martes, 29 de junio de 2010

Peña Nieto “El Golden Boy del Estado de México”

Peña Nieto “El Golden Boy del Estado de México”

Denise Dresser

El copete acicalado. La sonrisa diamantina. La novia famosa.. El Gobierno dadivoso. La publicidad omnipresente. La pantalla alquilada. La alianza del guapo y los corruptos. Los componentes centrales del modelo de competencia política que el PRI construye y con el cual logra ganar. Los ingredientes fundamentales de la estrategia que el PRI despliega y con la cual logra arrasar.

Una ecuación cuidada, perfectamente planeada: cara bonita + dinero + televisoras + publicidad + PRI dinosáurico = triunfo electoral. Una fórmula concebida en el Estado de México y ahora instrumentada exitosamente a nivel nacional. Una fórmula patentada por los artífices de la “experiencia probada”, en busca de algo que puedan vender como “nueva actitud”. El modelo bombón. El modelo “Golden Boy”. El modelo Peña Nieto.

Con resultados a la vista y confirmados en esta elección. Distrito tras Distrito, Presidencia municipal tras Presidencia municipal, Diputación tras Diputación, Estado tras Estado. Corredores azules que se vuelven tricolores; bastiones panistas que pasan a manos priistas; territorios del PRD que dejan de serlo. Guadalajara y Zapopan y Cuernavaca y Toluca y Ecatepec y Tlalnepantla y Atizapán y Naucalpan. Tan sólo en el Estado de México, el triunfo en 40 de 45 distritos electorales.

El PRI, beneficiario del voto de castigo por una economía que se contrae más del 7 por ciento. El PRI, beneficiario de la inseguridad que la popularidad presidencial no logra remediar. El PRI, beneficiario de un PRD que se devora a sí mismo y un PAN que se traiciona a sí mismo. Pero más importante aún, el PRI beneficiario de la mejor inversión que ha hecho en tiempos recientes: la campaña publicitaria permanente que lleva a miles de mujeres a exclamar -en mítines de campaña- “Peña Nieto bombón, te quiero en mi colchón”.

El “Astro Boy de Atlacomulco”, una criatura concebida por la dinastía política más importante del País que ahora busca dominarlo de nuevo. El político Potemkin, producto de un entramado de intereses políticos y empresariales que combina la modernidad mediática para llegar al poder, con los viejos métodos para ejercerlo.

El mexiquense metrosexual construido con carretadas de dinero: por lo menos 3 mil 500 millones de pesos en cuatro años de autopromoción mediática descritos por Jenaro Villamil en su nuevo libro “Si yo fuera presidente: el reality show de Peña Nieto”. El posible candidato presidencial, seleccionado, asesorado y adiestrado por personajes como Arturo Montiel y Alfredo del Mazo y Carlos Salinas de Gortari y ejecutivos de Televisa y muchas manos más que peinan el copete. Venden el producto. Posicionan la marca.

Enrique Peña Nieto, emulando a diario la estrategia salinista basada en la inauguración de grandes obras y el cumplimiento de pequeños compromisos. Promocionando a diario la lista de libramientos construidos, tractores regalados, apoyos económicos entregados.

Ejemplo de lo que Octavio Paz llamó el “Ogro Filantrópico”; ese Estado que no construye ciudadanos, sino perpetúa clientelas. Millones de mexicanos educados para vivir con la mano extendida, parados en la cola, esperando la próxima dádiva del próximo político. Como los 9 mil que se aprestaron a celebrar el cumpleaños de Mario Marín hace unos días y los 200 que hicieron cola para abrazarlo. Como aquellos para quienes la corrupción se vale cuando es compartida. Como aquellos que volvieron a votar por el PRI en el Estado de México, a pesar de las marrullerías de Arturo Montiel y las marometas llevadas a cabo por su sucesor para encubrirlo.

Enrique Peña Nieto, actor de un espectáculo continuo, perfectamente producido, escenificado y actuado en la pantalla más grande del País. El candidato de “El Canal de las Estrellas” que hasta novia le consiguió. El candidato que las televisoras hacen suyo y se encargan de edificar. Con promoción política disfrazada de infomercial; con paquetes publicitarios que incluyen la compra de entrevistas en los principales noticieros; con la cobertura de un romance que recibe más atención que la guerra contra el narcotráfico; con el silencio televisivo que se guarda sobre el caso de Atenco o los feminicidios en el Estado de México o cualquier tema controvertido que podría evidenciar las fauces del joven dinosaurio.

