miércoles, 15 de octubre de 2014
LA SOLEDAD DE SER
martes, 31 de agosto de 2010
Soledades 2
Raúl Humberto Muñoz Aragón
“…hoy viene a mi la damisela soledad…”
Silvio Rodríguez
La vida está poblada de soledades, entre los más de seis mil millones de habitantes que horadan cada día la superficie de este plante hay una gran cantidad de soledad… es el momento en que el ser humano se encuentra consigo, haciendo de este encuentro maravilla y esto a pesar de su hacer por la vida, a pesar de la sordidez a la que puede llegar.
Y… al ser la soledad la primera amante del ser humano, hombres y mujeres se arrojaron a sus brazos (esto ocurrió en un tiempo perdido en la memoria más remota de este homo sapiens) en un abrazo infinito, constante, apasionado, continuo, interminable… y he aquí que en él, en este entrañable encuentro entre ese ancestro nuestro y la “damisela soledad”, encontramos lo otro, a los otros, a tanto aquéllos que en nuestro derredor hay, a todas y cada una de las maravillas que el mundo tiene para nuestro deleite… pero el primer encuentro, el más extraordinario de todos, es el que tenemos con nosotros mismos, el cual nos ha de llevar a todos los demás.
Encuentros en soledad, en esa soledad que al enfrentarnos con lo que somos nos permite tener conciencia de nuestro andar por la vida, ese insondable misterio que es la vida y que aún no alcanzamos a comprender en toda su magnificencia.
La soledad nos ha permitido tantos encuentros que uno de sus legados máximos es nuestro distintivo entre las especies vivientes, don y castigo, premio y tormento… la inteligencia, esa que alimenta a borbotones el espíritu, que hace posible el culto a lo bello y lo grotesco, donde cualquier maravilla es posible, donde cualquier horror es igualmente posible, una inteligencia que a su vez creó ignorancia y conocimiento, diálogo del ser-hacer de todo hombre y mujer que han sido.
El mundo está tan lleno de soledades que inventó su antípoda, una suma de soledades que hace que la vida valga pena de ser vivida, que al rendirnos a este encuentro máximo multipliquemos estas soledades y con ello llenemos de una nueva mirada la cotidianidad.
El encuentro máximo que la soledad nos lega para andar en el mundo es el encuentro de dos soledades que se tornan en maravilla pura… el amor, abandono pleno, soledad máxima que fusiona alma y espíritu de dos seres pensados y creados por la vida para su propia subsistencia, permanencia; fusión que transporta a la soledad perfecta, aquella en que estas tan lleno del otro ideal para ti, haciendo de este andar juntos por espacio y tiempo un “viaje mágico y misterioso” que nos lleva entre polvo de estrellas, el mismo polvo que compone cada átomo que nos pertenece y le pertenece.
Suma de soledades que compensa el nacer y el morir nuestro en la misma soledad.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
La isla de los hombres solos
Raúl Humberto Muñoz Aragón
Un gris que abruma, que envuelve en una melancolía que duele, que carcome el alma.
Una vida opaca, vacía, triste.
Cuatro de la tarde de un día sin tiempo, sin viento; en medio de un murmullo compartido por todos, un murmullo que oculta la charlas de otros; los pensamientos de siempre.
Con el periódico vespertino bajo el brazo, la mirada esquiva, el paso rápido, automático; camino rutinario, “sabido”, múltiples veces recorrido en un patético viaje en búsqueda de humedades perdidas, siempre a la búsqueda de un sentir esquivo, siempre la misma hora.
Hace ya algunos años que entro por primera vez, aquella ocasión era distinto, acompañado del jolgorio de amigos, compañeros de odisea en los cuales el morbo era bandera, cuando los años inundan de rebeldía la vida, donde lo prohibido atrae inevitablemente, al amparo de las sombras, con el corazón latiendo a mil por hora, en el pantalón la cartilla alterada del hermano mayor, juego mágico entonces, juego del que hoy queda nada.
Ya han pasado los días de gloria también para la sala, ya no hay más estrenos, no más filas interminables; atrás quedaron la dulcería llena, los viajes espaciales de mano de alienígenas, o a los abismos de pesadillas en secuelas interminables; hoy las palomitas son una maza informe, húmeda e insulsa, los sueños se han ido ya.
La película no importa, la acción es la misma, siempre la misma, un interminable retorno, vaginas y penes, sexo por el puro sexo, sin la música que lo tonifica, que seduce; no aquí sólo hay coito continuo y constante, en poses acrobáticas sacadas de kamasutras light.
