miércoles, 15 de junio de 2016

La NASA descubre un planeta como el Tatooine de 'Star Wars'

La NASA descubre un planeta como el Tatooine de 'Star Wars'

15/09/2011 - www.teinteresa.es

16B tiene las mismas características que Tatooine: temperatura fría, atmósfera gaseosa y gira alrededor de dos estrellas.

El descubrimiento demuestra la gran diversidad de los planetas que existen en la Vía Láctea.

El satélite de la NASA Johannes Kepler ha descubierto un planeta como el natal de Luke Skywalker en la película 'Stars Wars', Tatooine. Aunque ha sido bautizado como 16-b, tiene las mismas características que el del film: temperatura fría, atmósfera gaseosa, desértico y es circumbinario, es decir, gira alrededor de dos estrellas.

Según han explicado los expertos, este cuerpo, que se encuentra a unos 200 años luz de la Tierra, demuestra la diversidad de los planetas que existen en la Vía Láctea. Hasta ahora, "Kepler-16b es el primer ejemplo confirmado e inequívoco de un planeta circumbinario" ha apuntado el profesor del Centro Harvard-Smithsonian Josh Carter.

Kepler-16b tiene un radio correspondiente a las tres cuartas partes del de Júpiter y pesa un tercio de su masa, por lo que, según apuntan los científicos, es similar a Saturno. Tarda 299 días en orbitar alrededor de sus estrellas padre, de las que se encuentra a 65,5 millones de kilómetros.

En este sentido, el estudio, que se ha publicado en la revista 'Science', señala que las dos estrellas padre son más pequeñas y más frías que el Sol. Esta situación es la que hace de Kepler-16b un planeta con una temperatura superficial fría, de alrededor de frío, con una temperatura superficial de alrededor de -73ºC a -100ºC.

La misión Kepler de la NASA ha detectado el planeta a través de lo que se conoce como 'tránsito planetario', un evento en el que una estrella se atenúa cuando un planeta pasa por delante de él. Ahora, los expertos estudiarán más profundamente las características de este cuerpo.

¿Encuentran 2 planetas nuevos en nuestro Sistema Solar?

¿Encuentran 2 planetas nuevos en nuestro Sistema Solar?
14/06/16

Un equipo de astrónomos ha realizado nuevos cálculos en los datos que originalmente dio lugar a la hipótesis del “Planeta Nueve”, y estas nuevas cifras aseguran que el planeta hipotético adicional podría no estar solo, es probable  que esté con múltiples planetas escondidos en el borde de nuestro sistema solar que todavía no han descubierto.

Pero primero, vamos a retroceder un poco para explicar cómo hemos llegado a este punto. En enero, los investigadores del Instituto de Tecnología de California (Caltech) encontraron evidencia de lo que ellos llamanun Planeta Nueve, un enorme planeta helado que podrían estar al acecho en algún lugar más allá de Neptuno, en los confines de nuestro sistema solar.

Los científicos estiman que el Planeta Nueve es 10 veces más grande que la Tierra, y piensan que realiza una órbita extremadamente alargada del Sol, que tarda entre 10,000 y 20,000 años en completarse. Los investigadores de Caltech basaron su hipótesis de la existencia del Planeta Nueve en el movimiento inusual de seis grandes objetos flotantes en el cinturón de Kuiper, lo que sugiere que sus órbitas están conformadas por un planeta oculto. Pero ahora un nuevo equipo de astrónomos afirma que estos objetos del cinturón de Kuiper (KBO) podrían no ser tan estables como se había pensado previamente.

"Con la órbita indicada por los astrónomos de Caltech del Planeta Nueve, nuestros cálculos muestran que los seis Etnos, que consideran ser la piedra de Rosetta en la solución de este misterio, se moverían en órbitas largas e inestables", explicó Carlos de la Fuente Marcos , astrónomo español independiente.

En otras palabras, el efecto gravitatorio que el planeta Nueve tendría en estos planetas enanos helados, ayudaría a que sean demasiado inestables, cambiando la forma en que los científicos de Caltech creen que son.

