lunes, 18 de agosto de 2014

Entre ideas y realidades / Raúl Humberto Muñoz Aragón


La realidad es plena, en ella se encuentran afanes y querencias para cada ser humano que ha transitado o transita por la cotidianidad que le ha tocado vivir. Alimenta los sueños, nutre el espíritu, plantea retos siempre nuevos para caminar por ella, se inventa a cada nuevo descubrimiento, nos reconforta y nos da un espacio para vivir.
La realidad evoluciona, siempre de acuerdo a nuestros sentidos, tornándose en el hogar perfecto para el desarrollo de las ideas, para la búsqueda eterna, interminable del conocimiento, dando siempre algo a buscar y encontrar a la enorme curiosidad de hombres y mujeres. En esta cotidianidad siempre renovada, la vida juega juegos de azar que engolosinan los sentidos y construyen la cultura de cada pueblo.
En este camino que es la vida, aprendemos a verla, a descubrirla con cada uno de los sentidos que nos permiten mantener el contacto con ella y construyen nuestros saberes, ésos que hacen y enriquecen nuestra cultura, la cual, a su vez, nos permite reconocerla y reconocer en ella nuestras acciones, nuestras responsabilidades, retos y compromisos, los pasos que hemos dado.
Así, surge el mayor reto que tiene una sociedad: preparar a sus integrantes más jóvenes para el desarrollo de la que será su vida, basada ésta, en los principios ponderados y reconocidos por todos como aquéllos que son necesarios para una mejor convivencia. Enseñarles y guiarles, pues ellos se han de insertar en la cultura generada por el grupo social, la que les da sustento, y en esta inmersión se les han de proporcionar las herramientas intelectuales para romper los esquemas existentes, impulsando así la evolución y desarrollo tanto individual como colectivo. El destino de toda sociedad es la revolución permanente, el cambio continuo, el libre flujo de ideas, de valores y visiones que permitan siempre andar nuevas rutas, explorar todas las posibilidades que la realidad nos otorga.
Todo ha de ser cuestionado, puesto a prueba una y otra vez, pues es en esta dinámica de cambio continuo que se garantiza la supervivencia de cualquier entidad, es el sino de la vida, el movimiento constante que le da sentido y rumbo. Entender esto es una responsabilidad del grupo y ha de ser procurada, es de vital importancia, haciendo de la educación el tópico indispensable para lograrlo.
La educación se torna en el motor trascendente que guía las acciones, siempre con la meta de alcanzar nuevos y mejores estadios, donde sus individuos encuentren sus propios afanes y querencias que al final del camino les permitan saber que fueron felices.
La educación se fundamenta en dos pilares, la familia y la escuela. Espacios que son su hábitat primario -no único-, que a fin de cuentas, la virtud del ser humano es que encuentra en cada momento y lugar la oportunidad de desvelar los misterios de la cotidianidad, de esa realidad que nos rodea y nos envuelve en maravillas; es ahí, en ese preciso momento de nuestro encuentro con ella, que se ve reflejada la enorme responsabilidad y compromiso de los profesores, hombres y mujeres que dejan retazos de su vida en la pasión por enseñar, por lograr en sus estudiantes la maravilla del proceso de aprendizaje. Mujeres y hombres que en el hacer y saber, logran el saber hacer, y lo más importante, el hacer saber en sus estudiantes, para que al paso del tiempo colocarse a un lado del camino para verlos crecer, desarrollar nuevos conocimientos, ser los hombros para que los gigantes intelectuales puedan subir en ellos y atisben los fragmentos que la realidad tenga a bien regalarles; haciendo visible lo invisible, fragmentando lo indivisible y haciendo del infinito (de todos los infinitos) herramienta para tener mejores condiciones de vida.
Sin lugar a dudas, es en la familia en donde se han de colocar los cimientos en los cuales los profesores harán su tarea, convirtiéndose en los receptores del futuro de cualquier nación, ellos han de ser individuos que en su hacer sean ejemplo para los nuevos ciudadanos, responsables, solidarios y subsidiarios, que en la profesión que ejerzan se encuentre la disciplina y el compromiso de aquéllos que tomaron la torpe mano para ayudarla a plasmar en papel sus primeras letras, donde nacieron sus primeras ideas plasmadas. En la escuela es donde se ha de formar el pensamiento crítico que deriva en hombres y mujeres que reflexionan y sustentan sus acciones.
Gracias a mis maestros, que al recordarlos siempre hacen surgir en mí la sonrisa poblada de melancolía por las horas en esas aulas mágicas donde todo es posible. Gracias por los retos que dejaron muchas noches en vela. Gracias por la realidad que alguna vez me mostraron y me enseñaron a cambiar. Gracias por las alas de la imaginación y la duda que alimenta mi curiosidad, gracias por los números, las letras y las ideas.
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¡Hay que callar…! / Raúl Humberto Muñoz Aragón

