jueves, 10 de junio de 2010
En busca del sentido perdido…
En busca del sentido perdido…
O, cómo andar por el sinsentido sin enlodar nuestras plumas
Raúl Humberto Muñoz Aragón
La inteligencia no esta de moda… de hecho está en su antípoda.
Nada esta hoy tan lejano del diario vivir que la inteligencia, su uso y ejercicio pleno se ha perdido hace ya mucho tiempo, tanto que no tengo claro si alguna vez se ejerció a plenitud en nuestra historia occidental.
Esta cultura nuestra fue construida a base de libros (que en sus raíces más profundas tiene dos libros teológicos que la han nutrido y nutren constantemente; por un lado el binomio compuesto por la Iliada y la Odisea atribuidos a un mítico Homero; y por otro lado el Pentateuco, base de los textos judíos y cristianos escritos a dictado y capricho del mismo Dios) los cuales se encuentran en un ocaso en que han dejado de tener importancia para los muchos; pareciera que su caducidad hace tiempo que llegó a su límite y hoy son harto rancios, rancios pero sin abolengo pues han dejado de tener significado para la nuevas generaciones.
Hoy los códigos de comunicación entre los jóvenes son diferentes, en su cultura el libro es un artículo obsoleto, vetusto que no entra en la concepción de una cultura que tiende a minimizar el esfuerzo y maximizar el placer, donde el ego esta cada día más hinchado y nos afanamos en inflarlo aún más. Los nuevos gigantes de este tiempo, con pies de barro, navegan ahora entre cantos de sirenas que bloquean el tránsito de la disertación, confrontación y creación de ideas.
Nos afanamos tanto en ser “políticamente correctos” que dejamos que el “otro”, el que fuera, viva con sus ideas, aunque estas sean totalmente erróneas, no es conveniente contradecirlo, corregirlo o tan siquiera atenderlo. Somos un triste reflejo de las clases de Charlie Brown, aquellas es que solo escucha una serie se sonidos sin sentido. Hoy lo lamentable es que ni siquiera nos damos cuenta de ello, no tenemos tiempo, siempre es más importante tener “un mundo de caramelos” donde otros piensen por nosotros, nos digan que y como hacer o simplemente nos ignoren.
La inteligencia no tiene cabida, las verdades son a modo, las críticas son sólo cuando “yo” no me beneficio de aquello que critico. Si el sistema, por corrupto que sea, no cumple los caprichos, sueños, necesidades reales o imaginarias hay que cuestionarlo, atacarlo; pero si por el contrario algo “escurre a mi milpita”, entonces hay que quedarse callado y extender la mano.
La inteligencia estorba, pensar crea individuos altamente críticos, inconformes, cuestionadores, que tienen una enorme manía por preguntar y a veces por buscar respuestas. Es más cómodo ver las grandes historias contadas por Disney que encerrarse en las ideas que puede despertar un libro y correr el riesgo de pensar por nosotros mismos, es tan grande el campo del pensamiento que enfrentarlo solos causa pavor.
La historia hoy es construida y escrita por los mercenarios de la comunicación, que han vendido su integridad por algunos minutos y mucho dinero a los dueños de la omnipresente “caja idiotizante” que no idiota; porque los idiotas están en otro lado… y lamentablemente, por regla general, frente a ella que ha hecho de la mentira su “arquetipo”, modelo que es seguido a pies juntillas por esta sociedad enferma, terriblemente enferma de tanta modorra producto de cinco siglos de “tranza y engaño”.
Pensar duele, duele mucho en verdad, pero es mejor el dolor de pensar, que la somnolencia que produce su ausencia.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Una historia sin historia
Una historia sin historia
Raúl Humberto Muñoz Aragón
Cada universo tiene sus iconos, aquellos que lo definen, lo delimitan, lo forman y conforman; en los cuales se refleja, y reflejan a su vez, su esencia nítidamente. Estos universos suelen ser la replica de aquellos donde habita su creador.
En uno de ellos, vieron la luz por primera vez los dos protagonistas de esta historia sin historia, fue en el año de 1940 de nuestro espacio-tiempo. Ambos se encuentran en medio de un universo hartamente poblado por seres fantásticos, con poderes más allá de lo concebible por mentes “cuerdas y sensatas”, algunos de ellos procedentes de mundos tan distantes, algunos inexistentes actualmente; otros exiliados de su mundo natal; algunos más provenientes de las profundidades del mar, dueños de imperios escondidos en las regiones más inhóspitas de nuestro planeta; algunos más humanos que por avatares de la vida han mutado adquiriendo habilidades que los colocan en un nivel superior al común de los mortales.
En su universo hay seres tan poderosos que les ha sido posible navegar entre universos libremente, vivir en ellos aventuras tan riesgosas que a algunos les ha costado la vida… pero después de algunos cuadros, simplemente regresan a su hogar para continuar una vida ardua en aventuras, donde bien y mal se encuentran en una confrontación constante y continua que no termina por definir a un vencedor.
