martes, 17 de junio de 2014

GRACIAS A DIOS POR LA FELICIDAD
Raúl Humberto Muñoz Aragón

Siempre he dicho a mis alumnos que al leer o escribir en realidad estamos desvelando la esencia de lo que somos, independientemente de aquello que escribamos o leamos, siempre en lo más profundo de este acto está el descubrimiento de lo que somos. Es imposible que sea de otra manera; somos en realidad la continuación de miles de millones de hombres y mujeres que nos construyeron genética y culturalmente, en una evolución continua de conocimiento, esto aunado a que somos la suma única, individual, personal de todas las imágenes, los instantes y los momentos por los cuales hemos transitado, hacen de la lectura y la escritura el encuentro más íntimo de nuestra mismidad, de ése que somos.

Lo anterior escrito es razón y fundamento de lo que ahora cuento, y esto que contaré a su vez, origen de la reflexión siguiente (valga el galimatías gramatical)… Ocurre que, hace unos días, mi hija, que sólo tiene dos años, al final de un día particularmente feliz para ella, llena de emoción, estando en la cocina mi esposa y yo preparando la cena, de pronto, con todo el entusiasmo de una vida que se está descubriendo, que se construye día a día gritó con entusiasmo "Gracias a Dios por la felicidad". Seis palabras tan sencillas de nuestro vocabulario que encierran una magia que no deja de sorprenderme y con el deseo inmenso de decirlas también yo… preguntándome incluso si alguna vez las he pronunciado.

La felicidad es todo y es nada, es sueño, anhelo, deseo, temor incluso. Es la envoltura que nos recuerda el chocolate que disparó en nuestras papilas gustativas incontables sensaciones, sacando recuerdos que en nuestra infancia acumulamos. Es la sonrisa de un hijo, la sensación de concluir un gran esfuerzo, la ilusión de un regalo en Navidad, la solución al problema más complejo o más sencillo, es un poema de Sabines, una canción de José Alfredo, el abrazo de una madre, de un padre. Es nuestro reflejo en los ojos de la mujer amada, nuestro primer encuentro, es una sonrisa… es todo, es nada. Está sujeta a nuestra historia personal, tan subjetiva como nosotros mismos; esquiva a veces, a pesar de viajar siempre a nuestro lado desde el día de nacer, primera y última compañía.

Mi felicidad, como la de cualquiera, es producto de múltiples situaciones, circunstancias, acciones, una de ellas los libros. Nada más emocionante que conocer aquél que somos, desvelar los grandes y pequeños misterios de nuestra vida en pedazos de papel, en el eco de las palabras. Es en este azar en que vivimos, construido a partir del caos tan ordenado que nos rodea, que se da la segunda ocurrencia de esta reflexión. Un libro, extraordinario como todos los libros, "Cinco ecuaciones que cambiaron el mundo. El poder y la oculta belleza de las matemáticas" de Michael Guillén. Lectura apasionante, cálida, poética y extraordinariamente reflexiva, retrato fiel del espíritu humano. En sus líneas, nos presenta una de las grandes conclusiones de la ciencia, la plantea que nada es más extraño, exótico, extravagante y antinatura en el Universo que la vida, ya que para que ésta se diera fue necesario una infinidad de eventos que hubieron de ocurrir en un tiempo preciso, con una intensidad adecuada, una duración concreta, un sentido único y una sincronía exacta, tanto que cualquier variación haría imposible su surgimiento.

El conjunto de circunstancias, situaciones, eventos, fenómenos que ocurrieron a lo largo de al menos 10 mil millones de años y que repercutieron en el surgimiento de la vida son excepcionales, derivando en una probabilidad ínfima. La vida es un hecho casi seguramente imposible, pero que ocurrió y ocurre, a pesar de ser un evento finito -quizá único- de posibilidades frente a un espacio de posibles resultados infinito. Esto nos convierte en protagonistas de la odisea más extraordinaria jamás contada o imaginada siquiera, producto de una sinfonía compuesta por el azar -póngale el nombre que desee-.

¿Cómo es que a un grupo inerte de partículas le ha sido posible crear un sentimiento tan abstracto como la felicidad? ¿Cómo es que pueden pensar, imaginar, descubrir, construir, contemplarse, sentir y soñar? La mente humana -la máquina más compleja del Universo conocida por el hombre- ésa que hace que nos planteemos preguntas producto de seis palabras dichas por una niña. Interrogantes que nos dan sentido, que nos posicionan y nos ubican en este concierto que es el Universo, del cual somos parte fundamental, su invento para contemplarse a sí mismo. Tripulantes de un viaje iniciado con una gran explosión que lo originó todo, incluso la felicidad, ésa que nos invade al presenciar la danza de colores que el crepúsculo nos da en este nuestro hogar. Vengan pues los momentos de felicidad, de tristeza, de soledad, de encuentro… y demos gracias por ellos.

