viernes, 17 de julio de 2009

Yo te nombro

Gian Franco Pagliaro se basa en el poema Libertad de Paul Eluard (Poesía y verdad, 1942) para escribir esta extraordinaria canción.

Video tomado de http://www.youtube.com/watch?v=Lv73iQhYHgA&feature=related Interpretado por el grupo argentino Sanampay.



Por el pájaro enjaulado.

Por el pez en la pecera.
Por mi amigo, que está preso
porque ha dicho lo que piensa.
Por las flores arrancadas.
Por la hierba pisoteada.

Por los árboles podados.
Por los cuerpos torturados
yo te nombro, Libertad.

Por los dientes apretados.
Por la rabia contenida.
Por el nudo en la garganta.
Por las bocas que no cantan.
Por el beso clandestino.
Por el verso censurado.
Por el joven exilado.
Por los nombres prohibidos
yo te nombro, Liberdad.


Te nombro en nombre de todos
por tu nombre verdadero.
Te nombro y cuando oscurece,
cuando nadie me ve,
escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad.
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad.
Tu nombre verdadero,
tu nombre y otros nombres
que no nombro por temor.

Por la idea perseguida.
Por los golpes recibidos.
Por aquel que no resiste.
Por aquellos que se esconden.

Por el miedo que te tienen.
Por tus pasos que vigilan.
Por la forma en que te atacan.
Por los hijos que te matan
yo te nombro, Liberdad.

Por las tierras invadidas.
Por los pueblos conquistados.
Por la gente sometida.
Por los hombres explotados.
Por los muertos en la hoguera.
Por el justo ajusticiado.
Por el héroe asesinado.

Por los fuegos apagados
yo te nombro, Liberdad.

Te nombro en nombre de todos
por tu nombre verdadero.
Te nombro y cuando oscurece,
cuando nadie me ve,
escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad.
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciud
ad.
Tu nombre verdadero,
tu nombre y otros nombres
que no nombro por temor.
Yo te nombro, Libertad.


He aquí el poema traducido al español.

Libertad
Poesía y verdad (1942)
Paul Eluard

Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

martes, 14 de julio de 2009

Tres chanates y la luna


Jugar a la vida / E. Balleste

Video tomado de http://www.youtube.com/watch?v=G3S_LTql8nA


Por las calles voy hilando,
el collar de mi pasión,
por las calles voy contando
las monedas de mi amor.

Por la calle voy buscando
la humedad de la razón,
por la calle voy dejando
la envoltura del dolor.

Por la calle voy volando
como vuela el ruiseñor,
por la calle voy cantando,
con mi traje, mi canción.

Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.
Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.

En mi casa, mi familia
se adormila en su sillón,
en mi casa se ha quedado
a vivir la tradición.

En mi casa las paredes
se respetan como un dios,
en mi casa hay una iglesia
que se llama comedor.

En mi casa, a mis padres,
yo les hablo con su voz,
pero, a veces, en mi casa
el silencio es lo mejor.

Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.
Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.

En tu casa yo me pierdo
yo me encuentro y al fin soy,
en tu casa yo deshago,
con mis manos, una flor.

En tu casa yo inauguro
hasta el último rincón,
en tu casa yo me ahogo
con el agua de tu voz.

En tu casa hay señales
que me dicen donde estoy,
pero a veces, en tu casa,
yo me encuentro y no soy.

Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.
Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.

Y de nuevo, en la calle,
me remiendo la ilusión,
y de nuevo, en la calle,
yo me muerdo el corazón.

Y de nuevo, en la calle,
yo me vuelvo parador
y me ofrezco en barata
sin abono y sin fiador.

Y de nuevo, en la calle,
yo me creo lo que soy,
y pintándome de bueno
voy cantando mi canción.

Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.
Esto de jugar a la vida
es algo que, a veces, duele.

sábado, 6 de junio de 2009

Noche de ronda

El arte de vagar y divagar por las ideas o
Cómo decir nada y no morir en el intento

Raúl Humberto Muñoz Aragón

La vida es el misterio mayor…
…no tenemos claro de dónde venimos y a dónde vamos.