El tiempo ahí viaja a otro ritmo, a veces se acelera y brinca miles de años, al pasado o al futuro, haciendo una telaraña “endemoniadamente” complicada que sólo muy pocos son capaces de entenderla o conocerla, pero que para ellos es su día a día. Es un espacio-tiempo tan sorprendente que incluso el intercambio de aventuras entre dimensiones es una realidad casi cotidiana.
Pero en medio de esta vorágine de personajes disímbolos y multicolores brillan estos protagonistas, y lo hacen porque en conjunto son la suma de tantos posibles de la realidad nuestra y no sólo la de ellos; ambos comparten varias características; tienen como oficio la búsqueda del poder, sin importar quien se oponga o lo que se haya de hacer, a quien se tenga que eliminar; son sanguinarios, déspotas, cínicos, brutales… e inteligentes en grados superlativos; tanto que es difícil encontrar quien pueda superarlos… Ambos son humanos, terriblemente humanos y quizá por ello superan en mucho a aquellos con que les ha tocado compartir su ya mítico universo, humanos o no.
Esto último es el motivo de esta historia sin historia de estos dos protagonistas; Lex Luthor y The Joker, dos caras del hombre, que en su inteligencia sobreponen sus intereses personales a los de los demás… ambos humanos, terriblemente humanos.
Lex Luthor (Alexander Joseph Luthor) carece de poderes sobrehumanos de cualquier tipo, no tiene identidad secreta, su poder se basa en su dinero e inteligencia, es terriblemente orgulloso y vengativo, y carece de principios éticos. The Joker (sin nombre e historia conocidos), un diabólico genio criminal con la apariencia de un payaso, envestido en un traje morado y que acostumbra dejar a sus víctimas con una grotesca sonrisa, no duda en asesinar a quien se interponga en su camino, capaz de engañar a cualquiera.
Hay algunas diferencias entre ambos, por un lado, Luthor (cuya calvicie es emblemática) planea, organiza todo de manera meticulosa, se escabulle entre vericuetos legales, su habilidad es tal que el ser más personaje de su universo (que por cierto no es humano) no ha podido vencerlo y por el contrario, no pudo hacer nada cuando las argucias de Lex lo llevaron a la presidencia de los Estados Unidos.
The Joker (blanco y de cabellera verde) es la bestialidad pura, la inteligencia inconsciente, a quien no importan ni los medios, ni el fin; sólo sacudir el mundo en una carcajada mortal, reír sin necesidad de una razón, reír hasta la muerte. Dueño una personalidad compleja y rica que hacen de él el villano número uno de noveno arte, el octavo en la línea de los más importantes de ese mundo de papel.
Sin duda ambos, The Joker y Lex Luthor son anti-arquetipos que lamentablemente son el reflejo de este mundo tan nuestro, donde hay infinidad de burdas copias de estos “entrañables” villanos.
viernes, 21 de mayo de 2010
De cómo desmentir a dios y no morir en la herejía
De cómo desmentir a dios y no morir en la herejía
Raúl Humberto Muñoz Aragón
…y el hombre dijo, −sea Dios−, y Dios fue a su imagen y semejanza; y al ver que era bueno para dejar en él la carga de sus temores, angustias, esperanzas e ilusiones; olvidó lo dicho y dejó en su creación los motivos para ser.
Desde entonces el hombre se ha encargado afanosamente de la creación de incontables dioses, tantos como han sido necesarios para tratar de menguar en algo la angustia de saberse finito… siempre en la búsqueda de los por qué que la realidad le presenta día a día, encontrar un espacio para un más allá que le justifique este su “más acá” que es lo único que tiene. En ocasiones le basta con un solo dios, otras por el contrario requiere de tantos como sea posible, pues los cuestionamientos no disminuyen, siempre son más, por cada respuesta siempre surgen más preguntas en una espiral constante y continua.
El hombre busca siempre, ese ha sido su mayor afán, uno que viene desde tiempos perdidos ya en la memoria; aún antes de ese “mundo de las ideas” que por obra y gracia de Agustín se transformó en un nuevo Dios, sucesor de aquel que habló con Abraham y que durante casi mil años fue el faro que guió al mundo en un tiempo que aún este último era el centro del Universo.
En toda esta historia; ese periodo de tiempo por nosotros llamado así y su antecedente (la mítica prehistoria que nos llena de imágenes el inconsciente colectivo) el cambio ha sido constante; las visiones son permutadas una y otra vez.
Ha poblado su mundo siempre de aquello que ha anhelado, de seres fantásticos que lo acompañan en este andar, que le significan y le definen como hombre de su tiempo, sea cual fuere este tiempo; aunque habría que ubicar también espacio, pues esa es la magia y dinámica del hombre; que es tantos hombres como culturas hay, como pensamientos, sueños y anhelos.