"Estos objetos podrían escapar del sistema solar en menos de 1,5 mil millones de años, y tres de ellos podrían  abandonarlo en menos de 300 millones de años, y en realidad sus órbitas se convierten inestables en tan sólo 10 millones de año, siendo un corto periodo de tiempo en términos astronómicos". Aseguró Fuente Marcos.

Según Raúl y Sverre J. Aarseth de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, es posible que la estabilidad de estos objetos sea debido a la atracción gravitatoria de un número de planetas descubiertos ocultos en algún lugar de los bordes del sistema solar, lo que significa que el Planeta Nueve podría tener compañía.

Por su parte, la NASA ha permanecido bastante conservadora en los anuncios del Planeta Nueve hasta ahora:

"La posibilidad de un nuevo planeta es sin duda muy emocionante para mí como un científico planetario y para todos nosotros. Pero es demasiado pronto para decir con certeza que hay un nuevo Planeta X. Lo que estamos viendo es una predicción temprana basada en el modelado a partir de observaciones limitadas, es el comienzo de un proceso que podría conducir a un resultado apasionante". Explicó  Jim Green, director de la División de Ciencias Planetarias de la NASA.

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martes, 14 de junio de 2016

El bichito que planta cara a Dios

El bichito que planta cara a Dios

Un organismo marino muestra por qué el ser humano no está en la cúspide de la evolución

MANUEL ANSEDE

Barcelona 13 JUN 2016 - 05:26CDT

“Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla”, escribía Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. Y algo habla, o más bien grita, en una playa de Badalona, cerca de Barcelona: la dominada por el puente del Petróleo. Por este pantalán que se mete 250 metros en el mar Mediterráneo se descargaban productos petrolíferos hasta finales del siglo XX. Y a sus pies se levanta desde 1870 la fábrica de Anís del Mono, el licor en cuya etiqueta aparece un simio con la cara de Charles Darwin como guiño a la teoría de la evolución, por entonces polémica.

Hoy, el puente del Petróleo es un precioso mirador con una estatua de bronce dedicada al mono con rostro darwinista. Y, por una casualidad que habla, entre sus paseantes habituales se encuentra un equipo de biólogos evolutivos del departamento de Genética de la Universidad de Barcelona. Caminan por la pasarela sobre el océano y lanzan un cubo para atrapar a un animal marino, el Oikopleura dioica, un bicho de tan solo tres milímetros, pero con boca, ano, cerebro y corazón. Parece insignificante, pero, como Darwin, hace que el discurso de las religiones se tambalee. Coloca al ser humano en el lugar que le corresponde: con el resto de animales.

El organismo marino 'Oikopleura dioica' señala a la pérdida de genes ancestrales, compartidos con los humanos, como motor de la evolución

“Hemos estado mal influenciados por la religión, pensando que estábamos en la cúspide de la evolución. No lo estamos. Estamos al mismo nivel que el resto de los animales”, sentencia el biólogo Cristian Cañestro. Junto a su colega Ricard Albalat dirige una de las tres únicas instalaciones científicas del mundo para estudiar al Oikopleura dioica. Las otras dos están en Noruega y Japón. La suya es una salita fría, con centenares de ejemplares prácticamente invisibles metidos en recipientes de agua, en un rincón de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona.

“La visión hasta ahora es que al evolucionar ganábamos en complejidad, ganando genes. Así se pensó cuando se secuenciaron los primeros genomas, de mosca, de gusano y del ser humano. Pero hemos visto que no es así. La mayoría de nuestros genes está también en las medusas. Nuestro ancestro común los tenía. No es que nosotros hayamos ganado genes, es que los han perdido ellos. La complejidad génica es ancestral”, sentencia Cañestro.

En 2006, este biólogo investigaba el papel de un derivado de la vitamina A, el ácido retinoico, en el desarrollo embrionario. Esta sustancia indica a las células de un embrión lo que tienen que hacer para convertirse en un cuerpo adulto. El ácido retinoico activa los genes necesarios, por ejemplo, para formar las extremidades, el corazón, los ojos y las orejas. Cañestro estudiaba este proceso, común en los animales, en el Oikopleura. Y se quedó con la boca abierta.

