lunes, 28 de junio de 2010

El hombre estuvo al borde de la extinción

Los seres humanos podrían haber estado al borde de la extinción hace unos 70 mil años, indica un estudio de antropología que ha usado marcadores genéticos. La cifra de seres humanos habría quedado reducida apenas a 2.000, antes de que una vigorosa reproducción volviera a expandir su cifra.

“Este estudio muestra el extraordinario poder de la genética para revelar algunos de los datos claves (en la evolución) de nuestra especie”, dijo Spencer Wells, explorador de la National Geographic Society. “Pequeñas bandas de humanos primitivos, obligados a vivir apartados entre sí debido a duras condiciones ambientales, se alejaron del umbral de la extinción, se reunieron y volvieron a poblar el mundo. Se trata de un drama épico que quedó inscrito en nuestro ADN”.

Wells es el director del Proyecto Genográfico, lanzado en 2005 para estudiar la antropología usando la genética. El informe fue publicado en la revista especializada American Journal of Human Genetics. Estudios previos han relacionado el surgimiento de los seres humanos modernos a una sola “Eva”, que vivió en África hace unos 200.000 años.

Las emigraciones de los humanos desde África, cuna de la civilización, para poblar el resto del mundo, parecen haber comenzado hace 60 mil años, pero poco se sabía de los seres humanos entre Eva y su dispersión por el mundo. De acuerdo al nuevo estudio, el África oriental experimentó graves sequías hace entre 135 mil y 90 mil años, y los investigadores indicaron que los cambios de clima habrían contribuido a reducir drásticamente la población.

Esto significa que sería el período más largo en que dos poblaciones humanas modernas han quedado aisladas una de la otra. “Siempre que hay migraciones humanas hay factores geográficos o climáticos. Ha habido muchos cambios en estos 200.000 años de la historia de la humanidad”, explica explica Jaume Bertranpetit del Proyecto Genographic y biólogo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

“Ésta sería la primera gran diferenciación de grupos humanos que habría en la historia de la humanidad y esta separación sería también la más antigua y la más duradera”, según Bertranpetit.

Sin embargo, otros científicos aseguran que es demasiado pronto para poder reconstruir un panorama preciso de la historia de la humanidad.

Tomado de: http://www.faunatura.com/el-hombre-estuvo-al-borde-de-la-extincion.html

Fósiles de la familia humana

Un retrato de familia

¡Qué bonita es la ignorancia cuando Dios nos la concede!

¡Qué bonita es la ignorancia cuando Dios nos la concede!

Raúl Humberto Muñoz Aragón

Nada hay como la tranquilidad que produce la ignorancia… aunque habrá que decirlo también que nada es tan lamentable como ella; la ignorancia nos conduce por derroteros de harta pasividad donde las ocurrencias, esas que ocurren día a día, se minimizan al máximo (valga la paradoja) y todo esta tristemente resulto, nada hay por hacer pues “todoestábien” y “nadahayquepensar”.

La ignorancia es terriblemente violenta, daña irremediablemente a quien la padece, pues aunque se logre abatirla con el tiempo las cicatrices que deja son harto profundas, y echan raíces en el espíritu de pueblos e individuos. Nos somete a padecer continuamente abusos y discriminaciones por parte de aquellos que detentan cualquier tipo de poder, por mínimo que sea, pues a veces el “subirse a un ladrillo” enturbia tanto el entendimiento que nos ensoberbece, olvidando que la ignorancia de aquellos que se encuentran en un nivel más bajo del nuestro es la misma que nos alimenta, además de que formamos parte de una cadena que “eslabón por eslabón” nos llena de miseria y enloda.

Ser súbditos antes que ciudadanos pareciera la condena a la que la ignorancia nos conduce, pues para alcanzar el estatus de ciudadanos es pertinente, necesario y obligatorio pensar, conocer, ubicarse en su antípoda. La comodidad de ser súbditos nos embruja cual canto de sirenas, el no pensar y dejar en otros nuestro destino es tan atrayente para una sociedad deseosa de tener y temerosa de ser.