¿En realidad hay que callar?...
Callar en un México en el que 21.2 millones de menores de 17 años viven en pobreza y de ellos 4.7 millones en pobreza extrema, en un país enormemente rico. Callar en un México que por enésima vez sale reprobado por la ONU en el respeto a los Derechos Humanos, donde la retórica ha estado y está siempre por encima de los hechos, donde la impunidad galopa rampante por todos los caminos de nuestro país.
Callar en un México ignorante, donde la lectura es una utopía tal que nos es imposible mencionar cinco libros que hayan cambiado nuestra vida. ¿Cómo decirlo?, si sólo leemos entre medio libro y libro y medio libro al año. ¿Qué espacio dejamos para el desarrollo de nuevas ideas, de debates inteligentes si nuestra cultura es paupérrima?
Callar en un país en que los ninis aumentan día a día porque como sociedad no hemos sabido decir basta, no hemos asumido nuestra responsabilidad a cabalidad, no hemos creado las condiciones adecuadas para el desarrollo pleno de todos y cada uno de los mexicanos.
Callar en un México en que los poderosos quieren más poder, y no para servir, sino para servirse a manos llenas, sin tener la incomodidad de la gente diciendo lo que piensa, sin ser tocados ni siquiera por el pétalo de una rosa. Un país en que a discreción del criterio de un solo hombre se puede decretar el estado de excepción y darle la razón a la ONU en su diagnóstico sobre los Derechos Humanos en México.
Hacer leyes a modo, para que esos "grandes pensadores, eruditos y formadores de contenidos" (idiotizantes, muy bien planeados, pensados y orientados a la sensiblería cursi y acrítica) continúen educando a una sociedad a la espera pasiva de milagros, a la no protesta (¡qué mortificación que por defender un derecho no me dejen pasar libremente a donde quiera que vaya!), a vivir en un México color de rosa que nos presentan día a día periodistas domesticados por la pantalla chica (y no tan chica ahora) y que gracias a Dios pierde cada vez más fuerza.
Detener a los jóvenes, a los hombres y mujeres que quieren un México diferente, callar las voces que piensan en un nuevo camino. Censurar, espiar, coartar. ¡Al diablo las libertades!... ¿Y el derecho irrenunciable al Libre Pensamiento, a la Libertad de Expresión?
¿Cuál es el bien mayor para México? Una sociedad pasiva, adoctrinada, alienada, acrítica, que no piensa y mucho menos actúa, que espera las dádivas de un Gobierno paternalista que todo sabe, que todo censura, que todo piensa, que todo castiga y que no evoluciona. O una sociedad activa, educada (bien educada), pensante, que anhela y busca nuevos caminos -no necesariamente fáciles-, que no calla, que es crítica (no criticona), que es solidaria y que busca el bien común como un hecho y no como un dicho.