“Los animales utilizan una cascada de genes para sintetizar el ácido retinoico. Me di cuenta de que en el Oikopleura dioicafaltaba uno de estos genes. Luego vi que faltaban más. No encontrábamos ninguno”, recuerda. Este animal de tres milímetros fabrica su corazón, de manera inexplicable, sin ácido retinoico. “Si ves un coche sin ruedas moviéndose, ese día tu percepción de las ruedas cambia”, ilustra Cañestro.

Nuestro último ancestro común vivió hace 500 millones de años. Desde entonces, el 'Oikopleura' ha perdido el 30% de los genes que nos unían

El último ancestro común entre este minúsculo habitante de los océanos y el ser humano vivió hace unos 500 millones de años. Desde entonces, el Oikopleura ha perdido el 30% de los genes que nos unían. Y lo ha hecho con éxito. Si usted se mete en cualquier playa del mundo, allí estarán ellos rodeando su cuerpo. En la batalla de la selección natural, los Oikopleura han ganado. En algunos ecosistemas marinos, su densidad alcanza los 20.000 individuos por cada metro cúbico de agua. Son perdedores, pero solo de genes.

Albalat y Cañestro acaban de publicar en la revista especializada Nature Reviews Genetics un artículo que analiza la pérdida de genes como motor de la evolución. Su texto ha despertado interés mundial. Ha sido recomendado por F1000Prime, una clasificación internacional que señala los mejores artículos sobre biología y medicina. El suyo empieza con una frase del emperador romano Marco Aurelio, filósofo estoico: “La pérdida no es más que cambio y el cambio es un placer de la naturaleza”.

Los dos biólogos subrayan que la pérdida de genes, incluso, pudo ser clave para el origen de la especie humana. “El chimpancé y el ser humano comparten más del 98% de su genoma. Quizás habría que buscar las diferencias en los genes que se han perdido de manera diferente durante la evolución de los humanos y el resto de primates. Algunos estudios sugieren que la pérdida de un gen hizo que la musculatura de nuestra mandíbula fuera más pequeña y esto permitió aumentar el volumen de nuestro cráneo”, hipotetiza Albalat. Quizá, perder genes nos hizo más inteligentes que el resto de los mortales.

En 2012, un estudio del genetista estadounidense Daniel MacArthur mostró que, de media, cualquier persona sana tiene 20 genes que no funcionan. Y, aparentemente, tan campantes. Albalat y Cañestro, del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona, ponen dos ejemplos muy estudiados. En algunas personas, los genes que codifican la proteína CCR5 o la DUFFY están anulados por mutaciones. Son las proteínas que utilizan, respectivamente, el virus del sida y el parásito que causa la malaria para entrar en las células. La pérdida de estos genes hace a los humanos más resistentes a estas enfermedades.

En el laboratorio de Cañestro y Albalat hay un cartel que imita al de la películaReservoir Dogs, en el que aparecen los científicos y otros miembros de su equipo vestidos con camisas blancas y corbatas negras, como en el filme de Quentin Tarantino. Su montaje se titula Reservoir Oiks, en alusión al Oikopleura. Los dos biólogos creen que el organismo marino va a permitir formular, y responder, preguntas nuevas sobre nuestro manual de instrucciones común: el genoma.

El 'Oikopleura' permite estudiar qué genes humanos son esenciales: por qué algunas mutaciones son irrelevantes y otras provocan efectos terribles en nuestra salud

El cerebro del Oikopleura tiene unas 100 neuronas y el de los humanos contiene 86.000 millones, pero somos mucho más similares de lo que parece. Entre un 60% y un 80% de las familias de genes humanos tienen un claro representante en el genoma de Oikopleura. “Este animal nos permite estudiar qué genes humanos son esenciales”, aplaude Albalat. O lo que es lo mismo: por qué algunas mutaciones son irrelevantes y otras provocan efectos terribles en nuestra salud.

Los seres vivos poseen una maquinaria celular que repara las mutaciones que surgen en su ADN. El Oikopleura dioica ha perdido 16 de los 83 genes ancestrales que regulan este proceso. Esta incapacidad para autorrepararse podría explicar su pérdida extrema de genes, según detalla el artículo en Nature Reviews Genetics.