Hay un Plan de Trabajo que Televisa ha puesto en marcha y cuyas instrucciones Peña Nieto sigue al pie de la letra: te doy la pantalla desde la cual propulsarte y me das una Presidencia a la medida de mis intereses. Un trueque permanente de favores, dinero, gestión política a cambio de impunidad y promoción mediática.

Como advierte Julio Scherer García, la fórmula Peña Nieto es sencilla: comprar el tiempo en la televisión, corromper y corromper, mentir y mentir, aprender que a los aprendices se les puede y debe aprovechar. Todo para apoyar al joven muñeco, atractivo por su presencia física, a costa de la inteligencia y la pulcritud moral. Todo para que el poder regrese a las manos de la mafia. Todo para que el PRI vuelva a Los Pinos.

lunes, 28 de junio de 2010

Cuando la humanidad casi se extinguió

Cuando la humanidad casi se extinguió*

Durante mucho tiempo, los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos estuvieron al borde de la desaparición.

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Hace aproximadamente 1,2 millones de años, solamente había 18 500 seres humanos reproduciéndose sobre el planeta. Según los investigadores, esto evidencia que hubo un verdadero riesgo de extinción para nuestros ancestros primitivos.

Más aún, según un nuevo estudio parece que los seres humanos tardaron al menos un millón de años para recuperarse del apuro. No fue sino hasta la aparición de los humanos modernos, Homo sapiens, hace unos 160 000 años y su migración hacia fuera del África, que el lugar de la humanidad sobre la Tierra quedó asegurado. Dos factores ayudaron a la supervivencia de la humanidad: una dieta crecientemente carnívora y el dominio del fuego.

En un informe on-line de PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), “Mobile elements reveal small population size in the ancient ancestors of Homo sapiens”, los investigadores descubrieron que hace 1,2 millones de años el tamaño efectivo de la antigua población humana era de unos 18 500 individuos, y que no pudo haber sido mayor de 26 000. Esto significa que la población de Homo erectus, un ancestro de los humanos modernos, fue pequeña incluso en una época en la especie se estaba esparciendo por todo el mundo. Esto implica que “una población inusualmente pequeña para una especie diseminada por todo el viejo mundo”, escriben los autores. “Es una historia de existencia precaria no solamente para nuestra especie sino para nuestros ancestros”, dice la co-autora Lynn Jorde, una geneticista humana de la universidad de Utah, en Salt Lake City.

Una de las cosas que han intrigado por largo tiempo a los investigadores es que los seres humanos modernos carecen de la variabilidad genética que se encuentra en otros primates vivos. Comparados con los chimpancés o los gorilas, la variabilidad genética humana es notablemente pequeña, incluso aún cuando nuestra población actual es muchísimo mayor que la de cualquier otra especie de grandes simios.

Una explicación para esta carencia de variabilidad es que nuestra especie experimentó eventos en los cuales murió una porción significativa de la población humana. Algunos investigadores propusieron que la carencia de variabilidad en nuestro ADN mitocondrial heredado maternalmente sugiere que estos eventos tuvieron lugar hace relativamente poco tiempo, quizás cuando nuestros ancestros estaban emigrando de África.

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Los humanos primitivos emigraron desde África.
© theresilientearth.com

Un posible incidente fue la erupción del súper volcán del Toba, hace 70 000 años en Indonesia. Algunos científicos han especulado con la idea de que la erupción pudo haber disparado un “invierno nuclear” al que sobrevivieron menos de 15 000 individuos. Otros estudios genéticos atribuyeron nuestra baja variabilidad genética a números crónicamente bajos, con hasta apenas 10 000 seres humanos reproduciéndose en diferentes momentos a lo largo de los últimos dos millones de años. Hasta este momento ha habido problemas técnicos con todos estos estudios, haciendo que sus conclusiones fueran inciertas.

En el caso de la investigación de PNAS, un nuevo método de estudio de marcadores a lo largo de todo el genoma está permitiendo que los geneticistas observen hacia atrás en el tiempo, hasta antes de la aparición de nuestra especie hace 200 000 años.

Jorde y sus colegas utilizaron pequeños trozos de ADN que se insertan aleatoriamente en el genoma, conocidos como Alus, como sondas para buscar partes antiguas del genoma. Esto permitió a los investigadores cartografiar la historia poblacional de nuestros ancestros realmente antiguos, tales como el Homo erectus.