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jueves, 8 de mayo de 2014

Ausencias
Raúl Humberto Muñoz Aragón

Sin fuerza ya para sentir dolor, en un estado de letargo profundo, sin sentido. La conciencia se ausenta por momentos, esa humanidad que nos arropa y distingue está cada vez más lejana. El hueco en el estómago ha crecido tanto que por fin el cuerpo mismo empieza a tomar decisiones. La desesperación ya ausente, se torna tangible en una autofagia que es irreversible. La vida busca permanecer a pesar de su propio consumo, a pesar del destino que le aguarda, a pesar de su propia muerte.

Los sueños, los ideales, los anhelos, los deseos, la felicidad, la tristeza, la libertad, la conciencia, el odio, la poesía… ya nada importa. Solo una sensación que inicia nuevamente, lenta pero irreversible, en crecimiento desbordante, abrumante y ya sin fuerzas que detengan su avance. No hay lágrimas, se han ido hace tiempo, fueron alimento vorazmente extinto; con ellas se escapó un poco más de humanidad.

Vivir sin esperanza, morir sin esperanza; hace tiempo que los grandes ideales creados a lo largo del azaroso proceso de humanización han dejado de tener sentido, los valores valen nada, los sentidos se han embotado. Dios salió de su vida, de su muerte, de su todo y de su nada sin apenas percibirlo. No hay ira, ya no queda nada en la consciencia que impulse a sentirla, tampoco amor. El miedo antes omnipresente, hoy es la mayor ausencia, nada hay que temer cuando se es nada.

¿Qué conduce a este escenario? ¿Cómo es que el hambre carcome en un mundo obeso? ¿Qué destino tiene una sociedad que lo permite? ¿Dónde están los valores que axiología, filosofía, teología, pedagogía… estudian afanosamente? ¿Qué merito tiene una “sociedad moderna” en que aún galopan a sus antojos esos tristes cuatro jinetes? ¿Qué valía tiene una Sociedad del Conocimiento que tolera el hambre en otros? ¿Cómo anhelar? ¿Cómo soñar? ¿Cómo vivir? Si ya no hay fuerzas. ¿Cómo luchar?, si ya no se sabe de sí, cuando ese “símismo” se esfumó.

¿A dónde va el espíritu humano en este caso? El hambre en su máxima expresión, cuando el cuerpo busca saciarse de sí mismo, encontrar en músculos, órganos, fluidos, en donde fuere los nutrientes para seguir luchando por vivir. Recordándonos esas fotografías que los grandes diarios, revistas de renombre, medios de comunicación, periodistas, fotógrafos nos muestran de países perdidos en guerras interminables, en remotas regiones del África, el Medio Oriente o Asía, regiones que imaginamos en un desfase histórico con relación a nuestra cotidianidad. Nada más lejano de la realidad.

Solo basta con recorrer el centro de estas ciudades nuestras, voltear a ver a esos seres “invisibles”, aquellos que son anunciados por una peste que nos hace girar en torno a ellos sin verlos, pero sin evitar hacer alguna mueca de desdén, de repulsión, de enfado… borrachos y drogadictos sin remedio, parásitos de la sociedad, seres sin derecho al estatus humano que tanto nos enorgullece, individuos tan lejanos a nuestro prójimo, a nuestros iguales que hace difícil amarlos. Gente, hombres y mujeres, a quienes la vida los ha llevado a una situación que no comprendemos, pero eso sí, que nos atrevemos a censurar, cuestionar, señalar, criticar infamemente. Individuos que viven de los desperdicios que botamos a la menor oportunidad, que va de bote de basura en bote de basura buscando que comer, buscando nuestra dignidad perdida.

Eso olvidados de la sociedad; esa que se ocupa más en la defensa de los toros de lidia que en sí misma, que lucha por el bienestar de los delfines y olvida a los más débiles, nacidos o no; aun ellos tienen la oportunidad de comer algo, por más desagradable o denigrante que nos parezca, pero ¿y aquellos que ni siquiera eso pueden hacer?, que viven en regiones de nuestro “México lindo y querido” dignas de postales, que adornan despachos, hogares, museos, universidades, pero de cuyos habitantes desconocemos todo.

