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miércoles, 25 de mayo de 2016

Subiendo escaleras para abajo

Subiendo escaleras para abajo
Raúl Humberto Muñoz Aragón

La vida es simple, divertida y emocionante; sin duda, la mejor y más plena aventura, el origen de cualquier historia, plena en ayeres y mañanas en los que todo cabe, donde todo es posible. En ella, se encuentran continuamente los antípodas, las paralelas se cruzan una y otra vez construyendo un telar en que la realidad y la ficción se fusionan en intersubjetividades que nos definen. Y a pesar de lo rebuscado que podamos hacer de ella, siempre se encuentra a nuestro alcance el hacer de ella lo que nuestros sueños sueñen.

La vida es el motor que mueve en un continuo ideas enmascaradas de información, ésas que conforme pasa el omnisciente e inexistente tiempo hace de hombres y mujeres seres acartonados, seres -en la "realidad" que sus sentidos pueden atrapar- que olvidan un poco los ayeres que les enseñaron que nada era más importante que la felicidad, una cotidianidad ida en que lo único indispensable era leer, reír a carcajadas y soñar despierto.

Las decisiones que tomamos día a día con lo que de nosotros han hecho dibujan el sendero por el cual se alimenta el alma, en ellas se dibuja la personalidad que nos hace diferentes y en la que a su vez se definen la identidad que nos acerca a los otros. Así, con el paso del tiempo, se espera de nosotros el ser cada día más centrados, maduros, serios, comprometidos con hacer aquello propio y adecuado de un hombre de medio siglo. Un hombre que ha tenido en su haber un recorrido por el tiempo que le debió conducir a estadios donde todo debe ser serio… aunque a veces algo en la programación falla, eso que han metido en nuestra conceptualización individual se trastoca dando como resultado bichos raros.

Ocurre que hace unas pocas semanas se cambió a la señora de intendencia que tiene encomendado realizar la limpieza en mi oficina en la universidad. Ella es un espíritu simple, sencillo, es franca y quizá por esa franqueza pareciera un poco impertinente, además de directa y clara. Su encuentro con un servidor ha sido muy particular, esto por muchas de las manías que he ido acumulando en esta casi media centuria y que me han llevado a esos caminos fallos de la programación de aquello que "debieraser".

Una de las muchas manías que tengo en mi haber es la forma en que me siento. Siempre en una posición similar a la llamada de loto, con las piernas siempre arriba de la silla, doblada una sobre la otra. Eso entre otras cosas ha producido la inquietud, sorpresa y a veces uno que otro susto a las personas de limpieza de la UAL, pues al acudir a barrer o trapear se dan cuenta de que mis pies no están en el suelo, generando con ello muchas ideas en torno a cómo es que he llegado a sentarme en el sillón, sorpresa que se magnifica cuando de pronto mis pies bajan del sillón y me levanto para hacer alguna de las tareas que he de realizar en esto de ser un individuo productivo, así como la sociedad lo demanda.

Esta manía mía fue una de las primeras peculiaridades que se dieron entre el encuentro de la señora de intendencia y quien escribe. La otra se dio cuando por fin ve todo lo que hay en mi oficina que la hace por lo menos un poco singular. En ella, hay en un pizarrón de corcho ubicado a mi siniestra en la cual se encuentran una parte de mi colección de billetes, en él está un primer espacio para otro de mis afanes, la notafilia y la numismática, aunque esos billetes pudieran pensarse de un joven viejo que colecciona pedazos de papel que le recuerdan los años idos, en ellos alimenta un poco de nostalgia.

Las particularidades se incrementan a mi espalda y son razón de la forma en la que me definió la citada señora de limpieza. Tras mí, se encuentran un trío de repisas en las que hay entre otras cosas, una serie de libros de fotografía, comunicación, investigación, semiótica, semántica y lenguaje; entre ellos, una serie de cómics, específicamente la serie de Injustice de DC Comics, y uno de mis tesoros personales, una vieja historieta de Capulinita. Además de estos objetos, hay un grupo de "figuras de acción" -juguetes, diría la señora- entre ellas Goku, Link, Mario Bros, Darth Vader, un par de tazas, una de Tinieblas -el luchador- y otra de Batman.

Una fotografía de mi pequeña, un cubo de rubik con algunas variantes que suman unos cuatro o cinco más; un hombre de Vitrubio, unas tarjetas de Leonardo Da Vinci, varios Hot Wheels, entre los que se encuentra "El halcón milenario", el auto de los Supersónicos, de los Picapiedras, de los Simpson, el USS Enterprice NCC 1701, el Batimovil de los 60…

Como se supondrá, eso se convierte en un reto para el momento de quitar el polvo, porque he de decir que la señora, además de todo, tiene cierta obsesión por la limpieza, hecho que la orilló en algún momento a detenerse en su quehacer y quizá sin pensarlo, o tras pensarlo mucho, la verdad no lo sé. Solo de pronto me dijo: "usted todavía es de juguetes"… y he aquí un diagnóstico claro que a veces los caminos se tuercen un poco.