A Cañestro se le ilumina la mirada al hablar de estas ausencias. Los genes suelen actuar en cascada para llevar a cabo una función. Si en una cascada conocida de ocho genes faltan siete en el Oikopleura, porque la función se ha perdido, la permanencia del octavo gen puede revelar una segunda función esencial que había pasado desapercibida. Ese gen sería como un cruce de autopistas. Desmantelada una carretera, sobrevive porque es fundamental en otra ruta. “Esa segunda función ya estaba en el ancestro común y puede ser importante en los humanos”, celebra Cañestro.

“No hay animales superiores y animales inferiores. Nuestras piezas de Lego son básicamente las mismas, aunque con ellas construyamos cosas diferentes”, zanja el biólogo. Piense en su lugar en el mundo la próxima vez que bucee en el mar. Esa nieve blanca que flota en el agua y se puede ver a contraluz son las deposiciones del Oikopleura.

Somos simplemente 30 billones de células. Así dejamos de ser invertebrados.

© El País.

jueves, 2 de junio de 2016

Del eterno retorno

Del eterno retorno
Raúl Humberto Muñoz Aragón

A finales del semestre agosto - diciembre del 2015, al momento de concluir una sesión de la materia "Procesos de comunicación humana" que impartía en ese tiempo a estudiantes del primer semestre de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo, se acercó uno de mis alumnos y me comparte el saludo que su padre me envía, comentándome a su vez el dicho de su papá en relación a su tiempo de estudiante, en el cual yo mismo le impartí alguna materia y le enseñé a dar mantenimiento preventivo y correctivo a las computadoras de aquellos ayeres… esta anécdota ha sido motivo y origen de algunos chascarrillos, en los que el protagonista es el paso del tiempo, detonando con ello más de una charla entre compañeros docentes.

Platico lo anterior para hacer un muy ligero esbozo de lo que es la vida académica, de la riqueza que se encuentra en los claustros universitarios, en los que día a día se desarrolla una dinámica que enriquece tanto a alumnos como a profesores; y si somos francos, mucho más a estos últimos. Esto es algo que tenemos muy claros quienes tenemos la fortuna de dedicarnos a este oficio de compartir aprendizajes y conocimientos.

En lo que a mí respecta, una de las pasiones de mi vida es el conocimiento mismo… pasión o maldición, aun no lo tengo muy claro, más lo cierto es que es uno de los afanes de mi vida, quizá ésta sea la causa de mi amor por los libros y demás fuentes de conocimiento, que a fin de cuentas éste último viene en muchas presentaciones: lo encontrarás en el amanecer, en la mirada de sorpresa de un niño, en las palabras pausadas de un viejo, en un sueño que de forma recurrente te visita noche a noche, en una revista, en una película, en una manzana que te pega en la cabeza… y así, en incontables cosas; el único requisito es que tengas un observador ávido, que cualquier espacio, momento, situación, ocurrencia, será una oportunidad para saber.

Más he de aclarar que aunque el conocimiento se encuentra en todo nuestro derredor -tan cierto lo dicho como el hecho de que es el ente omnipresente por definición- uno de los lugares en donde se encuentran voluntades con el propósito y compromiso por hacerse de él es en las universidades, espacio en que el encuentro permanente de visiones del mundo se fusionan e interactúan convirtiéndose en flujo continuo de datos e información que cobra sentido y nos permiten referenciar la realidad que hay en nuestro derredor, haciendo posible que el libre flujo del conocimiento se torne en bandera que posibilita abordar problemas, fenómenos o situaciones diversas de las más variadas formas, aprendiendo con ello a hacer y desarrollar nuevas formas para realizar aquello a lo que en un futuro se han de desempeñar los profesionales, hombres y mujeres que hacen de las inteligencias formas creativas para ver y hacer el futuro.