Oaxaca, estado emblemático de esta unión que conforma nuestra República, que como ella ha curtido y curten su historia con sangre y sudor; dueño de regiones que son nuestro orgullo ante el mundo, disfrute de turistas… que padece luchas intestinas entre quienes tienen la encomienda de administrar riqueza y justicia siempre en busca de mejores niveles de vida y aquellos cuyo deber es educar a los nuevos individuos que han de continuar con el legado que les dejó su historia. Ahí donde la hambruna es tan grave que las próximas imágenes tendrán un nuevo telón de fondo, San Mateo Yucutindoo, Santiago Amoltepec, Santo Domingo Teojomulco, Santa Cruz Zenzontepec y Santa María Zaniza; los protagonistas, los niños de siempre, padeciendo un hambre que duele, que lastima, que indigna. Esto no solo pasa Oaxaca, ocurre en el Estado de México, Veracruz, Puebla, Jalisco, Guanajuato… Qué triste destino de México, tan lejos de Dios y tan lleno de mexicanos.
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miércoles, 30 de abril de 2014

Los peligros de la (¿mala?) educación

Los peligros de la (¿mala?) educación
Raúl Humberto Muñoz Aragón

He aquí que algunos pocos dijeron: “sea el conocimiento para los menos…” y surgió la simulación, la cual se ha multiplicado en forma exponencial desde entonces, siempre en detrimento de generaciones de niños y jóvenes que hoy tienen un futuro trunco, limitado, coartado producto de una pobre formación académica; la educación hoy es producto de mercado y se cotiza en las bolsas de valores del mundo como una mercancía más, una industria que hace “hombres” a medida, hacedores, maquiladores de las ideas de otros que no entienden y mucho menos comprenden.

La educación escolarizada se ha tornado en botín de “empresarios” que no emprenden nada, algunos de ellos solo en busca de un mercado seguro, cierto y con miras muy lejos del compromiso leal y honesto de los grandes educadores que han dejado y aún hoy dejan su espíritu en las aulas; aquellos hombres probos pierden espacio cada día, siendo apartados por individuos “mejor preparados” que encuentran refugio en instituciones educativas ante los embates de una sociedad más competitiva, donde el entorno mundial se convierte cada vez más en algo doméstico, cercano, competitivo.

Hoy el mundo viene hasta nuestra casa a competir por espacios, buscando una añorada calidad de vida “moderna” que impone ritmos y cánones que se vuelven por momentos muy difíciles de alcanzar, al menos si no se cuenta con una preparación adecuada, que permita enfrentar los grandes retos de hoy, que exige líderes que tengan claro y preciso los destinos que desea alcanzar, que en la claridad de sus objetivos avance en su consecución, creando para ello los nuevos caminos que otros han de seguir, que esté preparado para la vida de hoy. Este escenario hace que el compromiso por alcanzar altas cotas de preparación formal académica sea pleno para todos y cada uno de los individuos de este momento histórico y, a la par, magnifique el daño que algunas instituciones hacen al no asumir su compromiso de educar.

Una educación equivocada es altamente peligrosa, pues al término, generará individuos con expectativas personales que no podrán cumplir, profesionales generados al vapor con un esfuerzo mínimo, eso sí, con títulos rimbombantes, “gigantes de pies de barro”; derivando en una escases de conocimientos, una cultura pobre, un desconocimiento de los tópicos importantes y relevantes de las áreas de conocimiento que están inmersas en la profesión estudiada, carentes de una visión humanista.

Las instituciones educativas pareciera que se han convertido en guarderías, donde niños y jóvenes son llevados con el único fin de que se encuentren en lugares seguros en los que quizá puedan aprender algo “útil”, donde sean “productivos” o al menos que no engrosen la deshonrosa y triste lista de “ninis”. Estamos inmersos en un sistema educativo creado para dar respuesta a las necesidades de una sociedad industrial, donde la demanda por individuos que supieran hacer era fundamental, hoy la sociedad es otra muy diferente; un sistema educativo que le da un alto aprecio a las matemáticas y al español, siendo estas las asignaturas más importantes y lamentablemente las menos efectivas, pues nuestra comprensión matemática y nuestras habilidades de lectura y escritura se encuentran en niveles ínfimos, haciendo menos los aspectos humanistas que dan sentido y cohesión.