La sumisión a los poderes actuales; políticos, económicos, comerciales, mediáticos, educativos,…; adormece, pues una sociedad pensante es demasiado peligrosa para ellos; por ello es quizá que alientan la construcción de los fanatismos de hoy; obsesiones que nos llevan una y otra vez a buscar las valías de nuestro ser en imágenes e íconos sin sustento. La lucha por una delgadez extrema, a grados que las esculturas de Giacometti parecieran Boteros, conduce a hombre y mujeres a buscar cualquier medio que lleve el cuerpo a límites que se encuentran donde vida y muerte se confunden en este fanatismo por una figura antinatura… sólo por mencionar uno de los múltiples que cultiva el hombre del siglo XXI.

La sociedad actual está inmersa en una ignorancia que alimenta fanatismos y fatalismos que se han convertido en faro que la guía. Fatalismo que conduce a pensar que todo está hecho, determinado por algo o alguien en quien deja la autoridad para decidir.

¡Qué bonita es la ignorancia cuando Dios nos la concede!... y las pregunta serían, ¿Cuándo la universidad dejó su lugar preponderante de la sociedad?, ¿En qué momento la universidad dejó de ser creadora y modelo a seguir por la sociedad para ser sólo un grupo de edificios llenos de “idealistas” sin ideas, “teóricos” sin teorías, “gurus” sin seguidores?. ¿En que momento el docente dejó de ser el “sabio”, el “arquetipo” de la sociedad para ser un sindicalista más que sólo se afana en conservar e incrementar las conquistas laborales obtenidas?...

Debemos bajarnos de este mundo nuestro, hacer a un lado la ciudadanía de la ignorancia, cuestionarlo, cambiarlo…

ymahr@yahoo.com

jueves, 10 de junio de 2010

Lluvia en La Laguna


Lluvia en un día de 40° C.
La magia de La Laguna

En busca del sentido perdido…

En busca del sentido perdido…

O, cómo andar por el sinsentido sin enlodar nuestras plumas

Raúl Humberto Muñoz Aragón

La inteligencia no esta de moda… de hecho está en su antípoda.

Nada esta hoy tan lejano del diario vivir que la inteligencia, su uso y ejercicio pleno se ha perdido hace ya mucho tiempo, tanto que no tengo claro si alguna vez se ejerció a plenitud en nuestra historia occidental.

Esta cultura nuestra fue construida a base de libros (que en sus raíces más profundas tiene dos libros teológicos que la han nutrido y nutren constantemente; por un lado el binomio compuesto por la Iliada y la Odisea atribuidos a un mítico Homero; y por otro lado el Pentateuco, base de los textos judíos y cristianos escritos a dictado y capricho del mismo Dios) los cuales se encuentran en un ocaso en que han dejado de tener importancia para los muchos; pareciera que su caducidad hace tiempo que llegó a su límite y hoy son harto rancios, rancios pero sin abolengo pues han dejado de tener significado para la nuevas generaciones.

Hoy los códigos de comunicación entre los jóvenes son diferentes, en su cultura el libro es un artículo obsoleto, vetusto que no entra en la concepción de una cultura que tiende a minimizar el esfuerzo y maximizar el placer, donde el ego esta cada día más hinchado y nos afanamos en inflarlo aún más. Los nuevos gigantes de este tiempo, con pies de barro, navegan ahora entre cantos de sirenas que bloquean el tránsito de la disertación, confrontación y creación de ideas.

Nos afanamos tanto en ser “políticamente correctos” que dejamos que el “otro”, el que fuera, viva con sus ideas, aunque estas sean totalmente erróneas, no es conveniente contradecirlo, corregirlo o tan siquiera atenderlo. Somos un triste reflejo de las clases de Charlie Brown, aquellas es que solo escucha una serie se sonidos sin sentido. Hoy lo lamentable es que ni siquiera nos damos cuenta de ello, no tenemos tiempo, siempre es más importante tener “un mundo de caramelos” donde otros piensen por nosotros, nos digan que y como hacer o simplemente nos ignoren.

La inteligencia no tiene cabida, las verdades son a modo, las críticas son sólo cuando “yo” no me beneficio de aquello que critico. Si el sistema, por corrupto que sea, no cumple los caprichos, sueños, necesidades reales o imaginarias hay que cuestionarlo, atacarlo; pero si por el contrario algo “escurre a mi milpita”, entonces hay que quedarse callado y extender la mano.