En las universidades, se encuentra en ebullición permanente el afán por aprender, por comprender y por transformar nuestra realidad, siempre en búsqueda de nuevos y mejores estadios. En ellas, los ciclos son constantes y altamente emotivos. Nada se compara con el hecho de recibir a jóvenes ávidos de aprender, plenos en inquietudes, en desafíos y rebeldías que hacen de la cátedra diaria una odisea apasionante, en la que el colectivo de estudiantes y profesores se nutren de forma continua. Es en estos ciclos en los cuales, una vez concluida la currícula propia de cada carrera, en que se presenta uno de los momentos más agridulces de la vida académica… aquel en que nuestros jóvenes se alejan del "nido" y emprenden un camino que ha de llevarlos a la conquista de los sueños y anhelos incontablemente comentados en los campus universitarios.

Ver a nuestros estudiantes listos para hablar de tú a tú con aquellos que serán sus pares, que tan sólo unos pocos años antes eran sus profesores, es sin duda el mayor reconocimiento a que un catedrático puede aspirar, en él se conjugan los colegas que iniciaron el andar de cada uno de nosotros en algún momento, ayudando a un pequeño a tomar correctamente un lápiz, guiando su mano para manejar adecuadamente unas tijeras, aquellos que escucharon una y otra vez las mismas dudas, siempre en rostros y voces distintos.

Ahora, a principios de junio, me encuentro en esta etapa, once de mis estudiantes se están preparando para presentar sus tesis profesionales ante la Academia de la Universidad Autónoma de La Laguna, tesis que son el resultado de un trabajo que hemos hecho juntos en los últimos tres semestres y que está por dar su fruto. Tengo muy claro que lo harán bien, eso me hace sentirme orgulloso, emocionado y un poco nostálgico por la pronta partida; por otro lado, hay seis jóvenes más con los que estoy iniciando este mismo proceso, a los cuales se sumarán otros más el próximo ciclo escolar y eso es otro reto que de ya, me tiene emocionado… y así, generación tras generación de jóvenes que van llenando de canas mi sien, en ellas hay siempre algo aprendido.

Vaya pues un gracias, gracias siempre a mis alumnos por la oportunidad de aprender.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Subiendo escaleras para abajo

Subiendo escaleras para abajo
Raúl Humberto Muñoz Aragón

La vida es simple, divertida y emocionante; sin duda, la mejor y más plena aventura, el origen de cualquier historia, plena en ayeres y mañanas en los que todo cabe, donde todo es posible. En ella, se encuentran continuamente los antípodas, las paralelas se cruzan una y otra vez construyendo un telar en que la realidad y la ficción se fusionan en intersubjetividades que nos definen. Y a pesar de lo rebuscado que podamos hacer de ella, siempre se encuentra a nuestro alcance el hacer de ella lo que nuestros sueños sueñen.

La vida es el motor que mueve en un continuo ideas enmascaradas de información, ésas que conforme pasa el omnisciente e inexistente tiempo hace de hombres y mujeres seres acartonados, seres -en la "realidad" que sus sentidos pueden atrapar- que olvidan un poco los ayeres que les enseñaron que nada era más importante que la felicidad, una cotidianidad ida en que lo único indispensable era leer, reír a carcajadas y soñar despierto.

Las decisiones que tomamos día a día con lo que de nosotros han hecho dibujan el sendero por el cual se alimenta el alma, en ellas se dibuja la personalidad que nos hace diferentes y en la que a su vez se definen la identidad que nos acerca a los otros. Así, con el paso del tiempo, se espera de nosotros el ser cada día más centrados, maduros, serios, comprometidos con hacer aquello propio y adecuado de un hombre de medio siglo. Un hombre que ha tenido en su haber un recorrido por el tiempo que le debió conducir a estadios donde todo debe ser serio… aunque a veces algo en la programación falla, eso que han metido en nuestra conceptualización individual se trastoca dando como resultado bichos raros.

Ocurre que hace unas pocas semanas se cambió a la señora de intendencia que tiene encomendado realizar la limpieza en mi oficina en la universidad. Ella es un espíritu simple, sencillo, es franca y quizá por esa franqueza pareciera un poco impertinente, además de directa y clara. Su encuentro con un servidor ha sido muy particular, esto por muchas de las manías que he ido acumulando en esta casi media centuria y que me han llevado a esos caminos fallos de la programación de aquello que "debieraser".