Según los autores:

Al comparar la probabilidad de varios modelos demográficos, estimamos que el tamaño efectivo de la población de ancestros humanos que vivieron hace más de 1,2 millones de años fue de unos 18 500, y que podemos rechazar todos los modelos en que la población efectiva antigua fue superior a 26 000. Este resultado implica una población inusualmente pequeña para una especie diseminada por todo el mundo antiguo, particularmente a la luz de los tamaños efectivos de población para los chimpancés (21 000) y los gorilas (25 000), los cuales habitan cada uno de ellos solamente una parte de un único continente.

Resulta asombroso pensar cómo una población tan diminuta de seres humanos se las arregló para diseminarse por la faz del planeta, hasta el punto de que hoy en día el H. sapiens puede ser encontrado habitando todos los continentes bajo toda suerte de condiciones ambientales. Desde el frío ártico hasta el calor tropical, desde las selvas empapadas hasta los desiertos áridos, desde el nivel del mar hasta las alturas de las montañas, los seres humanos se encuentran literalmente en todos los lugares de la Tierra. Los humanos se esparcieron por el mundo antes de la civilización, antes de que la tecnología se elevara por sobre los cuchillos de pedernal y los palos aguzados. ¿Qué es lo que puede explicar el éxito de nuestros ancestros?

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Para nuestros ancestros, no era fácil conseguir su almuerzo.
© theresilientearth.com

Vistos como animales salvajes, los seres humanos no son particularmente impresionantes. Pobremente aislados al carecer de pelambre y notablemente débiles, incluso un chimpancé inmaduro es más fuerte que un ser humano adulto. Nuestras uñas y dientes parecen particularmente inexpresivos, no aptos para la defensa y mucho menos para la caza; intenten saltar sobre el lomo de un búfalo y conseguir un bocado solamente con el equipo con que nos ha provisto la naturaleza, y comprenderán lo que quiero decir. Los humanos parecen ser un improbable depredador superior, y sin embargo se las han arreglado para elevarse hasta el tope de la cadena alimenticia mundial y se han adaptado a todos los medioambientes terrestres.

Los antropólogos dirán que la inteligencia de nuestros ancestros fue la clave para el éxito de la humanidad. Desde hace 1,9 millones hasta unos 200 000 años atrás, nuestros ancestros triplicaron el tamaño de sus cerebros. Nuestros grandes cerebros nos permitieron desarrollar armas que aumentaron el pobre equipamiento estándar que nos dio la naturaleza.

La inteligencia también permitió que desarrolláramos el lenguaje para comunicarnos mejor, y que diseñáramos complejas estrategias de caza que otros cazadores de manada apenas podrían soñar. Y no nos equivoquemos, la caza jugó un papel esencial en el desarrollo humano.

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A pesar de los balbuceos de PETA y de otros grupos vegetarianos radicales, nuestros ancestros eran carnívoros. El cerebro consume 60% de la energía gastada por un recién nacido en reposo. El cerebro de un adulto en reposo consume el 25% de su energía, a diferencia del 8% utilizado en promedio por los simios. La expansión del cerebro humano demandó una nueva fuente de energía. Según un duradero conjunto de evidencias hubo dos cosas que permitieron a los seres humanos crear cerebros más grandes: la carne y la cocina.

Hace unos dos millones de años, poco después de la aparición del género Homo, nuestros ancestros comenzaron a comer más carne, descuartizando a los animales con herramientas de piedra. Las primeras herramientas de piedra aparecieron en Etiopía hace unos 2,7 millones de años, junto a la evidencia de que los homínidos las estaban utilizando para descuartizar carroña y extraer el tuétano de los huesos.

En el registro fósil no aparecieron otros grandes cambios en la anatomía humana hasta un millón de años después. Según el paleontólogo Alan Walker de la universidad estatal de Pennsylvania, un cráneo H. erectus de 1,6 millones de años de antigüedad indica un cerebro del doble de tamaño de otros australopitecinos. También alrededor de esa época, sitios arqueológicos indican que el H. erectusestaba trasladando carcazas a los campamentos para posterior descuartizamiento y reparto. La explicación tradicional es que el H. erectus era un mejor cazador y carroñero y que comía más carne cruda que sus ancestros de cerebro más pequeño.

El primatólogo Richard Wrangham de la universidad de Harvard cree que además de convertirse en carnívoros, nuestros ancestros comenzaron a cocinar. En efecto, el cocido predigiere la comida, permitiendo a los humanos primitivos digerir el mismo número de calorías con menos esfuerzo.