Sólo las dictaduras temen al libre pensamiento y la libre expresión de las ideas. La participación ciudadana es producto del conocimiento, del actuar con base en argumentos sólidos, con sentido. Amo a México, soy de ésos que aún tienen nuestra bandera en el escritorio, no como adorno, sino como un recordatorio de quiénes somos y sobre todo de quienes podemos ser.
No más silencio, no más adormilamiento, debemos salir de la modorra de tantos años. Siempre que inicio una clase, les planteo a mis alumnos dos premisas básicas para el desarrollo armónico e inteligente de la clase, Respeto y Tolerancia, dos claves fundamentales para nuestro andar. Respeto a los otros, a todos, sin excepción, a su tiempo, a sus ideas e ideales, a sus comentarios. Tolerancia por aquéllos que piensan diferente, que por fortuna son diferentes y en esa diversidad nos enriquecen. Posponer la discusión de una ley que pretende silenciar a México aprovechando los gritos del Mundial de Futbol es un agravio más, una falta más a ese respeto y tolerancia que tanta falta nos hace.
Es necesario que en lugar de callar al que piensa o ve de manera diferente le demos voz, abramos oídos y entendimiento para lograr una mejor y más completa comprensión de la enorme complejidad de la realidad mexicana; somos un país joven, que aún no alcanza sus primeros dos siglos de vida independiente, que en nuestra juventud como nación está la oportunidad de crecer con ímpetu y con los bríos que la actualidad requiere. Escuchar las voces que piensan diferente sólo tiene un resultado posible, ampliar el horizonte, la suma de cada punto de vista enriquece y debe llevarnos a un consenso, que lo que hagamos por México nos enriquece como sociedad e invariablemente multiplica nuestras propias posibilidades individuales, ser mejores hombres y mujeres, mexicanos dignos de nuestro presente y futuro.
Vayamos por un México que grite, que analice, que discuta y que construya. Digamos adiós para siempre al silencio. Gritar siempre, está en nuestro espíritu, hagámoslo.
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ENCUENTROS / Raúl Humberto Muñoz Aragón
Es menester, para una vida digna, luchar día a día por no perder la infancia en nosotros; a pesar del paso de los años que sólo acumula edad y al no entenderla, nos tornamos más amargos. Es menester ver el mundo con los ojos de niño, que a fin de cuentas ése es el mundo más cierto, hoja en blanco que sin prejuicios lo disfruta a plenitud. En esos ayeres de nuestra infancia, están las certezas; todo es posible siempre, sólo es cuestión de decirlo, desearlo o pensarlo.