El Siglo de Torreón / Imágenes / 22 de mayo de 2016

jueves, 3 de abril de 2014

No tengo dudas... sólo tengo juguetes

No tengo dudas… sólo tengo juguetes


Raúl Humberto Muñoz Aragón

Mi esposa es psicóloga; una apasionada de la psicología y sus diferentes ramas si es que he de ser más preciso; interesada siempre en saber tantos por qué, que inevitablemente me recuerda esa etapa en los niños –pensamiento que se refuerza cuando si algo la hace reír, su carcajada es tan franca como toda la libertad con que ella es, sin importar más nada–.

A esta pasión, la psicología, se suma a otro de sus mayores afanes, los niños –afán que se magnifica y potencializa con Miranda, sí, nuestra hija–, Ali, mi esposa, es una personas culta e inteligente, capaz de entablar conversación con personas de las más diversas condiciones y situaciones; en todas ella su empatía es tal que logra establecer lazos de comunicación que suelen ser muy efectivos; haciendo que su labor en las aulas y en la clínica de resultados exitosos. Su profesionalismo y su capacidad de encontrar lo sorprendente y maravilloso de cada individuo la hacen altamente competente.

Todo lo citado anteriormente tiene un propósito, lo menciono porque he de iniciar mi construcción con un par de anécdotas que harán claro aquello que quiero contar, al menos eso espero. La primera, ocurre que un día, estando ella con un grupo de niños preparando una dinámica –esas que se inventan los psicólogos para ver espíritu y mente de sus pacientes–; ya les había entregado el material de trabajo y les estaba indicando las instrucciones a seguir, eran tres o cuatro niños que atentamente escuchaban las instrucciones que Ali, muy sesuda y empáticamente les hacía. El más pequeño, en aquel entonces de sólo tres años, aunque ansioso por iniciar el juego, no perdía detalle de lo que le estaba indicando su maestra, no sin que sus manos y mente ansiaran iniciar una actividad que prometía el momento tan anhelado de diversión.

Una vez concluida la exposición de mi esposa, ella, les pregunta a los pequeños si tienen una duda; todos, salvo el más pequeño, contestan que no; él en cambio, con la mano levantada en demanda de atención urgente, enfrentando un dilema que no alcanza a entender del todo le contesta “no tengo dudas… sólo tengo juguetes”. He ahí la mágica visión de un niño, que en su respuesta va la síntesis de nuestra primera visión del mundo, uno en que las dudas se pueden permutar por juguetes, que a fin de cuentas nada más lúdico que el conocimiento; la sorpresa y la maravilla de descubrir lo que en derredor nuestro hay es inigualable. Las palabras de Whitman en el sentido de que su educación era perfecta hasta que la escuela la echó a perder es una sentencia clara, precisa, cierta.

Jugar con la duda, convertirla en interrogante que, como un rompecabezas, nos lleve a conocer nuevo derroteros para esto que se llama realidad, donde el conocimiento y la creatividad –ese pensamiento divergente que está en todos nosotros nos puede dar respuestas diferentes y con ellas explorar nuevos caminos que nos lleven a mejores destinos– son destino.

“Duda” es una palabra que en su haber tiene connotaciones no muy gratas, incómodas, esotéricas e incluso un poco negativas; es está permuta por “Juguete” pude regresarnos, recordarnos lo grato que es aprender, y que a veces, en la escuela, nos enseñan a odiar tanto, que a los pocos que aún tienen el valor de conservar ese placer por aprender los llamamos “ñoños” o “nerds”, y a veces, como padres, queremos todo, menos un hijo “nerd”.

¿Qué pasaría si…? Esta es la segunda anécdota, y es un juego que mi esposa y su hermano, cuando pequeños, jugaban con su madre –profesora con un alto compromiso y empeño por facilitar el camino a los niños para alcanzar el conocimiento– en los viajes diarios a clases, que a fin de cuentas media hora hace posible el convertir dudas en juguetes, haciendo de ellos el vehículo perfecto para aprender. Solo hay una regla, dar por sentado que, por aparentemente absurda que sea la pregunta, hay que contestarla como si fuera verdad inobjetable y en consecuencia contestar… Así si la pregunta es ¿qué pasaría si la Luna fuera de queso?, habría que contestar todas las posibilidades que eso implicaría, hasta elucubrar de qué tamaño sería la tortilla para hacerla quesadilla o el número de ratones que podrían comerla o, encontraríamos que en verdad la Vía Lactea es una gran proveedora de leche que hace posibles tales tamaños de queso, y quizá una mordida a la Luna sea una experiencia plena para los sentidos.

Parecería absurdo, pero estos cuestionamientos tienen una potencialidad enorme para desarrollar ese pensamiento divergente, creativo, que tanto hace falta. La locura es necesaria, ella debe alimentar el ritmo de la vida. Los locos que enfrentan molinos de viento, que construyen castillos en el aire son quienes nos han de salvar de esta realidad tan inequitativa que nos tiene aletargados…

¿Qué pasaría si hiciéramos de “Imagine” una profecía escrita en algún trance en que Lennon visualizó su futuro?, un presente cercano y posible para nosotros; quizá hoy estaríamos trabajando en hacerla realidad… “…Imagine all the people living life in peace (…) Imagine all the people sharing all the world. You may say that I'm a dreamer, but I'm not the only one…”


ymahr@yahoo.com

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/971856.imagenes.html