Algunos dirán que somos el producto de una gran explosión surgida hace varios miles de millones de años, unos quince; que por azar un grupo de partículas inventan a los cuasiomnipresentes átomos que construyen este planeta que ocupamos ─y lamentablemente acabamos─, que tras una larga sucesión de ensayos aparecimos por primera vez hace poco más de cien mil años, producto de un grupo de ellos que decidió vivir.

Otros más pregonarán que salimos del barro, del que fuimos moldeados y después mutilados de una costilla para parir por primera y última vez ─un parto sublime si me preguntan─ dando lugar a la dualidad perfecta.

Dirán algunos que el camino por andar ha de llevarnos a surcar el espacio infinito, un espacio tan lleno de vacío ─un vacío tan poblado de materia y energía oscura, que ni conocemos, ni hemos visto, que sólo intuimos… y que quizá sea sólo el abrazo de ese “Hacerdor” nuestro que se sonríe discretamente al vernos tratar de entender─, pero que aún él tiene el tiempo contado pues sólo nos quedan unos cincuenta mil millones de años, horas más, horas menos.

Otros ─eso otros, tantos otros que a veces se convierten en prójimos cómodos; aunque no faltan los incómodos, esos herejes que se atreven a pensar diferente y que hay que borrar del mapa pues nos enseñan un mundo distinto que no queremos conocer, ni entender─ estarán ciertos que hay un mundo más allá de este que vemos todos los días y que para acceder a él, hemos de ser harto probos y demás hierbas.

No se que tan cierto sea todo lo escrito anteriormente ─quizá sólo sea ese diálogo absurdo que en ocasiones practico conmigo mismo, un yo que a veces despierta y me sacude de las comodidad de ser yo, los tantos yo que he sido y que quizá seré─, sólo tengo claro una cosa, que son las eternas preguntas del ser humano, preguntas que tienen tantas respuestas como individuos que hoy ─incluidos los de ayer y los de mañana─ caminamos por este diminuto grano de arena, que al fin de cuentas sólo somos un “montón” de átomos que aprendieron a pensar, a soñar, a reír, a llorar, a divagar, y en ello iniciaron un proceso creativo que nos ha hecho cuestionarnos a nosotros mismos, a todo lo que somos y podemos ser o hemos sido.

La Filosofía nos es tan ajena como respirar, pues “filosofamos” siempre, estando solos o acompañados; ante un partido de béisbol o la Capilla Sextina; con una copa en la mano o una mano en la mano amada; con una lágrima en la mejilla o una sonrisa en el corazón; cuando vemos el cielo como añorando regresar a ese primer instante en que todos éramos uno; un átomo primigenio perdido en el tiempo ido, en el que todos cabíamos, tan juntos que no teníamos noción del otro, pues también éramos ese otro; un otro que hoy nos es tan ajeno, que hasta pensamos que es nuestro enemigo, un espacio infinitamente pequeño donde cabían cruces, estrellas, lunas crecientes, flores de loto, pues unas eran las otras y viceversa.

Tal vez sólo seamos el sueño que alguien más sueña, ese “Hacedor” nuestro, al menos eso explicaría un poco los absurdos que vemos a cada paso, pues los sueños a veces suelen ser harto absurdos y les gusta jugar a las pesadillas para pasar el rato.

Hemos de buscar siempre y quizá, sólo quizá, al final acabemos de encontrarnos a nosotros mismo… me gusta pensar que puede ser en un bar, con una copa de vino, un trozo de queso, esa canción que nos alimentó la vida, una sonrisa, un atardecer y los ojos tan llenos de nosotros que griten que hemos sido.

Entender los por qué de la vida puede tornarse en un absurdo, pues sin duda es una más de las quimeras del hombre, un anhelo por ese estadio superior en que las utopías son diario andar; lo cierto que navegar por las ideas puede ser muy divertido y eso de “filosofar” es sin duda un buen deporte para la vida.

6 de junio de 2009
ymahr@yahoo.com