Tiempo ha, en mis primeros once y doce años, en los últimos años de mis estudios en la primaria, en la Escuela España, una joven maestra, Rosa Elena, a mí y a otros cuarenta niños, se afanaba por hacernos de conocimiento, nos descubría aquellos elementos que serían el pilar de nuestra formación académica. En sus clases, ya hacia el término de ellas, algunos días (afortunados días pienso), ella se encargaba de descubrirnos el mundo de la mejor manera posible, con la imaginación, desarrollando en nosotros la avidez por saber más. Los últimos minutos de la clase, nos contaba historias, relatos sorprendentes, mágicos, en los cuales aprendíamos del mundo; otros días, nos pedía a nosotros escribir las historias o dibujar aquello que nos interesaba. Eran tardes plenas, llenas de todo lo que la vida requiere.
Esas tardes dejaron para mí el amor por las historias y su destinatario por excelencia, los libros, vehículos que nos llevan por el espacio y el tiempo, a través de culturas y sueños de otros, espacio en que las ideas vuelan y se entretejen en la historia de este mundo nuestro, todo esto gracias a ese entrañable y querido salón de clases que nos acogía tarde a tarde a un grupo tan disímbolo de niños y niñas; ahí estábamos todos, desde "el chiquilín" que obviamente medía casi dos metros (más o menos así me parecía a mí en aquel tiempo) o la chica que con el tiempo se transformó en el cisne de los cuentos, o la niña hermosa que era el sueño primero (y para complicar las cosas, hija del profesor de tercero, gigante en espíritu, Tomás de nombre). Y mi maestra, que alguna vez se refirió de quien escribe como un niño muy inteligente pero muy distraído también. Me hizo el día.
Ahí, en la Escuela Oficial España T.V., se creó mi deseo por no perder el niño que alguna vez fui y he sido; en ella se plantó la semilla que germinaría un par de años después, con el primer libro que yo compré con dinero mío: "Fausto" de Goethe, libro en que cualquier calificativo, explicación o descripción se queda corta; a él le siguió "La Divina Comedia" de Dante, del que habría que decir lo ya dicho de la obra anterior, ambas obras son los cimientos de mi vida como lector; a partir de ellos, llegaron otros en los que la magia y lo esotérico serían el tema central.
Me encontraba en un momento en que el deseo por conocer todas las historias posibles sólo era limitado por la escasez de recursos económicos, mas como en toda historia siempre hay vuelcos, sucedió que cierto día mi hermana mayor llevó unos libros a casa; no sé de dónde los sacó, lo que si recuerdo es que formaban parte de una colección de una revista de temas esotéricos, la Colección Duda: los títulos, "Testimonios de lo insólito", "Ovnis en México", "Los colosos de la Isla de Pascua", "Enigmas científicos de todos los tiempos", "Akenaton, el más grande visionario de Egipto", "La enigmática Zona del Silencio", "¿Se puede comer carne humana?", "La Atlántida, ¿origen de la humanidad?", "Nostradamus, el mayor profeta de todos los tiempos", "Hacia la conquista del Universo", "¿Existen los monstruos marinos?", "¿Quién fue usted en su vida anterior?"… todos ellos alimentaron mis fantasías, trajeron una gran cantidad de libros en los que éstos y otros temas similares fueron la esencia, dejando de lado la Literatura por temas más profanos, pero que con el tiempo dejaron en éste que hoy soy un par de cosas importantes; alimento mi devoción por las historias y la duda permanente que me guía a encontrar las fuentes y los orígenes del conocimiento; sí, cierto, me llevaron a Utopía.
Es en este tiempo, cuando me encontraba inmerso en estas lecturas, que llegó "El libro negro" de Giovanni Papini (mi escritor favorito), quien me regresó a la Literatura, y él junto con Kafka, León Felipe y Sabato se convirtieron en los pilares de mi amor por los grandes libros. Tras ellos, llegaron una pléyade de autores y temas que hoy alimentan mis sueños de infancia.
Ciencia, teología, historia, matemáticas, comunicación, educación, divertimento… hoy tengo varias certezas en mi vida, una de ellas es mi pasión por los libros de papel, ésos que se amontonan en la biblioteca que tenemos en casa, donde más de cuatro mil libros hacen nuestro hogar más cálido, lugar en que los sueños soñados por otros nos anteceden y nos presentan al espíritu humano en toda su magnitud.
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martes, 24 de junio de 2014