La multiplicación de los centros educativos ha sido importante, creciente y para ser honestos y claros, necesaria; lo lamentable es que este crecimiento no está ligado a un desarrollo real de la educación en México, ni ha contribuido a una calidad académica real que genere individuos preparados realmente. Muchas de estas nuevas instituciones tienen un objetivo claro y preciso, convertirse en un centro que genere ganancias económicas, hecho que no es ni un “pecado” ni incorrecto, lo grave es cuando ese es su único fin, dejando de lado la formación adecuada de sus estudiantes, sin proporcionar buenos salarios a sus profesores, sin inversiones adecuadas en instalaciones y en tecnología educativa de vanguardia, con programas académicos obsoletos algunos o “novedosos”, tanto que no tienen futuro real.

Educar es sin duda el motor que puede despertar a una sociedad, sacarla de su marasmo, convertirla en un ente crítico, activo, comprometida consigo. Este es el “otro peligro” de la educación, al menos para aquellos que buscan preservar el statu quo –y que quizá estén facilitando el surgimiento de “empresas de la educación” que se encargan de producir ciudadanos acríticos–, habrá que luchar por hacer realidad este escenario, que el oficio de profesor requiera de niveles más altos y comprometidos con el afán de facilitar el aprendizaje, hombres y mujeres que se encuentren en la cima del aprecio de la sociedad, con niveles de vida dignos, pues ellos son los grandes hacedores. Para ello hay que cuidar el futuro de nuestros hijos, cuestionando a aquellas escuelas, colegios, institutos, universidades y demás que nos ofrecen espejitos que al final serán triste espejismo, ilusiones rotas, futuros truncos, individuos limitados. Es menester echar fuera la simulación en el sistema educativo nacional.

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jueves, 10 de abril de 2014

Derechos sin obligaciones
Raúl Humberto Muñoz Aragón

Sin lugar a dudas; niños, jóvenes, adultos, viejos, mujeres, hombres… todos; todos tenemos derechos, independientemente de condiciones sociales, culturales, religiosas, laborales, de salud, de género…; son parte fundamental de lo que nos hace seres humanos, integran la esencia de hombres y mujeres, son inevitables, irrenunciables y es nuestro compromiso haceros valer, luchar día a día por su respeto; esa es nuestra primera obligación como individuos, como parte de una colectividad, de una sociedad en la que se sustentan y se ejercen y nos da la oportunidad de ser.

Pero con los derechos que nos asisten, que nos dan sustento y fundamento en nuestro ser y hacer, también está la contraparte, las obligaciones que con ellos vienen. Pues todo individuo, independientemente de su situación particular, tiene tanto derechos como obligaciones que van en el sentido y en la magnitud de su condición personal y evolucionan y se transforman conforme nosotros vamos pasando por los roles y estatus que la convivencia en sociedad nos impone; pero igualmente son ineludibles, irrenunciables; no podemos abonar por unos y dejar los otros a la deriva, o a que sean cubiertos o cumplidos sólo por los otros o por conveniencia.
Hemos luchado tanto por la defensa de nuestros derechos, que en tiempo ya suman varios siglos, remontándose a la Edad Media en sus primeras conceptualizaciones y en generaciones de derechos humanos ya hablamos de al menos cuatro generaciones en las que se han abordado desde los derechos fundamentales del ser humanos ligados al principio de libertad –de ahí el surgimiento de las grandes libertades individuales– hasta los derechos de los individuos ante las nuevas tecnologías y la Sociedad del Conocimiento –utópica o no–, pasando por los derechos económicos, sociales y culturales de la segunda generación vinculada al principio de igualdad, así como los de la tercera generación que se sustenta en el principio de fraternidad vinculada en la solidaridad. Pero esta búsqueda constante, esta lucha por los derechos que nos deben asistir es tal que hemos dejados u obviado eso que son nuestras obligaciones.

Sin duda ambos elementos, derechos y obligaciones van juntos, unos deben ser consecuencia de los otros, la conquista de uno debe ser el resultado de ejercer el otro. Ejemplos hay muchos; la lucha por el bienestar de los niños, por la satisfacción de todos y cada uno de sus derechos, por legarles una mejor calidad de vida, está dando como resultado una generación de niños que sólo saben de los privilegios que tienen por el simple hecho de ser infantes; dejando de lado el respeto a los padres, a los mayores, donde la autoridad del profesor –y de cualquiera– se ve menguada por las rebeldías y caprichos de pequeños harto consentidos; que exigen, que no saben del uso de palabras tan sencillas como necesarias  como lo son “por favor” y “gracias”. Sí, los niños, tienen obligaciones en casa; ayudar y contribuir en el bienestar del hogar, su trabajo es estudiar, cumplir con tareas, respetar a los otros.