Una de las muchas manías que tengo en mi haber es la forma en que me siento. Siempre en una posición similar a la llamada de loto, con las piernas siempre arriba de la silla, doblada una sobre la otra. Eso entre otras cosas ha producido la inquietud, sorpresa y a veces uno que otro susto a las personas de limpieza de la UAL, pues al acudir a barrer o trapear se dan cuenta de que mis pies no están en el suelo, generando con ello muchas ideas en torno a cómo es que he llegado a sentarme en el sillón, sorpresa que se magnifica cuando de pronto mis pies bajan del sillón y me levanto para hacer alguna de las tareas que he de realizar en esto de ser un individuo productivo, así como la sociedad lo demanda.

Esta manía mía fue una de las primeras peculiaridades que se dieron entre el encuentro de la señora de intendencia y quien escribe. La otra se dio cuando por fin ve todo lo que hay en mi oficina que la hace por lo menos un poco singular. En ella, hay en un pizarrón de corcho ubicado a mi siniestra en la cual se encuentran una parte de mi colección de billetes, en él está un primer espacio para otro de mis afanes, la notafilia y la numismática, aunque esos billetes pudieran pensarse de un joven viejo que colecciona pedazos de papel que le recuerdan los años idos, en ellos alimenta un poco de nostalgia.

Las particularidades se incrementan a mi espalda y son razón de la forma en la que me definió la citada señora de limpieza. Tras mí, se encuentran un trío de repisas en las que hay entre otras cosas, una serie de libros de fotografía, comunicación, investigación, semiótica, semántica y lenguaje; entre ellos, una serie de cómics, específicamente la serie de Injustice de DC Comics, y uno de mis tesoros personales, una vieja historieta de Capulinita. Además de estos objetos, hay un grupo de "figuras de acción" -juguetes, diría la señora- entre ellas Goku, Link, Mario Bros, Darth Vader, un par de tazas, una de Tinieblas -el luchador- y otra de Batman.

Una fotografía de mi pequeña, un cubo de rubik con algunas variantes que suman unos cuatro o cinco más; un hombre de Vitrubio, unas tarjetas de Leonardo Da Vinci, varios Hot Wheels, entre los que se encuentra "El halcón milenario", el auto de los Supersónicos, de los Picapiedras, de los Simpson, el USS Enterprice NCC 1701, el Batimovil de los 60…

Como se supondrá, eso se convierte en un reto para el momento de quitar el polvo, porque he de decir que la señora, además de todo, tiene cierta obsesión por la limpieza, hecho que la orilló en algún momento a detenerse en su quehacer y quizá sin pensarlo, o tras pensarlo mucho, la verdad no lo sé. Solo de pronto me dijo: "usted todavía es de juguetes"… y he aquí un diagnóstico claro que a veces los caminos se tuercen un poco.

El Siglo de Torreón / Imágenes / 22 de mayo de 2016

jueves, 28 de abril de 2016

Encerrado en sí mismo

IMÁGENES / Encerrado en sí mismo
Raúl Humberto Muñoz Aragón

Imagine que está encerrado en sí mismo, en medio de una soledad infinita, rodeado de gente, de seres que le son más o menos familiares, bombardeado de incontables estímulos presentes y pasados que se agolpan en su derredor continuamente, sin orden alguno. Sonidos, colores, olores, sabores, texturas que se multiplican hasta el infinito, recuerdos que no se olvidan, que se amontonan en este presente que lo rodea. Estímulos, sentimientos, emociones, sensaciones que se evocan irrefrenablemente unos a otros, sin orden, sin control. Imagine que ni siquiera es capaz de determinar dónde inician o terminan las cosas, los eventos que se le presentan en una forma constante y continua perdiéndose en un tiempo del cual no tiene conciencia clara; e incluso más allá, no es usted capaz de discernir donde inicia y termina usted mismo; su propia voz le es extraña, agresiva, ajena, irreconocible.

En su mente se encuentran agolpadas infinidad de palabras que carecen de un significado, que le evocan recuerdos que no siempre coinciden con los de aquellos otros que le rodean. Imagine que ha perdido la capacidad de comunicarse, que el lenguaje le ha abandonado, que las expresiones propias, que los gestos dejan de tener sentido para usted y para los otros. Piense por un momento que intenta comunicarse con aquellos que ama y no tiene en sí los conceptos para hacerlo, imagine la desesperación que esto le produce, ¿qué sentiría si de pronto fuera incapaz de decir "te amo mamá"?, o que en lugar de ello surjan palabras sin sentido; o gritos que espanten a su interlocutor.