La ilusión viaja en carpas
Raúl Humberto Muñoz Aragón

La bipolaridad está de moda, como si el ser humano pudiera limitarse a dos facetas; como si la complejidad y la magia de hombres y mujeres se limitara a un par de condiciones, resultado de los afanes de simplificar el espíritu humano, como si esto fuera posible… ¿o sí?

…sí, la magia del ser humano tiene un espacio; un sitio en que se conjugan sueños, ilusiones, anhelos, angustias, sorpresas, emociones; creado a lo largo de su historia, casi tan antiguo como la escritura, tan remoto como el inicio “oficial” de la Historia de la Humanidad, tan generalizado que se encuentra en todas las culturas. Y al igual que los hombres, con tantas caras, múltiples aristas, incontables sueños y mucha polémica; el circo, ese espacio que bajo una carpa, con pistas y galerías conjuga el espíritu humano, presentándolo en todo su esplendor.

Artistas de todos los tiempos, de toda disciplina imaginada e imaginable, han presentado pericias, malabares y artes, ilusiones que han alimentado la imaginación de los niños de siempre.

En ellos aún se conserva ese afán del hombre de caminar por el mundo, como una sola patria, ahí artistas de todas partes presentan su hacer, sus ilusiones, convertidos en una gran familia, construyendo el sueño de todo niño, vivir en un circo… o al menos eso fue hasta antes de que la Internet nos robara el tiempo y la sorpresa.

En un círculo se lleva a cabo el espectáculo de la vida, ahí, hombres y animales van por las plazas y calles del mundo, representando una importante “parte de la cultura humana, una noble empresa construida a lo largo de muchos siglos, prácticamente desde que el hombre empezó su cultura”. (Eduardo Murillo).

La otra cara… los derechos humanos y de los animales se han tornado en uno de los principales detractores de los circos, los primeros abogando por la no discriminación a la que fueron sujetos hombres y mujeres con deformaciones que los hicieron protagonistas de ferias y circos, de los llamados freak show, fenómenos alimentados por el miedo y el morbo. Por otro las agresiones, torturas y vida antinatura a que son sujetos los animales que noche a noche dejan jirones de vida en un espectáculo terrible según, sus defensores.

Hoy los grandes circos son cada vez más escasos, hábitat de trashumantes que insisten en conquistar los espacios en la mente y corazón de una sociedad en que poco a poco los convierte en parias, en seres con un destino turbio, inestable, vagabundos y trotamundos que no deciden subirse al tren de la postmodernidad del presente siglo. Acudir a un circo es cada vez más extraño, los grandes públicos que antaño los llenaron se han ido ya hace mucho tiempo, ese gran auditorio ahora transita embobado por los grandes centros comerciales, anhelando aquello que no necesitan y a veces no pueden tener, pero que igual los atrae, llenando de desdicha su espíritu por su carencia; caminando como zombis de la “postmodernidad” buscando en aparadores retazos de su carcomido espíritu, un gran público que no tiene tiempo para sí, para reír.

Desde que la vida se ha tornado políticamente correcta, circos y otros espectáculos han pasado a formar parte de aquello que incomoda, que ha de ser relegado, oculto, censurado. En este momento histórico en que la humanidad ha alcanzado cotas nunca antes logradas, en que la “libertad” es escudo y bandera de la sociedad, esta se encuentra profundamente acotada, coartada y atemorizada; el circo, los toros, fumar, los juguetes bélicos y un interminable etcétera forman parte de lo citado.

Pero aun así, visitar un circo es un viaje a través de la vida, una metáfora que se torna realidad explícita al transitar de acto en acto, de malabaristas a equilibristas, de payasos, trapecistas, domadores, bailarinas, magos, animales, música, todo ello al compás de un maestro de ceremonia que se torna en el gran hilador que construye y borda la tela al unísono con las sorpresas de un público ávido de ver a sus héroes y villanos realizar las proezas más disímbolas y espectaculares, donde gigantescos elefantes, elegantes jirafas, lentos y majestuosos hipopótamos, sorprendentes cebras, agiles caballos, exóticos dromedarios y camellos, junto a perros y simios, alegría y tristeza, vestidos todos con espectacularidad, con algunos remiendos también y muchos retazos de ilusiones.

Los circos están en peligros de extinción en un mundo sin espacio para la sorpresa, con una capacidad nula de asombro y se tornan en un espacio de abuso y maltrato de animales… tanto abogamos por nuestros derechos que sería preciso y urgente abogar por el derecho a sonreír, a vivir la ilusión que en un par de horas nos presentan esas naves de tiempo y espacio que son los circos. Si, el espíritu humano es tan complejo que cabe perfectamente bajo una carpa y se desarrolla entre gradas y pistas.