Jóvenes sin ideología, pues, algunos han tenido aquello que desean al alcance de un berrinche, donde el exigir es su tarea principal, donde con la bandera de su individualidad, se pueden enfrascar en cualquier actividad, licita o no, moral (aunque este pasada de moda) o no, peligrosa o no… y los padres debe “respetar” su espacio y no intervenir, aunque los jóvenes aun no tengan todos los elementos para una toma de decisión fundamentada en pros y contras de aquello que hacen o no. Hoy los padres de familia tienen miedo a ejercer su obligación plena hacia sus hijos, y les dejan una libertad sin límites, que sólo conduce a vagar por caminos a veces no adecuados, a trastabillar sin la certeza del paso andado. Hoy los papás anhelan con ser los “mejores amigos” de sus hijos, y echan por el caño su responsabilidad de educar, de formar, de apoyar, de premiar sí, pero de castigar también; no, los padres son papás y mamás, algo mucho más que amigos.

El uso de nuestros derechos nos ha llevado, en algunos casos, a decidir por otros. El argumento de decidir por nuestro propio cuerpo, dejando lado nuestra obligación por velar por la integridad de los nuevos seres humanos. Derecho que no todos podemos ejercer, pues pareciera que al envejecer caducan con nosotros, pues la sociedad está presta a delegar a los viejos, a quitarles el derecho a una vida digna, olvidamos nuevamente nuestra obligación hacia ellos.


Una vida plena de derechos sin obligaciones nos conduce a estadios como los que hoy vemos por el mundo, individuos que solo piensan en su beneficio personal por encima de cualquiera que piense diferente, por aquel que no comparta sus inquietudes… ejemplos hay muchos, todos los días los diarios dan cuenta de ello.

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La Creación de Adán en la Capilla Sixtina: Versiones y Parodias finas.


Cuando a Miguel Ángel Buenarroti le entró el papa Julio II y le encargó pintar con frescos la bóveda y el testero de la Capilla Sixtina del Vaticano, el artista mandó al sumo pontífice a tomar el "fresco". Está muy alto, dijo; es muy grande, siguió diciendo, lo menos hay, así a ojo de buen cubero, 1.100 m², y además estoy superliado con unas esculturas de gran formato, que eso sí que me pone, y no pintar monas. Pero el Papa se puso muy pesado y al finalMiguel Ángel aceptó el trabajo de mala gana. La cosa tardó en pintarse 4 años (1508-1512) y quedó muy chula. Hoy por hoy, los frescos de la Sixtina son considerados como la obra cumbre pictórica del maestro del Renacimiento. Pero como tontos los hay en todos lados y los ha habido durante todos los tiempos, voces puritanas cercanas al Papa (los tontos) comentaron que casi todas las figuras pintadas estaban en pelota picada y que eso era escandaloso y que parecía aquello la decoración de unos baños públicos o la de un "meublé de putiplistis" más que la de una iglesia, así que se dio orden a un tal Daniel de Volterra para que tapara cuanto "cipotillo" viera estampado en la pared. ¡Pero si son canijillas e inofensivas! Dijo Volterra. ¡Qué me las tape, coño! Le dijo el Papa. Así pues, el pobreDaniel pasó a la historia con el sobrenombre de “Il Braghettone”, o lo que es lo mismo, el “Pintacalzones”. Luego, con el tiempo, las pililas volvieron a aflorar.

Vista general de la Capilla Sixtina / Grabado en base a un autorretrato de Miguel Ángel / El boceto de la polémica.

Una de las partes más famosa de la monumental obra, es esa en que se ve al Todopoderoso extendiendo su brazo para tocar el dedo de Adán… Se llama “La creación de Adán” y como no podía ser de otra manera, cantidad de peña se ha dedicado a versionar y parodiar la obra y a hacer "gracietas" a su costa. Así que, ladies and gentlemen, ¡Pasen y vean, al fondo hay sitio!… Disfruten de otra de las fastuosas "rekopilatas" del Pirata.

El original de "La creación de Adán" de Miguel Ángel Buonarroti. Miradlo bien, pues a partir de aquí,
nada será lo mismo. ¡Que empiece la fiesta!