La inteligencia estorba, pensar crea individuos altamente críticos, inconformes, cuestionadores, que tienen una enorme manía por preguntar y a veces por buscar respuestas. Es más cómodo ver las grandes historias contadas por Disney que encerrarse en las ideas que puede despertar un libro y correr el riesgo de pensar por nosotros mismos, es tan grande el campo del pensamiento que enfrentarlo solos causa pavor.

La historia hoy es construida y escrita por los mercenarios de la comunicación, que han vendido su integridad por algunos minutos y mucho dinero a los dueños de la omnipresente “caja idiotizante” que no idiota; porque los idiotas están en otro lado… y lamentablemente, por regla general, frente a ella que ha hecho de la mentira su “arquetipo”, modelo que es seguido a pies juntillas por esta sociedad enferma, terriblemente enferma de tanta modorra producto de cinco siglos de “tranza y engaño”.

Pensar duele, duele mucho en verdad, pero es mejor el dolor de pensar, que la somnolencia que produce su ausencia.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Una historia sin historia

Una historia sin historia

Raúl Humberto Muñoz Aragón

Cada universo tiene sus iconos, aquellos que lo definen, lo delimitan, lo forman y conforman; en los cuales se refleja, y reflejan a su vez, su esencia nítidamente. Estos universos suelen ser la replica de aquellos donde habita su creador.

En uno de ellos, vieron la luz por primera vez los dos protagonistas de esta historia sin historia, fue en el año de 1940 de nuestro espacio-tiempo. Ambos se encuentran en medio de un universo hartamente poblado por seres fantásticos, con poderes más allá de lo concebible por mentes “cuerdas y sensatas”, algunos de ellos procedentes de mundos tan distantes, algunos inexistentes actualmente; otros exiliados de su mundo natal; algunos más provenientes de las profundidades del mar, dueños de imperios escondidos en las regiones más inhóspitas de nuestro planeta; algunos más humanos que por avatares de la vida han mutado adquiriendo habilidades que los colocan en un nivel superior al común de los mortales.

En su universo hay seres tan poderosos que les ha sido posible navegar entre universos libremente, vivir en ellos aventuras tan riesgosas que a algunos les ha costado la vida… pero después de algunos cuadros, simplemente regresan a su hogar para continuar una vida ardua en aventuras, donde bien y mal se encuentran en una confrontación constante y continua que no termina por definir a un vencedor.

El tiempo ahí viaja a otro ritmo, a veces se acelera y brinca miles de años, al pasado o al futuro, haciendo una telaraña “endemoniadamente” complicada que sólo muy pocos son capaces de entenderla o conocerla, pero que para ellos es su día a día. Es un espacio-tiempo tan sorprendente que incluso el intercambio de aventuras entre dimensiones es una realidad casi cotidiana.

Pero en medio de esta vorágine de personajes disímbolos y multicolores brillan estos protagonistas, y lo hacen porque en conjunto son la suma de tantos posibles de la realidad nuestra y no sólo la de ellos; ambos comparten varias características; tienen como oficio la búsqueda del poder, sin importar quien se oponga o lo que se haya de hacer, a quien se tenga que eliminar; son sanguinarios, déspotas, cínicos, brutales… e inteligentes en grados superlativos; tanto que es difícil encontrar quien pueda superarlos… Ambos son humanos, terriblemente humanos y quizá por ello superan en mucho a aquellos con que les ha tocado compartir su ya mítico universo, humanos o no.

Esto último es el motivo de esta historia sin historia de estos dos protagonistas; Lex Luthor y The Joker, dos caras del hombre, que en su inteligencia sobreponen sus intereses personales a los de los demás… ambos humanos, terriblemente humanos.

Lex Luthor (Alexander Joseph Luthor) carece de poderes sobrehumanos de cualquier tipo, no tiene identidad secreta, su poder se basa en su dinero e inteligencia, es terriblemente orgulloso y vengativo, y carece de principios éticos. The Joker (sin nombre e historia conocidos), un diabólico genio criminal con la apariencia de un payaso, envestido en un traje morado y que acostumbra dejar a sus víctimas con una grotesca sonrisa, no duda en asesinar a quien se interponga en su camino, capaz de engañar a cualquiera.

Hay algunas diferencias entre ambos, por un lado, Luthor (cuya calvicie es emblemática) planea, organiza todo de manera meticulosa, se escabulle entre vericuetos legales, su habilidad es tal que el ser más personaje de su universo (que por cierto no es humano) no ha podido vencerlo y por el contrario, no pudo hacer nada cuando las argucias de Lex lo llevaron a la presidencia de los Estados Unidos.