“Incluso pequeñas diferencias en la dieta pueden tener grandes efectos sobre la supervivencia y sobre el éxito reproductivo”, sostiene. Pero una dieta de carne cruda de ñu o de antílope no es suficiente como para explicar estos cambios dramáticos, dice Wrangham. Hace notar que el H. erectus tenía dientes pequeños, más pequeños que los de sus ancestros. Otros carnívoros se adaptaron a comer carne cruda aumentando el tamaño de sus dientes. Arguye que aunque los ancestros más primitivos comieran carne cruda, el H. erectus debe haberla asado, acompañada de raíces de vegetales o como un recurso cuando los cazadores no traían el tocino al hogar. “El cocido produce alimentos suaves y ricos en energía”, dice.

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Cronograma de eventos humanos.
© J. Newfield/Science

Para el momento en que los humanos modernos llegaron a Europa, hace unos 40 000 años, eran adeptos a la caza mayor y habían ampliado sus paladares para alimentarse regularmente de animales pequeños y de peces de agua dulce; esto según Michael Richards de la universidad de Columbia Británica y Erik Trinkhaus de la universidad de Washington, en un informe de PNAS (véase Isotopic evidence for the diets of European Neanderthals and early modern humans).

Al estudiar las relaciones de isótopos de carbono y de nitrógeno del colágeno de los huesos, rastrearon las fuentes principales de proteína dietaria de 27 neandertales y europeos primitivos. Richards y Trinkhaus descubrieron que el humano moderno más antiguo que se conoce en Europa (la mandíbula de 35 000 años de antigüedad proveniente de la caverna de Pestera Cu Oase en Rumania) obtuvo buena parte de su proteína del pescado. Hace unos 30 000 años, otros humanos modernos obtenían hasta el 20% de su proteína a partir del pescado. Comparados con nosotros, nuestros ancestros “comían carne, más proteína, menos carbohidratos refinados, y nada de leche”, según la fisióloga Loren Cordain de la universidad del estado de Colorado.

Encuentro interesante que las dos cosas que nos convirtieron en humanos, el comer carne y el uso del fuego, están ahora bajo ataque por parte de aquellos que se encuentran en el límite lunático de las sociedades ricas. Nos dicen que comer carne es un pecado, un comportamiento atávico solamente apropiado para los salvajes, y que quemar cosas produce CO2 que seguramente traerá la ruina a nuestro mundo. Parecería que muchos de los tan sofisticados pensadores del mundo moderno han olvidado de dónde venimos y cuán cruel e indiferente puede ser la naturaleza. Como dijo el comediante Jon Stewart: “Lo único que sacó a la humanidad de las tinieblas fue quemar cosas. Frotamos dos palitos y de pronto pudimos comer comida cocida”.

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Homo neanderthalensis, un pariente extinguido.
© theresilientearth.com

Mientras entrevistaba al conocido alarmista del calentamiento global Al Gore, Stewart, el anfitrión de The Daily Show de Comedy Central, le dijo al antiguo vice-presidente de los EE.UU., “Ud. no está simplemente luchando contra la era de la revolución industrial, Ud. está luchando contra todos los años del progreso humano”.

Stewart, un comediante que se inclina notablemente hacia la izquierda en su política, se las arregló para resumir la situación muy bien: “Es un cambio mucho más fundamental de lo que pienso que los ambientalistas se dan cuenta. Es la idea de que la vida que los seres humanos han forjado fue creada a través de cierto componente de las cosas combustibles que encontramos”. De modo que encendamos un fuego, arrojemos algo a la parrilla y agradezcamos a nuestros ancestros por comer carne y aprender a cocinar. Sin ellos, nos habríamos unido al H. erectus, al H. neanderthalensis y a todos los otros miembros del género Homo en su extinción.

Cuídense, disfruten el interglacial y manténgase escépticos. Doug L. Hoffman.

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Nuestros ancestros conocían lo que había en el menu.
© theresilientearth.com

El hombre estuvo al borde de la extinción

Los seres humanos podrían haber estado al borde de la extinción hace unos 70 mil años, indica un estudio de antropología que ha usado marcadores genéticos. La cifra de seres humanos habría quedado reducida apenas a 2.000, antes de que una vigorosa reproducción volviera a expandir su cifra.