Hubo muchas controversias con respecto a cómo representar (y de qué dimensiones) el pene de Adán, pero prevaleció la opinión del pontífice de ponerlo canijo, ya que el maestro de Caprese, dado su carácter muy “gayer” quería pintarlo morcillón pero hermosote. Todo esto que cuento es seguramente una leyenda urbana, como seguramente también sea mentira el bulo que afirmaba que originalmente se representó en el techo de la famosa capilla un partido de Calcio fiorentino que luego fue borrado por “Il Braghettone



Pero si hablamos de fútbol y de dedos y manos divinas, no tenemos más remedio que citar a Diego Armando "Pelusa" Maradona y su mesías Lionel "La Pulga" Messi. Como bien sabéis, hay una religión argentina al respecto.


Dios tocó con su toque a Guardiola para que sus muchachos del Barça la tocaran y tocaran para jugar como Dios.
La pierna izquierda de la Pulga tampoco es de este mundo.

Los chicos de Tecnovival, S.A. también se apuntan a la creación... de expedientes de regulación de empleo.

Unos chistes al respecto

Versiones frikis de colegueo vespertino: "Pilla una Birra" y "Gracias, hermano"

Más de lo mismo

Como siempre, el mundo del cine también se apunta a la moda versionera. Aquí tenemos unas curiosas muestras: La típica de Star Wars y el sempiterno conflicto generacional galáctico entre padre e hijo, y la maravilla de ilustración de Renato Casaro, otorgando carácter divino a la divina Marilyn.


Cartel del film "The Ten" / Versiones con E.T. / La pierna de la Jolie... ¡Arggg!!

Y claro está, un fijo en la alineación: Los Simpsons. "La creación de Homer por Matt Groening y equipo" y Bart, que fijo que está pensando alguna trastada en cuanto Dios le agarre el dedo.



La creación de Bob Esponja a manos de Poseidón y la de Gustavo "el Rana" por Jim Henson.

Mufasa, el Rey León, creando a Simba / Bevis y Butthead haciendo el "moña"... je, je, je... Je, je, je.

Una de ponys y otra de Michelangelo, la tortuga ninja.

Política y Sociedad: Los republicanos del Congreso acusan a Obama / Sobornos, sobresueldos, comisiones...
el alimento de los policastros de hoy en día / Y como siempre, un clásico, ni Dios se libra del poli del spray .

Otro ídolo de masas: Cecilia y su "Ecce Homo" de Borja  restaurado.

Gracias al éxito de su versión lesbiana de "La Última Cena" de Da Vinci, en las que retrató a Ellen DeGeneres(como Jesús) y a Portia de Rossi (como María Magdalena), así como a Wanda SykesRosie O'Donnell y otros, Bronwyn Lundberg ha continuado en la misma línea y ha realizado una versión gay de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel cuyo centro de atención es el actor Neil Patrick Harris

"La Creación de Neil Patrick" y "La Última Cena de las lesbianas", por Bronwyn Lundberg.

Y a la espera de una nueva entrega de "Creaciones de Adanes" de risa, os dejo con este irreverente gif animado del Señor comprobando la elasticidad de los cuerpos sólidos de las criaturas que ha creado. Saludos, fanzinerosos...




Tomado de http://elpiratafanzine.blogspot.mx/2013/01/la-creacion-de-adan-en-la-capilla.html

lunes, 7 de abril de 2014

Artículos de consumo
Raúl Humberto Muñoz Aragón

En 1934 Enrique Sánchez Discépolo escribió “Cambalache”, un tango, una canción que como muchas del catálogo universal de la música de todos los tiempos no fue compuesta como divertimento, sino como pieza de denuncia, que descarna, desnuda lo más lamentable de la historia de la humanidad; canción que como “El barzón” nuestro, compuesto sólo dos años después por Ignacio Pérez Meza (conocido como Luis Pérez Meza) denuncia con puntualidad las miserias que puede alcanzar el ser humano.

“¡Hoy resulta que es lo mismo | ser derecho que traidor!... | ¡Ignorante, sabio o chorro, | generoso o estafador! | ¡Todo es igual! | ¡Nada es mejor! | ¡Lo mismo un burro | que un gran profesor!...” con estas palabras Sánchez Discépolo habla del ser humano, donde define al mundo como “una porquería”, que siempre lo ha sido; sentencia harto polémica, que duele, que indigna y que nos impulsa a negarla, a hablar del autor como un profeta, como un loco o un desadaptado (benditos sean los desadaptados, que de ellos será el reino del mañana); pero a fin de cuentas emplea el arte para denunciar la corrupción y las miserias humanas que siguen haciendo verdad la locución de Plauto de Asinaria “homo homini lupus” (“el hombre es el lobo del hombre”).