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Ver Lágrimas Con Un Microscopio Revela Un Increíble Hecho

Un día, Rose-Lynn Fisher se preguntó si sus lágrimas de dolor se verían diferente que sus lágrimas de alegría, así que empezó a estudiarlas con con un microscopio.
Estudió 100 lágrimas diferentes y encontró que las lágrimas basales (las que nuestro cuerpo produce para lubricar los ojos) son drásticamente diferentes que las lágrimas que se producen cuando estamos cortando una cebolla. Las lágrimas que se producen a partir de la risa ni siquiera están cerca de las lágrimas de dolor. Como una gota de agua del océano cada lágrima lleva un microcosmos completamente diferente. Su proyecto se llama La topografía de las Lágrimas:

Lágrimas de reír hasta llorar

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Lágrimas de cambio

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Lágrimas de dolor

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Lágrimas por pelar una cebolla

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Joseph Stromberg del Colegio de las Artes y las Ciencias del Smithsonian explicó que hay tres tipos de lágrimas: basales, reflex y psíquica (desencadenados por emociones). Todas las lágrimas contienen sustancias orgánicas, incluidos aceites, anticuerpos, y enzimas que y se suspenden en agua salada.
Los diferentes tipos de lágrimas tienen moléculas distintas. Las lágrimas emocionales tienen hormonas a base de proteínas, incluyendo la leucina encefalina neurotransmisor, que es un analgésico natural que se libera cuando estamos estresados​​. Además, las lágrimas vistas bajo el microscopio cristalizan la sal y pueden dar lugar a diferentes formas y formas. Así que hasta lágrimas psíquicas con la misma composición química pueden ser muy diferentes.

Lágrimas basales

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Lágrimas de un reencuentro esperado

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Lágrimas de fin y comienzo

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Lágrimas de liberación

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Lágrimas de posibilidad y esperanza

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Lágrimas de alegría en un momento importante

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Lágrimas de recuerdo

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Como los copos de nieve y las huellas dactilares, ninguna lágrima es igual a otra. Si te a gustado esta publicación, ¡compártela con tus amigos!

Tomado de http://www.upsocl.com/ciencia-y-tecnologia/ver-lagrimas-con-un-microscopio-revela-un-increible-hecho/

martes, 17 de junio de 2014

GRACIAS A DIOS POR LA FELICIDAD
Raúl Humberto Muñoz Aragón

Siempre he dicho a mis alumnos que al leer o escribir en realidad estamos desvelando la esencia de lo que somos, independientemente de aquello que escribamos o leamos, siempre en lo más profundo de este acto está el descubrimiento de lo que somos. Es imposible que sea de otra manera; somos en realidad la continuación de miles de millones de hombres y mujeres que nos construyeron genética y culturalmente, en una evolución continua de conocimiento, esto aunado a que somos la suma única, individual, personal de todas las imágenes, los instantes y los momentos por los cuales hemos transitado, hacen de la lectura y la escritura el encuentro más íntimo de nuestra mismidad, de ése que somos.

Lo anterior escrito es razón y fundamento de lo que ahora cuento, y esto que contaré a su vez, origen de la reflexión siguiente (valga el galimatías gramatical)… Ocurre que, hace unos días, mi hija, que sólo tiene dos años, al final de un día particularmente feliz para ella, llena de emoción, estando en la cocina mi esposa y yo preparando la cena, de pronto, con todo el entusiasmo de una vida que se está descubriendo, que se construye día a día gritó con entusiasmo "Gracias a Dios por la felicidad". Seis palabras tan sencillas de nuestro vocabulario que encierran una magia que no deja de sorprenderme y con el deseo inmenso de decirlas también yo… preguntándome incluso si alguna vez las he pronunciado.

La felicidad es todo y es nada, es sueño, anhelo, deseo, temor incluso. Es la envoltura que nos recuerda el chocolate que disparó en nuestras papilas gustativas incontables sensaciones, sacando recuerdos que en nuestra infancia acumulamos. Es la sonrisa de un hijo, la sensación de concluir un gran esfuerzo, la ilusión de un regalo en Navidad, la solución al problema más complejo o más sencillo, es un poema de Sabines, una canción de José Alfredo, el abrazo de una madre, de un padre. Es nuestro reflejo en los ojos de la mujer amada, nuestro primer encuentro, es una sonrisa… es todo, es nada. Está sujeta a nuestra historia personal, tan subjetiva como nosotros mismos; esquiva a veces, a pesar de viajar siempre a nuestro lado desde el día de nacer, primera y última compañía.