Y si a todo lo anterior le quitamos la posibilidad de reír, de llorar… que la risa sólo tenga cabida en los momentos de mayor soledad, cuando en medio del caos que lo abruma las veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, semana tras semana, mes tras mes… así toda la vida; y sólo en un minuto perdido en la madrugada pudiera reír sin temor, tras mucho esfuerzo. Piense en cómo se sentiría con todo lo dicho y además ver que las personas a su derredor no lo entiendan, es más, que malinterpretan sus reacciones.

¿Cómo se sentiría al ver que los demás se apartan por suponer que usted ama la soledad más que nada? Imagine sus sentimientos al darse cuenta que cuando por fin, tras mucho esfuerzo, logra articular una oración y ésta no refleja para nada lo que usted pretende decir. El percibir, en medio del caos en que se encuentra, la extrañez de los otros ante la repetición que hace una y otra vez de la misma pregunta, sin entender que lo hace no porque no comprenda, sino porque está luchando en su interior por encontrar la respuesta adecuada.

El ser reprendido una y otra vez por hacer cosas que le han repetido que no debe hacer ya tantas veces y de tantas formas, y que simplemente no puede evitar hacer, que escapa de sus posibilidades… piense, ¿qué haría si estuviera atrapado en un mundo en el cual es incapaz de comunicarte?

Ahora, piense que todo lo dicho es una realidad que viven y a veces padecen miles de niños, que desconciertan y abruman a familias enteras.

La primera vez que yo me enfrente ante el autismo fue hace algunos años, cuando asesoré una tesis elaborada por un par de diseñadoras quienes desarrollaron un sistema de comunicación para niños autistas. Tras esta primera experiencia, en mi andar he coincidido con algunos niños autistas y he tenido la fortuna incluso de jugar con ellos y quizá lo más mágico, al final, es que esos pequeños me extendieran la mano para decir adiós, o decir gracias, o simplemente para establecer un contacto que dejó en mí un recuerdo imborrable.

Esta semana, la vida me ha regalado un libro extraordinario, este caprichoso y omnipresente azar ha traído a mis manos La razón por la que salto de Naoki Higashida, joven poeta, novelista y ensayista japonés nacido en Kimitsu en 1992. Naoki Higashida padece autismo severo, el cual le fue diagnosticado en 1998 a la edad de cinco años, hecho que no le ha impedido escribir su historia, esto gracias a su madre y su cuidadora, quienes crearon una tablilla alfabética cuyas letras y palabras pudieron al ser señaladas por él, componer poco a poco las frases y los párrafos que componen sus libros.

En La razón por la que salto, Naoki Higashida responde a una serie de 58 preguntas que permiten al lector aproximarse a la forma que tiene de ver, entender y afrontar el mundo. Naoki nos explica por qué no mira directamente a los ojos de la gente, por qué habla de un modo tan extraño, por qué necesita que le realicen la misma pregunta muchas veces, por qué le disgusta que todo el mundo piense que prefiere la soledad a la compañía, por qué tarda tanto en responder, por qué se tapan los oídos… en sus respuestas, rompen muchos de los tópicos que la sociedad piensa sobre el autismo.

Naoki Higashida es autor de más de veinte libros y mantiene un blog en el que escribe con regularidad. A pesar de su dificultad para comunicarse, ha conseguido dar charlas sobre autismo en Japón con el propósito de hacer esta condición más presente y reconocible en la sociedad.

facebook.com/ymahr

El Siglo de Torreón / 28 de abril de 2016 4:05am

martes, 26 de abril de 2016

Logran probar la principal teoría de Stephen Hawking recreando unagujero negro en laboratorio

Logran probar la principal teoría de Stephen Hawking recreando unagujero negro en laboratorio

Carlos Zahumenszky

En 1974, Stephen Hawking postuló la existencia de un tipo de radiación que nace en el horizonte de sucesos de los agujeros negros. La teoría es revolucionaria, pero nunca se había podido probar hasta ahora. Un equipo de físicos asegura haber demostrado la existencia de la radiación de Hawking mediante el equivalente a un agujero negro de laboratorio.