“Se me reventó el barzón | y sigue la yunta andando… Cuando acabe de piscar... | vino el rico y lo partió | todo mi maíz se llevó | ni pa' comer me dejó… con todo el maíz que te toca | no le pagas a la hacienda” realidad en 1936 y en el 2014; aun hoy seguimos pagando con trabajo un maíz que no alcanza. Estas palabras de Pérez Meza, de Sánchez Discépolo y de muchos otros más que a veces hoy cantamos sin tomarlas en cuenta, sin prestar atención dejando constancia del aletargamiento y la premura de la vida moderna. Hoy no pensamos ya en ello, no tenemos tiempo, dejamos que las decisiones las tomen otros, dejamos de prestar atención a aquello que debería llevarnos a una calidad de vida mejor, seguimos siendo pensados y creados por otros.

Hoy la dignidad humana es un artículo más de consumo, donde el mejor postor, o mejor dicho, aquel dueño del dinero –sea lo que esto sea, pues a fin de cuentas, el dinero es la promesa de realizar un trabajo que reditué el equivalente en el monto de la moneda, sea en metal, en papel, en plástico o hasta virtual–. Hoy por dos dólares (unos veintiséis pesos) podemos comprar a una niña en Mozambique, lo más ricos incluso pueden aspirar a comprar a un niño inglés por unos 25,000.00 dólares, todo esto según la página http://www.havocscope.com/black-market-prices/human-trafficking-prices/, donde con una contundencia se muestra como en un menú, los costos en que se puede obtener un bebe ruso, una niña rumana o una virgen en Camboya.

La realidad nos golpea la cara a veces con una crudeza lacerante, indignante, pensar que un par de gallinas y una vaca pueden ser el precio de una mujer en alguna región no tan perdida en nuestro México es algo doloroso. Ver a los viejos que tras trabajar toda una vida tienen que mendigar lo que por derecho deberían tener es un insulto.

Me pregunto, cuánto tendrán que trabajar para el mundo personas como Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega, Warren Buffett y Larry Ellison; los cinco hombres más ricos del planeta, cuya fortuna conjunta ronda los 312 mil millones de dólares, si tendrán suficiente vida para retribuir al mundo “la oportunidad” de amasar fortunas tan escandalosas; ojo, el statu quo les permitió hacerlo, ellos aprovecharon las oportunidades, las acciones y omisiones que como sociedad hemos permitido, tolerado e incluso en algunos casos hasta promovido y alentado. La pregunta sería, cuánto cuesta la dignidad de un niño iraquí, de aquel que lo compra, de esos súper millonarios o de nosotros que solo somos espectadores impasibles, inmutables de lo que ocurre.

“El mundo fue y será una porquería…” no, definitivamente no. Tenemos en nosotros la posibilidad de cambiar ese sino terrible, debemos buscar nuevos caminos, que a pesar de todo, de violencia, de corrupción, de inequidad, de riquezas y pobrezas desproporcionadas, ambas insultantes, ambas permitidas, de desconfianza; a pesar de ello el espíritu humano tiene más que los males que Pandora arrojó un mal día por el mundo.

Si hemos podido crear las maravillas de las que dan fe las bellas artes, si un alumno puede recordarte las utopías que creías ciertas en tu juventud, los ideales que alguna vez alimentaron nuestro horizonte, hacen que sea posible. Sí, hay que señalar aquello que duele y carcome el alma, denunciarlo para cambiarlo, que el dolor o la incapacidad de sentir dolor sea lo suficiente para que por fin salga de la caja esa esperanza, que siempre ha estado presente.

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jueves, 3 de abril de 2014

No tengo dudas... sólo tengo juguetes

No tengo dudas… sólo tengo juguetes


Raúl Humberto Muñoz Aragón

Mi esposa es psicóloga; una apasionada de la psicología y sus diferentes ramas si es que he de ser más preciso; interesada siempre en saber tantos por qué, que inevitablemente me recuerda esa etapa en los niños –pensamiento que se refuerza cuando si algo la hace reír, su carcajada es tan franca como toda la libertad con que ella es, sin importar más nada–.

