instrucciones.

CUANTIFICAR LA IGNORANCIA

Es un estudio “espectacular”, opina Juli Peretó, experto en biología sintética de la Universidad de Valencia cuyo estudio sobre el genoma mínimo necesario para la vida publicado en 2004 ha sido citado por Venter y el resto de su equipo como uno de los antecedentes de su investigación actual. Ese genoma era de solo 206 genes, pero, al probarlo, Venter ha demostrado que no basta, hacen falta esos 473 elementos, ni uno menos. “Se trata de un esfuerzo titánico” y es algo “muy importante para entender cómo funciona la vida”, opina este bioquímico. “En cierta forma este estudio es una cuantificación de nuestra ignorancia”, añade, en referencia a todos esos genes cuya función es desconocida y que resultan ser necesarios para que una célula exista. Esa ignorancia es equiparable a la que tenemos respecto al genoma humano, opina Luis Serrano, director del Centro de Regulación Genómica y experto en biología sintética. “Yo diría que solo conocemos a la perfección la función de un cuarto de todos nuestros genes”, reconoce. En su opinión, el nuevo estudio no presenta “ni vida sintética, ni artificial”, pues aún no se logra que los microbios tengan exactamente las funciones nuevas que ideen sus creadores.

miércoles, 15 de octubre de 2014

EL VIAJE PERFECTO

EL VIAJE PERFECTO / Raúl Humberto Muñoz Aragón
Nada es más emocionante que la vida, sea lo que ésta fuere; ya el producto de esa casualidad entre infinitas que el caos eligió en algún momento, o el resultado de los deseos y la mente de un ser superior que un buen día decidió ser en muchos. Es el viaje perfecto, a pesar de las "imperfecciones" aparentes que la rodean, pues en su inicio va ligado incuestionablemente su final, el uno le da sentido al otro.









La vida es un viaje extraordinario, pleno en intrigas, aventuras, romance, suspenso, tragedia, drama, comedia, terror. Cada uno de nosotros somos sus protagonistas, junto con miles de millones de individuos de una diversidad de especies que aún hoy son incontables; algunas fueron el puente y el enlace que llevaron a nuevos seres.
La vida, al menos lo que hoy sabemos de ella, se remonta a unos tres mil 460 millones de años, esto de acuerdo con el geoquímico Hiroshi Ohmoto y su equipo de la Universidad de Pensilvania, quienes descubrieron diminutos cristales de hematita, un mineral de hierro, en una formación de jaspe en el Cratón de Pilbara en el noroeste de Australia, demostrando con ella la existencia de una extensión de agua rica en oxígeno en ese lugar hace entre tres mil 600 y dos mil 700 millones de años, hecho que denota la presencia de microorganismos capaces de producir oxígeno mediante fotosíntesis; a partir de ellos, ha derivado toda forma de vida que ha existido y existe, de hongos a bacterias, de plantas a peces, de mamíferos a protozoarios, pasando por los entrañables dinosaurios, el mágico dodo y muchas especies que pueblan museos e imaginería.
La vida es tan maravillosa que hoy se contempla a sí misma a través de nosotros, se estudia, se altera, se inventa o se extingue y siempre se renueva, pues a pesar de nosotros mismos la vida se ha hecho para perdurar. No olvidemos que somos una especie joven que en su estado actual sólo se remonta a unos doscientos mil años, un suspiro en la historia de la vida.
El mundo hoy en día está poblado por siete mil 200 millones de seres humanos, con una tasa de crecimiento que seguirá en ascenso al menos hasta el año 2100, en el que se alcanzará la cifra de 10 mil 900 millones de habitantes, y pensar que hace 75 mil años el hombre estuvo en peligro de extinción con sólo mil 500 individuos. Nos hemos convertido en una plaga para el mundo, una plaga que tiene el propósito de depurar y ser depurada, una enfermedad que pareciera crónica, pero que tarde o temprano ha de contenerse, por bien nuestro.
Una de las grandes odiseas de la vida, y muestra de lo que el espíritu humano puede lograr, es Nicholas Winton, quien rescató a 669 niños checoslovacos antes de la Segunda Guerra Mundial a través de siete viajes en que los padres de estos pequeños se vieron en la terrible decisión de dejarlos ir y con ello salvar su vida. Hubo un octavo viaje de 250 niños que nunca salió, pues su partida coincidió con el inicio de la locura que fue la Segunda Guerra Mundial.
Con la sentencia de "si algo no es imposible, tiene que haber una manera de hacerlo…", inició una historia que guardó sólo para él durante cincuenta años, y la cual se descubrió por su esposa, un día que ella encontró en el ático una vieja maleta con fotografías, cartas y el listado de los niños que salvó. Candidato desde hace años del Premio Nobel de la Paz, mismo que hasta el día de hoy se le ha regateado, pues había un Obama o un Gore, que según el jurado lo merecían más, a pesar de que ambos en su momento han sido promotores de la guerra, de la imposición de sus ideas y creencias, de su particular forma de ver y pensar la realidad, quitándoles o al menos, negándoles a otros pueblos que piensan diferente a explorar formas alternas de encontrar lo que sus afanes les dicten.
Conocer la historia de un éxodo originado por la brutalidad (y que se llevó a cabo a pesar de la burocracia y las negativas, a veces ayudado de algunos engaños necesarios) que inició el 14 de marzo de 1939 es indispensable.
Winton no tenía tiempo para contar su historia, tenía que vivirla, construir su vida, su familia, y entre otras acciones más, ayudar a personas con discapacidad psíquica, así como construir viviendas para las personas mayores…
Y pensar que nosotros, a veces, "no tenemos tiempo" tan siquiera para ocuparnos de nosotros mismos. "No estoy interesado en el pasado. Creo que hay demasiado énfasis en la actualidad en el pasado y lo que ha sucedido. Y nadie se concentra en el presente y el futuro", éste es el pensamiento de Winton, quien en 1939 viajó a Praga por dos semanas de vacaciones y terminó salvando la vida de 669 niños, niños que se hicieron adultos y tuvieron sus propios hijos… Y al final de su vida, termina con más de 15 mil hijos. Una gran familia que sin él no existiera.
Nada es más emocionante que la vida, nada más extraordinario, es el viaje perfecto.
Ymahr@yahoo.com
Facebook.com/ymahr
@Ymahr.Nogara