En la taquilla esta la misma vieja gorda de aquellos tiempos idos, quizá sea lo único que quede del ayer, envuelta en un hartazgo infinito, con sonrisa irónica recibe el dinero y entrega el boleto, años ha que dejó de ver con curiosidad a los clientes, “cinéfilos” cautivos, mucho tiempo paso ya desde que le dirigió la última palabra a uno de ellos. Se han convertido para ella en seres sin identidad, dejo de molestarle las propuestas indecorosas que le hacen los que aun siente que el sexo puede ser físico.
Con boleto en mano se dirige a su sala sin recordar bien a bien como fue quedándose solo, cuándo fue que los amigos se alejaron por novias o esposas; al principio el se burlaba de ellos, hoy no los recuerda ya, son fantasmas perdidos en algún rincón de la memoria. Al entrar la humedad imperante le abofetea el rostro, es una humedad sórdida sin relación alguna con las otras humedades, aquellas que el deseo produce, ésta de hoy es productos de los encuentros carnales sin carne que se han multiplicado por miles a lo largo de la historia de este cine.
El olor es rancio, agresivo. Las butacas vacías, sucias, en la sala algunos cuerpos se vislumbran en la oscuridad imperante. En la pantalla dos sexos inician la coreografía. El zipper del pantalón deja el paso libre para un nuevo encuentro, un vaiven automático, sin sentido, ya no hay nada que sentir.
No hay placer, sólo una infinita soledad, sin camino aparente, una vida autómata.
Al término de la función una nueva mancha “adorna” las butacas del cine. Con paso lento se aleja. Los ojos vacíos.
jueves, 30 de julio de 2009
Raúl Humberto Muñoz Aragón
En esta época de velocidad, los impulsos del corazón son reemplazados por impulsos de cristales de cuarzo. Las cartas de ayer, son hoy cadenas de códigos binarios que, eso si, igual que antaño, nos dicen siempre las mismas cosas; que aunque el medio a cambiado, el amor sigue siendo el mismo de siempre, poco importa que tan vanguardista seas, siempre, los cimientos son los mismos, aquellos que nuestros abuelos cantaron.
En este momento, en que el hombre creó el ciberespacio a su imagen y semejanza, se reinventa a si mismo, ahora se puede ser todos, cualquiera. No existen sueños que no sean realizables en este manejo de megas y gigas que navegan en olas que lo cubren todo. Hoy esta de moda enamorarse por Internet, y tiene su lógica, al estar frente a una máquina, sin contar con roces o miradas, podemos actuar más libremente, crear la historia personal que más alimente estas quimeras nuestras. En la Red se encuentran todos los elementos que necesitamos para satisfacer cualquiera de nuestras fantasías, no impartan que tan cándidas o bizarras puedan ser, siempre habrá lugar para ellas en este gigante acéfalo de mil sentimientos que es la Red de Redes.
Al amar hoy, nos inventamos a cada instante. La fantasía que soñamos se convierte cada día en una realidad, una "ciberrealidad" (paradoja incluida, pero cierta, la cual describe este mundo nuestro) en la cual todos somos perfectos; perfectos en vicios y virtudes que construyen los lazos que fundirán nuestros amores del mañana. Por chats, e-mail, icq y demás hierbas van nuestros sentimiento, reales o no, al encuentro de las mitades perdidas, y digo mitades porque ya sabemos que en Internet puedo multiplicarme a imagen y semejanza de mis locuras, clonarme hasta el infinito, perfeccionando tácticas y estrategias, para concluir, igual que Benedetti, "que un día cualquiera no se como, ni se con qué pretexto por fín" el amor me necesite.
La soledad a la que nos ha llevado este siglo XX que por fin ha muerto, nos conduce a recrear de nuevas formas los anhelos de antaño. Una soledad que nos permite el vivir encerrado entre cuatro paredes, con un monitor reemplazando las miradas de ayer, convirtiéndonos en nuevos vouyeristas, siempre a la caza de nuevas emociones y sensaciones. Los sentidos siempre alertas, esperando los sonidos monótonos que nos avisen de la llegada de un nuevo "correo".
El Ser humano requiere el sentir, el vivir es el encuentro continuo con nosotros mismos, el sabernos, el entendernos, y quizá, sólo quizá, esta búsqueda nuestra por Internet sólo sea el anhelo por encontrar ese eslabón perdido de nuestros sueños, ese que quise ser, y hoy el olvido ha arrancado.