A esta pasión, la psicología, se suma a otro de sus mayores afanes, los niños –afán que se magnifica y potencializa con Miranda, sí, nuestra hija–, Ali, mi esposa, es una personas culta e inteligente, capaz de entablar conversación con personas de las más diversas condiciones y situaciones; en todas ella su empatía es tal que logra establecer lazos de comunicación que suelen ser muy efectivos; haciendo que su labor en las aulas y en la clínica de resultados exitosos. Su profesionalismo y su capacidad de encontrar lo sorprendente y maravilloso de cada individuo la hacen altamente competente.

Todo lo citado anteriormente tiene un propósito, lo menciono porque he de iniciar mi construcción con un par de anécdotas que harán claro aquello que quiero contar, al menos eso espero. La primera, ocurre que un día, estando ella con un grupo de niños preparando una dinámica –esas que se inventan los psicólogos para ver espíritu y mente de sus pacientes–; ya les había entregado el material de trabajo y les estaba indicando las instrucciones a seguir, eran tres o cuatro niños que atentamente escuchaban las instrucciones que Ali, muy sesuda y empáticamente les hacía. El más pequeño, en aquel entonces de sólo tres años, aunque ansioso por iniciar el juego, no perdía detalle de lo que le estaba indicando su maestra, no sin que sus manos y mente ansiaran iniciar una actividad que prometía el momento tan anhelado de diversión.

Una vez concluida la exposición de mi esposa, ella, les pregunta a los pequeños si tienen una duda; todos, salvo el más pequeño, contestan que no; él en cambio, con la mano levantada en demanda de atención urgente, enfrentando un dilema que no alcanza a entender del todo le contesta “no tengo dudas… sólo tengo juguetes”. He ahí la mágica visión de un niño, que en su respuesta va la síntesis de nuestra primera visión del mundo, uno en que las dudas se pueden permutar por juguetes, que a fin de cuentas nada más lúdico que el conocimiento; la sorpresa y la maravilla de descubrir lo que en derredor nuestro hay es inigualable. Las palabras de Whitman en el sentido de que su educación era perfecta hasta que la escuela la echó a perder es una sentencia clara, precisa, cierta.

Jugar con la duda, convertirla en interrogante que, como un rompecabezas, nos lleve a conocer nuevo derroteros para esto que se llama realidad, donde el conocimiento y la creatividad –ese pensamiento divergente que está en todos nosotros nos puede dar respuestas diferentes y con ellas explorar nuevos caminos que nos lleven a mejores destinos– son destino.

“Duda” es una palabra que en su haber tiene connotaciones no muy gratas, incómodas, esotéricas e incluso un poco negativas; es está permuta por “Juguete” pude regresarnos, recordarnos lo grato que es aprender, y que a veces, en la escuela, nos enseñan a odiar tanto, que a los pocos que aún tienen el valor de conservar ese placer por aprender los llamamos “ñoños” o “nerds”, y a veces, como padres, queremos todo, menos un hijo “nerd”.

¿Qué pasaría si…? Esta es la segunda anécdota, y es un juego que mi esposa y su hermano, cuando pequeños, jugaban con su madre –profesora con un alto compromiso y empeño por facilitar el camino a los niños para alcanzar el conocimiento– en los viajes diarios a clases, que a fin de cuentas media hora hace posible el convertir dudas en juguetes, haciendo de ellos el vehículo perfecto para aprender. Solo hay una regla, dar por sentado que, por aparentemente absurda que sea la pregunta, hay que contestarla como si fuera verdad inobjetable y en consecuencia contestar… Así si la pregunta es ¿qué pasaría si la Luna fuera de queso?, habría que contestar todas las posibilidades que eso implicaría, hasta elucubrar de qué tamaño sería la tortilla para hacerla quesadilla o el número de ratones que podrían comerla o, encontraríamos que en verdad la Vía Lactea es una gran proveedora de leche que hace posibles tales tamaños de queso, y quizá una mordida a la Luna sea una experiencia plena para los sentidos.

Parecería absurdo, pero estos cuestionamientos tienen una potencialidad enorme para desarrollar ese pensamiento divergente, creativo, que tanto hace falta. La locura es necesaria, ella debe alimentar el ritmo de la vida. Los locos que enfrentan molinos de viento, que construyen castillos en el aire son quienes nos han de salvar de esta realidad tan inequitativa que nos tiene aletargados…

¿Qué pasaría si hiciéramos de “Imagine” una profecía escrita en algún trance en que Lennon visualizó su futuro?, un presente cercano y posible para nosotros; quizá hoy estaríamos trabajando en hacerla realidad… “…Imagine all the people living life in peace (…) Imagine all the people sharing all the world. You may say that I'm a dreamer, but I'm not the only one…”


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