“Este estudio muestra el extraordinario poder de la genética para revelar algunos de los datos claves (en la evolución) de nuestra especie”, dijo Spencer Wells, explorador de la National Geographic Society. “Pequeñas bandas de humanos primitivos, obligados a vivir apartados entre sí debido a duras condiciones ambientales, se alejaron del umbral de la extinción, se reunieron y volvieron a poblar el mundo. Se trata de un drama épico que quedó inscrito en nuestro ADN”.

Wells es el director del Proyecto Genográfico, lanzado en 2005 para estudiar la antropología usando la genética. El informe fue publicado en la revista especializada American Journal of Human Genetics. Estudios previos han relacionado el surgimiento de los seres humanos modernos a una sola “Eva”, que vivió en África hace unos 200.000 años.

Las emigraciones de los humanos desde África, cuna de la civilización, para poblar el resto del mundo, parecen haber comenzado hace 60 mil años, pero poco se sabía de los seres humanos entre Eva y su dispersión por el mundo. De acuerdo al nuevo estudio, el África oriental experimentó graves sequías hace entre 135 mil y 90 mil años, y los investigadores indicaron que los cambios de clima habrían contribuido a reducir drásticamente la población.

Esto significa que sería el período más largo en que dos poblaciones humanas modernas han quedado aisladas una de la otra. “Siempre que hay migraciones humanas hay factores geográficos o climáticos. Ha habido muchos cambios en estos 200.000 años de la historia de la humanidad”, explica explica Jaume Bertranpetit del Proyecto Genographic y biólogo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

“Ésta sería la primera gran diferenciación de grupos humanos que habría en la historia de la humanidad y esta separación sería también la más antigua y la más duradera”, según Bertranpetit.

Sin embargo, otros científicos aseguran que es demasiado pronto para poder reconstruir un panorama preciso de la historia de la humanidad.

Tomado de: http://www.faunatura.com/el-hombre-estuvo-al-borde-de-la-extincion.html

Fósiles de la familia humana

Un retrato de familia

¡Qué bonita es la ignorancia cuando Dios nos la concede!

¡Qué bonita es la ignorancia cuando Dios nos la concede!

Raúl Humberto Muñoz Aragón

Nada hay como la tranquilidad que produce la ignorancia… aunque habrá que decirlo también que nada es tan lamentable como ella; la ignorancia nos conduce por derroteros de harta pasividad donde las ocurrencias, esas que ocurren día a día, se minimizan al máximo (valga la paradoja) y todo esta tristemente resulto, nada hay por hacer pues “todoestábien” y “nadahayquepensar”.

La ignorancia es terriblemente violenta, daña irremediablemente a quien la padece, pues aunque se logre abatirla con el tiempo las cicatrices que deja son harto profundas, y echan raíces en el espíritu de pueblos e individuos. Nos somete a padecer continuamente abusos y discriminaciones por parte de aquellos que detentan cualquier tipo de poder, por mínimo que sea, pues a veces el “subirse a un ladrillo” enturbia tanto el entendimiento que nos ensoberbece, olvidando que la ignorancia de aquellos que se encuentran en un nivel más bajo del nuestro es la misma que nos alimenta, además de que formamos parte de una cadena que “eslabón por eslabón” nos llena de miseria y enloda.

Ser súbditos antes que ciudadanos pareciera la condena a la que la ignorancia nos conduce, pues para alcanzar el estatus de ciudadanos es pertinente, necesario y obligatorio pensar, conocer, ubicarse en su antípoda. La comodidad de ser súbditos nos embruja cual canto de sirenas, el no pensar y dejar en otros nuestro destino es tan atrayente para una sociedad deseosa de tener y temerosa de ser.

La sumisión a los poderes actuales; políticos, económicos, comerciales, mediáticos, educativos,…; adormece, pues una sociedad pensante es demasiado peligrosa para ellos; por ello es quizá que alientan la construcción de los fanatismos de hoy; obsesiones que nos llevan una y otra vez a buscar las valías de nuestro ser en imágenes e íconos sin sustento. La lucha por una delgadez extrema, a grados que las esculturas de Giacometti parecieran Boteros, conduce a hombre y mujeres a buscar cualquier medio que lleve el cuerpo a límites que se encuentran donde vida y muerte se confunden en este fanatismo por una figura antinatura… sólo por mencionar uno de los múltiples que cultiva el hombre del siglo XXI.

La sociedad actual está inmersa en una ignorancia que alimenta fanatismos y fatalismos que se han convertido en faro que la guía. Fatalismo que conduce a pensar que todo está hecho, determinado por algo o alguien en quien deja la autoridad para decidir.