El encuentro con estas visiones del mundo en ocasiones han sido harto dolorosas, llenando nuestra historia de episodios que aún duelen; caminos iniciados que han quedado truncos al enfrentarse con las opiniones de los otros. Así, valga un solo ejemplo, en la Francia de 1244, en Montsegur, por decreto se extermina a los Merovingios, dejándonos hoy sólo una vaga imagen de su paso por este mundo, un triste bosquejo de su cosmogonía que no alcanzamos a vislumbrar.
Así los posibles son tan diversos que hoy sólo podemos especular con tantos hubiera que se tornan en pensamientos en apariencia inútiles. Las posibilidades de la imaginación y el pensamiento del hombre le han hecho posible el ver lo imposible y al hacerlo lo convierte en realidad, tan tangible como la nada, una nada que nos es tan necesaria para entender y visualizar nuestro todo.
El primer dios que el hombre creó es muy diferente al que hoy hemos ido dibujando; en algún momento sin duda necesitamos de un guía que nos señalara aquello que era bueno o malo; hoy la frontera entre ambos es tan intangible que el dios de la postmodernidad se desdibuja inevitablemente… encerrado en el mundo virtual de hoy en día.
“…Dios dice que la gloria esta en el cielo, que es de los mortales el consuelo a vivir, desmiento a Dios porque al tenerte yo en vida no necesito ir al cielo tisu…” así en el amor, que al lado de dios es una de nuestras mejores creaciones, podemos gritar a los cuatro vientos que a veces podemos desmentir a este dios de hoy sin que suene a herejía.
jueves, 29 de abril de 2010
Haciendo universos con pompas de jabón
Haciendo universos con pompas de jabón
Raúl Humberto Muñoz Aragón
No fue el primero en crear un universo. Esta certeza de hoy, es producto de este afán del hombre por divagar, de abandonarse a las ideas; es así como hemos podido atisbar un poco de esa realidad poblada de un número incontable aún de universos; tan diversos, tan extraordinarios, que en su unidad y diversidad están las claves que siempre hemos soñado.
De uno de ellos, aún desconocido, incluso del cual no tenemos una idea de cómo pudiera ser, nos llega la gravedad, esa fuerza primigenia, que esta presente en todo nuestro universo, tan enigmática, que a pesar de ser la primera de la que tuvimos noción es la más desconocida; recién los físicos teóricos de hoy ─los chamanes del siglo XXI, brujos que se comunican con el “más allá”, un “más allá” que cada día está más lejano─ han “volteado” a ese otro universo de donde proviene.
La complejidad a la que ha arribado la física teórica de hoy está tan poblada de sinsentidos aparentes, razones que el razonamiento de prácticamente la totalidad de los habitantes de esta “Era del Conocimiento” ni siquiera imagina y mucho menos conoce. La visión que del universo nos plantean la Cosmología, se ha tornado hartamente complicada de entender producto de la búsqueda por explicar el Big Bang, que hoy es clara como el agua para un pequeño grupo de individuos, ha creado una brecha profunda, abismal que los catapulta a estadios antípodas a hombres y mujeres que hoy habitan este pedazo diminuto de su todo. Para millones de personas es más creíble el universo tolomeíco, que si hay duda de lo anteriormente mencionado, baste hojear alguna revista o periódico para encontrar los apartados donde los horóscopos nos dicen que hacer día a día para conservar el favor de la fortuna, encontrar el amor deseado, conservar el trabajo de nuestros sueños ─o pesadillas─, y una múltiple lista de anhelos, sueños, deseos, dando al traste con ese “libre albedrío” que aquel niño hacedor de mundos nos legó por no tener tiempo para fiscalizar nuestro hacer, pues es más divertido jugar a ser Dios.
Caín o Abel… Caín y Abel… binomio que en una dialéctica se repite constantemente en nuestro derredor, desde el momento en que el bipedismos ─ese primer paso de nuestra especie, obligado por una naturaleza que suele ser la voz caprichosa de un niño que aprendió a ser Dios─, inició el camino al que hoy somos. Geocentrismo, heliocentrismo… no tienen sentido en el mundo actual, que, paradójicamente, está poblado de “sinsentidos” a los que las ensoñaciones del hombre le permiten darle sentido, mutando “sinrazón” en su antípoda y siendo la base de lo que hoy creemos, pensamos, decimos, hacemos.