Mi felicidad, como la de cualquiera, es producto de múltiples situaciones, circunstancias, acciones, una de ellas los libros. Nada más emocionante que conocer aquél que somos, desvelar los grandes y pequeños misterios de nuestra vida en pedazos de papel, en el eco de las palabras. Es en este azar en que vivimos, construido a partir del caos tan ordenado que nos rodea, que se da la segunda ocurrencia de esta reflexión. Un libro, extraordinario como todos los libros, "Cinco ecuaciones que cambiaron el mundo. El poder y la oculta belleza de las matemáticas" de Michael Guillén. Lectura apasionante, cálida, poética y extraordinariamente reflexiva, retrato fiel del espíritu humano. En sus líneas, nos presenta una de las grandes conclusiones de la ciencia, la plantea que nada es más extraño, exótico, extravagante y antinatura en el Universo que la vida, ya que para que ésta se diera fue necesario una infinidad de eventos que hubieron de ocurrir en un tiempo preciso, con una intensidad adecuada, una duración concreta, un sentido único y una sincronía exacta, tanto que cualquier variación haría imposible su surgimiento.

El conjunto de circunstancias, situaciones, eventos, fenómenos que ocurrieron a lo largo de al menos 10 mil millones de años y que repercutieron en el surgimiento de la vida son excepcionales, derivando en una probabilidad ínfima. La vida es un hecho casi seguramente imposible, pero que ocurrió y ocurre, a pesar de ser un evento finito -quizá único- de posibilidades frente a un espacio de posibles resultados infinito. Esto nos convierte en protagonistas de la odisea más extraordinaria jamás contada o imaginada siquiera, producto de una sinfonía compuesta por el azar -póngale el nombre que desee-.

¿Cómo es que a un grupo inerte de partículas le ha sido posible crear un sentimiento tan abstracto como la felicidad? ¿Cómo es que pueden pensar, imaginar, descubrir, construir, contemplarse, sentir y soñar? La mente humana -la máquina más compleja del Universo conocida por el hombre- ésa que hace que nos planteemos preguntas producto de seis palabras dichas por una niña. Interrogantes que nos dan sentido, que nos posicionan y nos ubican en este concierto que es el Universo, del cual somos parte fundamental, su invento para contemplarse a sí mismo. Tripulantes de un viaje iniciado con una gran explosión que lo originó todo, incluso la felicidad, ésa que nos invade al presenciar la danza de colores que el crepúsculo nos da en este nuestro hogar. Vengan pues los momentos de felicidad, de tristeza, de soledad, de encuentro… y demos gracias por ellos.

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jueves, 8 de mayo de 2014

Ausencias
Raúl Humberto Muñoz Aragón

Sin fuerza ya para sentir dolor, en un estado de letargo profundo, sin sentido. La conciencia se ausenta por momentos, esa humanidad que nos arropa y distingue está cada vez más lejana. El hueco en el estómago ha crecido tanto que por fin el cuerpo mismo empieza a tomar decisiones. La desesperación ya ausente, se torna tangible en una autofagia que es irreversible. La vida busca permanecer a pesar de su propio consumo, a pesar del destino que le aguarda, a pesar de su propia muerte.

Los sueños, los ideales, los anhelos, los deseos, la felicidad, la tristeza, la libertad, la conciencia, el odio, la poesía… ya nada importa. Solo una sensación que inicia nuevamente, lenta pero irreversible, en crecimiento desbordante, abrumante y ya sin fuerzas que detengan su avance. No hay lágrimas, se han ido hace tiempo, fueron alimento vorazmente extinto; con ellas se escapó un poco más de humanidad.