The Joker (blanco y de cabellera verde) es la bestialidad pura, la inteligencia inconsciente, a quien no importan ni los medios, ni el fin; sólo sacudir el mundo en una carcajada mortal, reír sin necesidad de una razón, reír hasta la muerte. Dueño una personalidad compleja y rica que hacen de él el villano número uno de noveno arte, el octavo en la línea de los más importantes de ese mundo de papel.

Sin duda ambos, The Joker y Lex Luthor son anti-arquetipos que lamentablemente son el reflejo de este mundo tan nuestro, donde hay infinidad de burdas copias de estos “entrañables” villanos.

viernes, 21 de mayo de 2010

De cómo desmentir a dios y no morir en la herejía

De cómo desmentir a dios y no morir en la herejía

Raúl Humberto Muñoz Aragón

…y el hombre dijo, −sea Dios−, y Dios fue a su imagen y semejanza; y al ver que era bueno para dejar en él la carga de sus temores, angustias, esperanzas e ilusiones; olvidó lo dicho y dejó en su creación los motivos para ser.

Desde entonces el hombre se ha encargado afanosamente de la creación de incontables dioses, tantos como han sido necesarios para tratar de menguar en algo la angustia de saberse finito… siempre en la búsqueda de los por qué que la realidad le presenta día a día, encontrar un espacio para un más allá que le justifique este su “más acá” que es lo único que tiene. En ocasiones le basta con un solo dios, otras por el contrario requiere de tantos como sea posible, pues los cuestionamientos no disminuyen, siempre son más, por cada respuesta siempre surgen más preguntas en una espiral constante y continua.

El hombre busca siempre, ese ha sido su mayor afán, uno que viene desde tiempos perdidos ya en la memoria; aún antes de ese “mundo de las ideas” que por obra y gracia de Agustín se transformó en un nuevo Dios, sucesor de aquel que habló con Abraham y que durante casi mil años fue el faro que guió al mundo en un tiempo que aún este último era el centro del Universo.

En toda esta historia; ese periodo de tiempo por nosotros llamado así y su antecedente (la mítica prehistoria que nos llena de imágenes el inconsciente colectivo) el cambio ha sido constante; las visiones son permutadas una y otra vez.

Ha poblado su mundo siempre de aquello que ha anhelado, de seres fantásticos que lo acompañan en este andar, que le significan y le definen como hombre de su tiempo, sea cual fuere este tiempo; aunque habría que ubicar también espacio, pues esa es la magia y dinámica del hombre; que es tantos hombres como culturas hay, como pensamientos, sueños y anhelos.

El encuentro con estas visiones del mundo en ocasiones han sido harto dolorosas, llenando nuestra historia de episodios que aún duelen; caminos iniciados que han quedado truncos al enfrentarse con las opiniones de los otros. Así, valga un solo ejemplo, en la Francia de 1244, en Montsegur, por decreto se extermina a los Merovingios, dejándonos hoy sólo una vaga imagen de su paso por este mundo, un triste bosquejo de su cosmogonía que no alcanzamos a vislumbrar.

Así los posibles son tan diversos que hoy sólo podemos especular con tantos hubiera que se tornan en pensamientos en apariencia inútiles. Las posibilidades de la imaginación y el pensamiento del hombre le han hecho posible el ver lo imposible y al hacerlo lo convierte en realidad, tan tangible como la nada, una nada que nos es tan necesaria para entender y visualizar nuestro todo.

El primer dios que el hombre creó es muy diferente al que hoy hemos ido dibujando; en algún momento sin duda necesitamos de un guía que nos señalara aquello que era bueno o malo; hoy la frontera entre ambos es tan intangible que el dios de la postmodernidad se desdibuja inevitablemente… encerrado en el mundo virtual de hoy en día.

“…Dios dice que la gloria esta en el cielo, que es de los mortales el consuelo a vivir, desmiento a Dios porque al tenerte yo en vida no necesito ir al cielo tisu…” así en el amor, que al lado de dios es una de nuestras mejores creaciones, podemos gritar a los cuatro vientos que a veces podemos desmentir a este dios de hoy sin que suene a herejía.

ymahr@yahoo.com