¡Qué bonita es la ignorancia cuando Dios nos la concede!... y las pregunta serían, ¿Cuándo la universidad dejó su lugar preponderante de la sociedad?, ¿En qué momento la universidad dejó de ser creadora y modelo a seguir por la sociedad para ser sólo un grupo de edificios llenos de “idealistas” sin ideas, “teóricos” sin teorías, “gurus” sin seguidores?. ¿En que momento el docente dejó de ser el “sabio”, el “arquetipo” de la sociedad para ser un sindicalista más que sólo se afana en conservar e incrementar las conquistas laborales obtenidas?...

Debemos bajarnos de este mundo nuestro, hacer a un lado la ciudadanía de la ignorancia, cuestionarlo, cambiarlo…

ymahr@yahoo.com

jueves, 10 de junio de 2010

Lluvia en La Laguna


Lluvia en un día de 40° C.
La magia de La Laguna

En busca del sentido perdido…

En busca del sentido perdido…

O, cómo andar por el sinsentido sin enlodar nuestras plumas

Raúl Humberto Muñoz Aragón

La inteligencia no esta de moda… de hecho está en su antípoda.

Nada esta hoy tan lejano del diario vivir que la inteligencia, su uso y ejercicio pleno se ha perdido hace ya mucho tiempo, tanto que no tengo claro si alguna vez se ejerció a plenitud en nuestra historia occidental.

Esta cultura nuestra fue construida a base de libros (que en sus raíces más profundas tiene dos libros teológicos que la han nutrido y nutren constantemente; por un lado el binomio compuesto por la Iliada y la Odisea atribuidos a un mítico Homero; y por otro lado el Pentateuco, base de los textos judíos y cristianos escritos a dictado y capricho del mismo Dios) los cuales se encuentran en un ocaso en que han dejado de tener importancia para los muchos; pareciera que su caducidad hace tiempo que llegó a su límite y hoy son harto rancios, rancios pero sin abolengo pues han dejado de tener significado para la nuevas generaciones.

Hoy los códigos de comunicación entre los jóvenes son diferentes, en su cultura el libro es un artículo obsoleto, vetusto que no entra en la concepción de una cultura que tiende a minimizar el esfuerzo y maximizar el placer, donde el ego esta cada día más hinchado y nos afanamos en inflarlo aún más. Los nuevos gigantes de este tiempo, con pies de barro, navegan ahora entre cantos de sirenas que bloquean el tránsito de la disertación, confrontación y creación de ideas.

Nos afanamos tanto en ser “políticamente correctos” que dejamos que el “otro”, el que fuera, viva con sus ideas, aunque estas sean totalmente erróneas, no es conveniente contradecirlo, corregirlo o tan siquiera atenderlo. Somos un triste reflejo de las clases de Charlie Brown, aquellas es que solo escucha una serie se sonidos sin sentido. Hoy lo lamentable es que ni siquiera nos damos cuenta de ello, no tenemos tiempo, siempre es más importante tener “un mundo de caramelos” donde otros piensen por nosotros, nos digan que y como hacer o simplemente nos ignoren.

La inteligencia no tiene cabida, las verdades son a modo, las críticas son sólo cuando “yo” no me beneficio de aquello que critico. Si el sistema, por corrupto que sea, no cumple los caprichos, sueños, necesidades reales o imaginarias hay que cuestionarlo, atacarlo; pero si por el contrario algo “escurre a mi milpita”, entonces hay que quedarse callado y extender la mano.

La inteligencia estorba, pensar crea individuos altamente críticos, inconformes, cuestionadores, que tienen una enorme manía por preguntar y a veces por buscar respuestas. Es más cómodo ver las grandes historias contadas por Disney que encerrarse en las ideas que puede despertar un libro y correr el riesgo de pensar por nosotros mismos, es tan grande el campo del pensamiento que enfrentarlo solos causa pavor.

La historia hoy es construida y escrita por los mercenarios de la comunicación, que han vendido su integridad por algunos minutos y mucho dinero a los dueños de la omnipresente “caja idiotizante” que no idiota; porque los idiotas están en otro lado… y lamentablemente, por regla general, frente a ella que ha hecho de la mentira su “arquetipo”, modelo que es seguido a pies juntillas por esta sociedad enferma, terriblemente enferma de tanta modorra producto de cinco siglos de “tranza y engaño”.

Pensar duele, duele mucho en verdad, pero es mejor el dolor de pensar, que la somnolencia que produce su ausencia.