Una teoría revolucionaria

La radiación de Hawking tiene su origen en una visita del célebre físico a Rusia, donde dos científicos llamasdos Yákov Zeldóvich yAlekséi Starobinski le demostraron que, por el propio funcionamiento de la mecánica cuántica, los agujeros negros deberían crear y emitir partículas.

La propuesta era problemática porque, según las leyes de la física de la época y los propios cálculos de Hawking, los agujeros negros no podían perder masa y hacerse más pequeños. El físico revisó todos sus cálculos y llegó a la conclusión de que Zeldóvich y Starobinski estaban en lo cierto. La propuesta de Hawking para explicar la propuesta de sus colegas rusos es lo que hoy se conoce como radiación de Hawking. La hipótesis parte de la existencia de fluctuaciones cuánticas en el vacío que surgen como consecuencia del principio de incertidumbre de Heisenberg. Estas fluctuaciones crean pares de materia-antimateria que desaparecen tan pronto como nacen.

Sin embargo, cuando estos pares nacen en el horizonte de sucesos de un agujero negro, la intensa gravedad hace que esos pares de partículas virtuales se hagan reales. En ese caso, una de las partículas es absorbida por el agujero negro, y la otra se emite hacia el exterior, llevándose consigo parte de la energía del agujero negro. La hipótesis es tan revolucionaria que si resultara ser cierta sacudiría las bases de la física tal y la conocemos. El problema es que la radiación que Hawking predijo hace ya más de 40 años es tan tenue que es imposible de medir con los instrumentos actuales en agujeros negros que están a años luz de distancia.

Agujeros negros de sonido

Un estudio publicado por Jeff Steinhauer de la Universidad Technion en Haifa, Israel, cree haber dado con la solución que corrobora la radiación cuántica de Hawking. Para ello, Steinhauer y su equipo han recreado el equivalente a un agujero negro, pero empleando sonido en vez de luz. Tras enfriar helio justo por encima del cero absoluto y batirlo a altas velocidades han logrado crear una barrera infranqueable para el sonido. Este “agujero negro” ha comenzado a emitir partículas cuánticas de sonido de la misma manera en la que Hawking predijo que lo hacen sus homónimos estelares.

El experimento aún no ha sido corroborado de forma independiente, pero ya ha logrado llamar la atención de toda la comunidad de físicos. Además, no es el único que asegura haber encontrado indicios de que Hawking está en lo cierto. Simultáneamente, un segundo estudio publicado en Physical Review Letters asegura haber corroborado la radiación de Hawking de otra manera.

Chris Adami y Kamil Bradler de laUniversidad del Estado de Michiganaseguran haber desarrollado un modelo matemático que explica uno de los mayores problemas que tiene la radiación de Hawking a lo largo del tiempo: la pérdida de información cuántica.

Interpretación artística de un agujero negro. Imagen: Wikimedia CommonsA dónde va lo que un agujero negro absorbe

Si Stephen Hawking está en lo cierto, los agujeros negros pierden energía paulatinamente, se hacen más pequeños y llegan a esfumarse por completo con el paso del tiempo. El problema es qué pasa entonces con toda la información cuántica de lo que el agujero negro se ha tragado.

La relación entre el agujero negro y su campo de radiación de Hawking aún no ha podido explicarse porque nos falta una pieza esencial, una teoría unificada de la gravedad cuántica. Adami y Bradler no han formulado esa teoría, pero han creado un modelo mediante superordenadores que reproduce la evolución de un agujero negro en el tiempo y han descubierto que la información cuántica, tarde o temprano, es emitida al exterior.

El hallazgo es un paso importante hacia la formulación de una teoría de la gravedad cuántica y supondría también reconocer que la hipótesis de Hawking era cierta. Para la física, es la antesala de llegar a entender cómo funciona el universo. Para Hawking podría ser obtener por fin el reconocimiento de un premio Nobel. [Technion y Physical Review Letters vía The Times]