Vivir sin esperanza, morir sin esperanza; hace tiempo que los grandes ideales creados a lo largo del azaroso proceso de humanización han dejado de tener sentido, los valores valen nada, los sentidos se han embotado. Dios salió de su vida, de su muerte, de su todo y de su nada sin apenas percibirlo. No hay ira, ya no queda nada en la consciencia que impulse a sentirla, tampoco amor. El miedo antes omnipresente, hoy es la mayor ausencia, nada hay que temer cuando se es nada.

¿Qué conduce a este escenario? ¿Cómo es que el hambre carcome en un mundo obeso? ¿Qué destino tiene una sociedad que lo permite? ¿Dónde están los valores que axiología, filosofía, teología, pedagogía… estudian afanosamente? ¿Qué merito tiene una “sociedad moderna” en que aún galopan a sus antojos esos tristes cuatro jinetes? ¿Qué valía tiene una Sociedad del Conocimiento que tolera el hambre en otros? ¿Cómo anhelar? ¿Cómo soñar? ¿Cómo vivir? Si ya no hay fuerzas. ¿Cómo luchar?, si ya no se sabe de sí, cuando ese “símismo” se esfumó.

¿A dónde va el espíritu humano en este caso? El hambre en su máxima expresión, cuando el cuerpo busca saciarse de sí mismo, encontrar en músculos, órganos, fluidos, en donde fuere los nutrientes para seguir luchando por vivir. Recordándonos esas fotografías que los grandes diarios, revistas de renombre, medios de comunicación, periodistas, fotógrafos nos muestran de países perdidos en guerras interminables, en remotas regiones del África, el Medio Oriente o Asía, regiones que imaginamos en un desfase histórico con relación a nuestra cotidianidad. Nada más lejano de la realidad.

Solo basta con recorrer el centro de estas ciudades nuestras, voltear a ver a esos seres “invisibles”, aquellos que son anunciados por una peste que nos hace girar en torno a ellos sin verlos, pero sin evitar hacer alguna mueca de desdén, de repulsión, de enfado… borrachos y drogadictos sin remedio, parásitos de la sociedad, seres sin derecho al estatus humano que tanto nos enorgullece, individuos tan lejanos a nuestro prójimo, a nuestros iguales que hace difícil amarlos. Gente, hombres y mujeres, a quienes la vida los ha llevado a una situación que no comprendemos, pero eso sí, que nos atrevemos a censurar, cuestionar, señalar, criticar infamemente. Individuos que viven de los desperdicios que botamos a la menor oportunidad, que va de bote de basura en bote de basura buscando que comer, buscando nuestra dignidad perdida.

Eso olvidados de la sociedad; esa que se ocupa más en la defensa de los toros de lidia que en sí misma, que lucha por el bienestar de los delfines y olvida a los más débiles, nacidos o no; aun ellos tienen la oportunidad de comer algo, por más desagradable o denigrante que nos parezca, pero ¿y aquellos que ni siquiera eso pueden hacer?, que viven en regiones de nuestro “México lindo y querido” dignas de postales, que adornan despachos, hogares, museos, universidades, pero de cuyos habitantes desconocemos todo.

Oaxaca, estado emblemático de esta unión que conforma nuestra República, que como ella ha curtido y curten su historia con sangre y sudor; dueño de regiones que son nuestro orgullo ante el mundo, disfrute de turistas… que padece luchas intestinas entre quienes tienen la encomienda de administrar riqueza y justicia siempre en busca de mejores niveles de vida y aquellos cuyo deber es educar a los nuevos individuos que han de continuar con el legado que les dejó su historia. Ahí donde la hambruna es tan grave que las próximas imágenes tendrán un nuevo telón de fondo, San Mateo Yucutindoo, Santiago Amoltepec, Santo Domingo Teojomulco, Santa Cruz Zenzontepec y Santa María Zaniza; los protagonistas, los niños de siempre, padeciendo un hambre que duele, que lastima, que indigna. Esto no solo pasa Oaxaca, ocurre en el Estado de México, Veracruz, Puebla, Jalisco, Guanajuato… Qué triste destino de México, tan lejos de Dios y tan lleno de mexicanos.
ymahr@yahoo.com

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