IMÁGENES / El Siglo de Torreón / jueves 3 de jul 2014
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1012404.imagenes.html

sábado, 6 de junio de 2009

El arte de vagar y divagar por las ideas o
Cómo decir nada y no morir en el intento

Raúl Humberto Muñoz Aragón

La vida es el misterio mayor…
…no tenemos claro de dónde venimos y a dónde vamos.

Algunos dirán que somos el producto de una gran explosión surgida hace varios miles de millones de años, unos quince; que por azar un grupo de partículas inventan a los cuasiomnipresentes átomos que construyen este planeta que ocupamos ─y lamentablemente acabamos─, que tras una larga sucesión de ensayos aparecimos por primera vez hace poco más de cien mil años, producto de un grupo de ellos que decidió vivir.

Otros más pregonarán que salimos del barro, del que fuimos moldeados y después mutilados de una costilla para parir por primera y última vez ─un parto sublime si me preguntan─ dando lugar a la dualidad perfecta.

Dirán algunos que el camino por andar ha de llevarnos a surcar el espacio infinito, un espacio tan lleno de vacío ─un vacío tan poblado de materia y energía oscura, que ni conocemos, ni hemos visto, que sólo intuimos… y que quizá sea sólo el abrazo de ese “Hacerdor” nuestro que se sonríe discretamente al vernos tratar de entender─, pero que aún él tiene el tiempo contado pues sólo nos quedan unos cincuenta mil millones de años, horas más, horas menos.

Otros ─eso otros, tantos otros que a veces se convierten en prójimos cómodos; aunque no faltan los incómodos, esos herejes que se atreven a pensar diferente y que hay que borrar del mapa pues nos enseñan un mundo distinto que no queremos conocer, ni entender─ estarán ciertos que hay un mundo más allá de este que vemos todos los días y que para acceder a él, hemos de ser harto probos y demás hierbas.

No se que tan cierto sea todo lo escrito anteriormente ─quizá sólo sea ese diálogo absurdo que en ocasiones practico conmigo mismo, un yo que a veces despierta y me sacude de las comodidad de ser yo, los tantos yo que he sido y que quizá seré─, sólo tengo claro una cosa, que son las eternas preguntas del ser humano, preguntas que tienen tantas respuestas como individuos que hoy ─incluidos los de ayer y los de mañana─ caminamos por este diminuto grano de arena, que al fin de cuentas sólo somos un “montón” de átomos que aprendieron a pensar, a soñar, a reír, a llorar, a divagar, y en ello iniciaron un proceso creativo que nos ha hecho cuestionarnos a nosotros mismos, a todo lo que somos y podemos ser o hemos sido.

La Filosofía nos es tan ajena como respirar, pues “filosofamos” siempre, estando solos o acompañados; ante un partido de béisbol o la Capilla Sextina; con una copa en la mano o una mano en la mano amada; con una lágrima en la mejilla o una sonrisa en el corazón; cuando vemos el cielo como añorando regresar a ese primer instante en que todos éramos uno; un átomo primigenio perdido en el tiempo ido, en el que todos cabíamos, tan juntos que no teníamos noción del otro, pues también éramos ese otro; un otro que hoy nos es tan ajeno, que hasta pensamos que es nuestro enemigo, un espacio infinitamente pequeño donde cabían cruces, estrellas, lunas crecientes, flores de loto, pues unas eran las otras y viceversa.

Tal vez sólo seamos el sueño que alguien más sueña, ese “Hacedor” nuestro, al menos eso explicaría un poco los absurdos que vemos a cada paso, pues los sueños a veces suelen ser harto absurdos y les gusta jugar a las pesadillas para pasar el rato.

Hemos de buscar siempre y quizá, sólo quizá, al final acabemos de encontrarnos a nosotros mismo… me gusta pensar que puede ser en un bar, con una copa de vino, un trozo de queso, esa canción que nos alimentó la vida, una sonrisa, un atardecer y los ojos tan llenos de nosotros que griten que hemos sido.

Entender los por qué de la vida puede tornarse en un absurdo, pues sin duda es una más de las quimeras del hombre, un anhelo por ese estadio superior en que las utopías son diario andar; lo cierto que navegar por las ideas puede ser muy divertido y eso de “filosofar” es sin duda un buen deporte para la vida.

6 de junio de 2009
ymahr@yahoo.com