Hablamos que somos el punto más alto del desarrollo del ser humano, que somos producto de épocas y periodos ya superados, sobrepasados infinitamente… a veces los que realmente refleja el ser humano de hoy, tan lleno de “conocimiento”, es que nos encontramos en el umbral de una verdadera época oscura, donde la razón no tiene sentido, pues con eso de que debemos ser “políticamente correctos” y hemos de dejar que cada uno de nosotros tenga su verdad… Falacia absoluta. La verdad no es democrática, simplemente es, más allá de cualquier punto de vista, de concepción moral, de ideario teológico o político…
Hoy, por primera vez, he visto a Dios y veo que es un niño que juega a vivir, a descubrir un mundo que aún le sigue asombrando, que va creando universos ─y no se muy bien si se de cuenta de ello, o de si le importe más que aprender a pesar de su omnisciencia─, que le gusta tener las rodillas del pantalón llenas de tierra y manchas de universo en su camisa.
lunes, 26 de abril de 2010
“Ser pensado” o morir en el intento
“Ser pensado” o morir en el intento
Raúl Humberto Muñoz Aragón
Nada es si antes no ha sido pensado por ese “espíritu” nuestro, intangible, supuesto, pensado a su vez ─recordándonos inevitablemente la imagen del omnipresente uroboro de toda cultura─; ese espíritu que ha de concebir todo lo que en derredor nuestro hay.
Cuando el espíritu humano fue, inició un trayecto que lo ha llevado entre posibles e imposibles, navegado entre ideas y quimeras que le han dado la posibilidad de poblar su mundo creándolo a imagen y semejanza de sus filias y fobias; filias y fobias que aunque parecieran siempre nuevas, en realidad son las mismas, vistas siempre en contextos nuevos.
Los posibles de hoy son los imposibles de ayer; pero cierto es, que de igual modo, los posibles de ayer son los imposibles de hoy; haciendo que el entendimiento pleno de aquellos “ayeres” es cuasi imposible, pues no podemos salirnos de nuestra cultura, que a fin de cuentas es la responsable de que seamos tal cual somos, repitiéndose nuevamente ese uroboro infinito, nosotros, a fin de cuentas, somos los hacedores de esta cultura.
Lo más que podemos aspirar es a realizar algunos acercamientos a cómo fue, no exentos de una gran carga de lo que somos hoy en día. Entenderemos al hombre de ayer con sus ideas, sus realidades y fantasías, siempre con las miras de quien haga la observación; así la visión que hoy tenemos del hombre del Medioevo ─que a fin de cuentas es sólo el recuento arbitrario de aquello ocurrido entre la caída de dos imperios─ no es la misma que en su tiempo se pudo tener algún pensador en la Ilustración o incluso la que ellos mismos tenían de sí.
Los posibles entonces son aquellas ideas que el hombre alcanza a entrever gracias a ese espíritu siempre cambiante; algunas veces harto tangible y otras, inevitablemente intangible; que dicta lo que hemos de hacer, el derrotero a seguir, la imagen que hemos de ver.
La visión cambia, hoy nuestros ojos han perdido la habilidad de ver las maravillas de ayer, así elfos, hadas, duendes, unicornios, sátiros, dragones, sirenas y toda una pléyade de seres y hechos fantásticos hoy no tienen cabida, ellos eran ideales en el mundo de ayer, ese que fue el centro del Universo, que estaba soportado por un número infinito de tortugas, una encima de la otra. Hoy los seres fantásticos son un conjunto de instrucciones en un lenguaje binario que muchos ni siquiera sabemos que existe, pero que puebla la “realidad” de hoy, tan poblada de impulsos eléctricos agrupados en “montones” de bytes.
Las ideas, esos “seres pensados” sólo han de ser reales cuando podamos entreverlas, imaginarlas; aunque sea un instante, una fracción; eso es suficiente para broten en toda su magnitud y desplacen poco a poco a las ideas de ayer, fusionándose en ocasiones, devorándolas o aniquilándolas en otras.
Es difícil visualizar mundos diferentes al nuestro, entenderlos en toda su grandeza, lo único a lo que podemos aspirar es a vernos y entendernos en ellos, observar nuestro reflejo en ellos, y quizá, sólo quizá, darnos cuenta de cómo han sido puente y camino que derivó en nosotros.
Es verdad que hay ideas que trascienden, “seres pensados” que caminan libremente entre eones alimentado constantemente el espíritu de hombres y mujeres; quizá esa sea la explicación ─al menos la que a quien escribe le place pensar─ por la nostalgia de aquellos dragones y sirenas que hoy llenan bibliotecas reales o virtuales, pues a fin de cuentas, están profundamente ligados a nuestra esencia; aunque el canto de las sirenas de Ulises es muy diferente al que escuchamos al través de nuestros sentidos en éstos tiempos de “conocimiento”.
miércoles, 21 de abril de 2010
Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al Islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos "anhelaban" la religión de sus conquistadores europeos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.
- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.
- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.
- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.
- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.
- No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!
- Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.
- Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.
- La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que "decirle en la cara que actuaba de forma condenable" (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.
- Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:
- Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.
